Hoy estoy ante esta Corte, honrado por un encarcelamiento que dignifica. Estoy aquí para acusar a nombre de Vieques, y enjuiciar con nuestra conciencia, a la Marina de Guerra de Estados Unidos y sus defensores, a quienes hemos confrontado en su injusticia con nuestra militancia pacífica.

El 3 de agosto del 2000, en horas de la mañana, un portavoz de la Marina negó categóricamente nuestra presencia en las zonas por ellos usurpadas al pueblo de Puerto Rico. Menos de dos horas después, tres compañeros del Partido Independentista Puertorriqueño y yo fuimos arrestados por la Marina precisamente allí, a poca distancia del punto más alto del municipio de Vieques, el llamado "OP-1".

Un muchachón americano de un pueblito de Virginia que nos arrestó se sintió en la obligación de explicarnos que él meramente ejecutaba órdenes de arrestar a "los malos" (the bad guys). Para pensar que cuatro puertorriqueños - dos de nosotros legisladores por todo Puerto Rico - somos "los malos" y no podemos estar en Vieques, y él sí, hay que partir de la lógica torcida que históricamente ha caracterizado la política exterior de Estados Unidos, particularmente hacia la América Latina, violentando la paz internacional, mofándose de la democracia y obstaculizando el derecho inalienable de los pueblos, como Puerto Rico, a su autodeterminación e independencia.

Alocución
Senador Manuel Rodríguez Orellana
Partido Independentista Puertorriqueño
14 de septiembre de 2000
ANTE LA CORTE DE LOS ESTADOS UNIDOS

Hoy estoy ante esta Corte, honrado por un encarcelamiento que dignifica. Estoy aquí para acusar a nombre de Vieques, y enjuiciar con nuestra conciencia, a la Marina de Guerra de Estados Unidos y sus defensores, a quienes hemos confrontado en su injusticia con nuestra militancia pacífica.

El 3 de agosto del 2000, en horas de la mañana, un portavoz de la Marina negó categóricamente nuestra presencia en las zonas por ellos usurpadas al pueblo de Puerto Rico. Menos de dos horas después, tres compañeros del Partido Independentista Puertorriqueño y yo fuimos arrestados por la Marina precisamente allí, a poca distancia del punto más alto del municipio de Vieques, el llamado "OP-1".

Un muchachón americano de un pueblito de Virginia que nos arrestó se sintió en la obligación de explicarnos que él meramente ejecutaba órdenes de arrestar a "los malos" (the bad guys). Para pensar que cuatro puertorriqueños - dos de nosotros legisladores por todo Puerto Rico - somos "los malos" y no podemos estar en Vieques, y él sí, hay que partir de la lógica torcida que históricamente ha caracterizado la política exterior de Estados Unidos, particularmente hacia la América Latina, violentando la paz internacional, mofándose de la democracia y obstaculizando el derecho inalienable de los pueblos, como Puerto Rico, a su autodeterminación e independencia.

De esa lógica torcida nace el abuso que hoy nos trae ante esta Corte. De esa corrupción del pensamiento por parte de la Marina nacen las falsas alegaciones de "seguridad nacional" para justificar las expropiaciones y las invasiones a terrenos en Vieques, oficializadas por los gobiernos de turno que vendieron, como Esaú, su primogenitura en esta tierra por un plato de lentejas. De esos valores invertidos se nutre la Marina para contaminar nuestra tierra, poner en riesgo la vida de un pueblo y destruir la paz. De esa perversión de la democracia nace el engendro de la persecución y la cárcel a los únicos que tenemos razón de estar en Vieques - nosotros los puertorriqueños, y no ellos.

No hay nada que amenace más la mentira que la verdad. La Marina decía que sus maniobras eran seguras, y mató al civil David Sanes. Decía que sus bombardeos frecuentes eran imprescindibles para la seguridad de los Estados Unidos; y Rubén Berríos, junto a miles de escudos humanos de todos los partidos, credos e ideologías, los detuvo por más de un año, demostrando así que las bombas eran innecesarias. La Marina decía que protegía el ambiente y la salud pública, y durante ese año descubrimos lo contrario - uranio reducido, napalm, metales pesados, tóxicos y carcinógenos filtrándose en la cadena alimenticia y castigando inmisericordemente el balance ecológico en armonía macabra con la tasa desproporcionada de cáncer que ha seguido cobrando nuevas víctimas en Vieques.

