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De no ser por la ola de indignación que se levantó en el país y la presión pública generada por diversos sectores, el Partido Popular no hubiese reculado al atropello y burla que constituía el estipendio de $900.00 mensuales aprobado para los miembros de la Cámara de Representantes y que con uñas y dientes defendió Jaime Perelló. Y digo el Partido Popular porque, nadie se llame a engaños, de esta orden administrativa tenía conocimiento AGP, y el presidente senatorial participó de su confección y firmó una orden similar cuyo lenguaje fue propuesto precisamente por el Senado.

Si algo podemos sustraer de este episodio es que lo que impera en el liderato popular es la avaricia, la hipocresía y la mentira. ¿Cómo es posible que los mismos que han condenado a nuestros pensionados y empleados públicos a sufrir un retiro paupérrimo y han empobrecido hasta el asfixie a los ciudadanos con sus inmisericordes medidas impositivas, se atrevan pensar y aprobar semejante barbaridad? Ya lo dice un dicho popular: "La avaricia rompe el saco". Y si hay alguna pasión a la que han demostrado someterse con abnegación los que pregonaban en la campaña electoral como una gran verdad que "primero era la gente", es precisamente la avaricia.

En cuanto a la hipocresía, nada de lo que se profesan de frente unos a otros los líderes populares, se lo creen. Pregúntenle a Perelló lo que piensa de Bhatia luego de la estocada de dejarlo solo en este asunto. Seguramente dirá que le tiene el mismo aprecio y confianza. Lo cual Bhatia considerará una monumental hipocresía.

Sobre las mentiras, ya las he desglosado bastante en columnas anteriores. Pero a modo de recordatorio, en los siete meses que van de gobierno popular han incumplido sus promesas de no privatizar el aeropuerto, no despedir empleados públicos ni discriminar por razones políticas, no aprobar más impuestos, no aumentar las tarifas de los servicios básicos de agua y luz, no gastar millones de dólares en publicidad gubernamental, no privilegiar a sus inversionistas políticos, etc, etc, etc...

Lo que no es mentira, es la máxima de Aristóteles: "El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad".