A descolonizar sin ilusiones

La lucha de Vieques sirvió para ilustrar la capacidad de nuestra nacionalidad de darse a respetar y hacer que los Estados Unidos, como ha dicho el Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño, “hagan lo que nosotros hagamos que hagan”. La unión de voluntades, con el independentismo organizado como uno de sus puntales, con que logramos detener los abusos de la Marina de Guerra de Estados Unidos ha abierto, por lo tanto, nuevas posibilidades y esperanzas para la descolonización de Puerto Rico.

Sin embargo, aprovechando la brisa descolonizadora de Vieques, algunos puertorriqueños se han dado a la tarea de promover la falacia de que el hijo del ex gobernador Hernández Colón nos conducirá (¡en secreto, para que los estadistas no se enteren!) hacia la verdadera soberanía. Estos colonialistas confesos y sus colaboradores han criticado al Partido Independentista Puertorriqueño por postular sus mejores candidatos –por ejemplo a la alcaldía de San Juan o a la gobernación. Ven en la seriedad y calidad de los candidatos del PIP un obstáculo al triunfo de los líderes colonialistas y actúan como si el PIP, en vez de adelantar la independencia, tuviera la obligación de promover a los candidatos del Partido Popular Democrático.

En Puerto Rico hay, además, unas personas defensoras de la libre asociación que se han confundido por la angustia y frustración que les causa nuestra centenaria subordinación política. Se forjan la esperanza inútil de un atajo hacia la descolonización a través del PPD y su recién ungido líder. Insisten contra toda evidencia que José Alfredo Hernández Mayoral cree –a pesar de que dice lo contrario– en la soberanía o, al menos, en una verdadera “libre asociación”.

Unos y otros coinciden en votar por un candidato colonialista en las elecciones de 2004; y hasta se han atrevido sugerir que los independentistas hagamos lo mismo. Esto no debe sorprender, pues unos quieren que el PIP desaparezca y otros viven ilusionados con un atajo hacia la descolonización, a través de un partido colonialista.

Entre los mitos que algunos ya propagan, he escuchado que el nuevo protegido de doña Sila favorecía la desmilitarización de Vieques, aunque en realidad apoyó –igual que Pedro Rosselló– el plan leonino de la Armada estadounidense y, además, favorece la permanencia de otras bases militares en Puerto Rico. (¡Para no mencionar su negativa a favorecer la restauración de la Ley del idioma que su propio padre aprobó y Rosselló revocó!)

Al propagar ilusiones respecto al PPD y su candidato, parecen olvidar, que su fundador, Luis Muñoz Marín, tras 24 años en el poder –12 de ellos en la gobernación con mayorías legislativas abrumadoras– nunca se atrevió a abogar públicamente ni a plantearle en privado al americano que su criatura, el llamado Estado Libre Asociado, debía evolucionar hacia la libre asociación y la soberanía verdadera. En vez, él y sus sucesores se dedicaron a emular al Gobierno federal en el “carpeteo”, práctica heredada y continuada por el Partido Nuevo Progresista, a atacar y perseguir al independentismo desde el gobierno y a acuñar frases ambiguas para describir nuestra realidad colonial– frases como, “déficit democrático”, “soberanía del pueblo”, “el máximo de autonomía compatible con el sistema federal” y “círculos concéntricos de soberanías”.

Desde su Babel político, pretendieron hablar el idioma del amo y convencer a los súbditos de su suerte con una jerigonza colonialista sin que hayan logrado, en más de medio siglo, alterar ni una coma de la Ley de Relaciones Federales que todavía mantiene a Puerto Rico bajo la soberanía de Estados Unidos.

No hay más que recordar aquellas vistas ante el Comité del Senado de Estados Unidos que presidió J. Bennet Johnston en 1989 quien, ante la propuesta bizantina del PPD para culminar el ELA, le preguntó al padre de Hernández Mayoral si su intención era cambiar la cuestión de la soberanía que reside en el gobierno de Estados Unidos.

“No”, –respondió el gobernador Hernández Colón– “la cuestión de soberanía, como hasta hoy, se quedaría igual.” Más aún, Sila Calderón finamente asumió el liderato del país en el año 2000, con mayorías en Cámara y Senado, y una promesa programática de atender el status, que también mencionaba la Asamblea Constituyente. No hizo nada y, excusa tras excusa, prevalecieron las fuerzas inmovilistas del liderato del PPD.

La experiencia demuestra que el engaño político de aplazar la solución del status es la regla de oro de los líderes coloniales. ¿Con qué base en la realidad podemos ahora suponer que una administración de Hernández Mayoral daría los pasos necesarios para la descolonización? ¿O es que acaso en las próximas semanas, al asumir la presidencia del PPD, Hernández Mayoral se propone ejercer su liderato sobre la Legislatura de su partido para convocar a un referéndum sobre la Asamblea Constitucional de Status a celebrarse antes de las próximas elecciones? Sólo un Partido Independentista fortalecido y el temor del liderato del PPD a perder votos de su periferia, algún día, quizás, podía moverlos a regañadientes a tomar pasos concretos para adelantar el proceso de descolonización. Sólo con un PIP en crecimiento podremos encaminarnos a la descolonización sin ilusiones.