La Marina ha probado que Don Pedro Albizu Campos tenía razón: su interés es en la jaula, no en los pájaros. Por eso la Marina corrompió el sistema de justicia y detuvo durante casi un día entero sin formularles cargos a cientos de personas el pasado 4 de mayo; y ostentosamente proclamó el área de Vieques "segura" contra los puertorriqueños. Sin embargo, en menos de una semana se topó nuevamente con la desobediencia civil del presidente del PIP, e hizo que lo enjuiciaran y sentenciaran.

Cuando Rubén Berríos salió de la cárcel tras una sentencia nominal que constituyó otra victoria moral sobre la Marina, el Presidente de Estados Unidos lo invitó a Wáshington a hablar de status. La Marina y muchos de sus defensores albergaron la esperanza de que así se distrajera la atención pública del abuso contra Vieques, y entonces proclamó "segura" una vez más la zona usurpada.

Y fuimos a Wáshington y hablamos del status y de la ignominia colonial, pero no pudieron enterrar nuestra conciencia en Vieques. Porque ese mismo día, el vicepresidente del PIP, Fernando Martín, con más de 130 militantes de nuestro Partido entró al área "segura", y el gobierno de Estados Unidos se vio forzado, una vez más, a discutir el tema de Vieques.

La Marina entonces tomó de rehén a la justicia y se agenció, antes de enjuiciarlos, el encarcelamiento indefinido de los miembros del PIP ―desde una semana hasta casi dos meses. Pensó que con su arbitrariedad agujereaba nuestras conciencias con el miedo. Pero el pasado 3 de agosto, a escasas horas de su jactancia sobre lo absolutamente "segura" que estaba - como diría Don Pedro - la jaula contra los pájaros, allí estábamos un reverendo evangélico, un joven candidato a alcalde y dos legisladores por acumulación, demostrándoles una vez más que han perdido la batalla de la Verdad.

Cada vez que incursionamos pacíficamente al rescate de la dignidad nacional en las áreas por ellos usurpadas, les impedimos los bombardeos y ejercicios militares como los habían programado.

La derrota moral que hace tiempo la Marina viene arrastrando como albatros al cuello ha causado su humillación y provocado su furia. Por eso, la Marina se atrincheró en la negación de la democracia que conlleva el colonialismo. Y se agenció la colaboración de los que por acción u omisión traicionaron la voluntad mayoritaria de nuestro pueblo y la política pública de "ni un tiro más" doblegándose ante una orden presidencial contraria a nuestra voluntad expresa, para manipular, una vez más, el sistema judicial a su antojo. De esa forma pudieron ejecutar, antes de enjuiciarnos, nuestro encarcelamiento indefinido por luchar por la paz en Vieques.

Pero siempre habrá puertorriqueños comprometidos con la paz y la desmilitarización de Vieques. Seguiremos combatiendo el colonialismo en Puerto Rico y la presencia antidemocrática y liberticida de la Marina y sus personeros. No importa hoy el fallo de este foro. Nada podrá absolver a la Marina de su culpa criminal. Son ellos, secuestradores de la justicia, los que han probado la ilegitimidad del poder de esta Corte para absolvernos o culparnos en nuestra patria.

Y como Pablo Neruda en su Oda al hombre sencillo, le decimos a nuestro pueblo: ". . . no sufras/ porque ganaremos,/ ganaremos nosotros,/ los más sencillos,/ ganaremos,/ aunque tú no lo creas,/ ganaremos."

Nuestro jurado es la voluntad de nuestro pueblo, que ya deliberó en torno a Vieques. Nuestro juez es la Historia, que es inexorable.

San Juan, Puerto Rico

Nota: Una versión editada de esta alocución se publicó el 20 de septiembre de 2000 en el diario El Nuevo Día de San Juan, Puerto Rico.