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Calixto Negrón Aponte

Los gobernadores se han impuesto como principio hacer siempre el ridículo ante el posible paso de una tormenta. Esta semana con Chantal se repitió el mismo triste y bochornoso espectáculo de ceder a la tentación de hacer su algo de política a cuenta de la tormenta. AGP, con gesto de conocimiento y autoridad, se dio a la tarea de "orientarnos". Su desenfoque y balbuceo resulta no solamente sorprendente sino alarmante. El Gobernador está aún más perdido de lo que aparenta, y si de alguna tormenta no se salva el país, es de la que hemos estado sufriendo en los pasados 40 años bajo gobiernos del PNP y el PPD, y que arreciará con la administración de García Padilla.

 

Resulta indignante que un país en ruta de huracanes, que año tras año pasa por el mismo ritual de advertencias y preparativos, nunca esté listo. Pero más tristeza provoca el que el electorado continúe votando por los mismos que han sido incapaces de prepararnos para este tipo de fenómeno meteorológico, y cuya estancia en el gobierno ha destruido más al país que todas los huracanes que le han pasado por encima.

Para muchas familias, los malos gobiernos del PNP y PPD han provocado terribles tormentas que han recrudecido la pobreza en la que hacen sus vidas. Son miles los agricultores y pequeños comerciantes que han sufrido pérdidas cuantiosas, no por el paso de un fenómeno meteorológico, sino por la tempestad provocada por las nefastas políticas económicas y fiscales de gobiernos estadistas y populares. Lo que nunca han sufrido en Fortaleza, el martirio de no contar con agua potable por par de días, es la realidad cotidiana de decenas de miles de puertorriqueños que en pleno siglo 21 carecen de un servicio de agua confiable, con tormenta o sin ella. Y no continúo porque la lista es larga y la columna corta.

Si de algo debe servirnos el paso lejano de Chantal es para recordarnos que, gracias a gobiernos populares y penepés, Puerto Rico está con el agua al cuello y la marea subiendo.