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"El amor y el interés se fueron al campo un día..."

Por Calixto Negrón
Publicado en Periodico Metro
04 abril 2014

 

El informe de la Oficina de Contraloría General (GAO, por sus siglas en inglés) sobre el escenario de un Puerto Rico estado 51, no dice nada que no supiéramos sobre las implicaciones económicas - tanto para Puerto Rico como para los Estados Unidos - que dicha alternativa de estatus representa. Si de algo sirve el Informe es para reafirmar las conclusiones a las que llegó un estudio a finales de la década del 80', cuando se discutía en el Comité de Finanzas del Senado federal las disposiciones fiscales y económicas de las opciones de estatus contenidas en el proyecto S. 712.

 

Hoy, como en aquel entonces, se desprende de los datos contenidos en el Informe, que la enfermedad crónica de la economía puertorriqueña no se cura con la estadidad. El desempleo, la falta de producción, la ausencia de poderes para proteger nuestro comercio, agricultura e industria; la imposibilidad de atraer capital de otros países para invertir aquí y desarrollar empresas; nuestro aislamiento con respecto a un mundo económicamente interdependiente en que las posibilidades de desarrollo están ligadas a la capacidad política y jurídica que brindan la soberanía e independencia para sentarse a negociar acuerdos comerciales de carácter bilateral o multilateral; la imposición de la leyes de cabotaje; la emigración de decenas de miles de puertorriqueños ante la falta de oportunidades y la dependencia masiva de subsidios del Tesoro de los Estados Unidos que han provocado una profunda descomposición social que tiene al país en vías, si no lo somos ya, de convertirse en el "gueto caribeño", no se solucionan anexándonos a los Estados Unidos.

Con respecto a los Estados Unidos, la estadidad tampoco resulta en una opción viable. Específicamente para el contribuyente norteamericano el efecto neto es una carga contributiva en constante crecimiento y la condena a tener que mantener eternamente un estado mendigo. Por eso el grito de guerra del liderato estadista en Puerto Rico es "la estadidad es para los pobres", en alusión a los supuestos miles de millones de dólares en fondos federales adicionales que llegarían a la Isla, y que el Informe indica son dramáticamente menos a los vociferados durante décadas por los anexionistas del patio. No se escucha al liderato estadista mencionar una sola herramienta ni poder, de los que necesitamos para nuestro desarrollo económico, que se adquiera con la estadidad.

Si patético es el discurso y la vocinglería del liderato estadista –que parecen no darse cuenta que entre más dinero anuncian que llegará, más alejan la estadidad-, más cínica e indignante es la reacción del liderato del Partido Popular. Escucharlos hablar sobre que la estadidad significaría "estancamiento", que con la misma "se socavaría nuestro crecimiento económico" y que "estaríamos viviendo de las ayudas federales", debe provocar el repudio de todos los puertorriqueños, considerando que el Partido Popular ha sido el arquitecto del modelo político y económico que nos ha llevado a la crisis actual y el principal responsable de que cada día más compatriotas piensen que la estadidad es la solución. Son el burro gritándole orejón al conejo.

Por razones económicas, entre otras, los norteamericanos tienen el perfecto derecho de no conceder la estadidad a Puerto Rico, sin importar cuánto puertorriqueños la favorezcan. Al fin y al cabo Estados Unidos sabe muy bien por qué el país piensa de la manera que piensa. Sabe que el deseo de aquellos que quieren anexarse no tiene que ver con lealtades. Como dice el refrán, "El amor y el interés se fueron al campo un día...".