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Calixto Negrón Aponte

La historia de los últimos 20 años en el Departamento de Educación, para no hablar de antes, es que cada vez los gobiernos del PNP y del PPD gastan más dinero, con menos estudiantes y peores resultados. Decía en una columna reciente sobre el paso de la tormenta Chantal que resultaba indignante que un país en ruta de huracanes, que año tras año pasa por el mismo ritual de advertencias y preparativos, nunca esté listo. Y con el inicio de clases en nuestro país sucede exactamente lo mismo. Se repite la misma tragedia año tras años. No hay un momento en el que se manifiesta dramáticamente más, la incompetencia, falta de compromiso e ineptitud en el manejo de nuestro sistema de educación pública por parte de los gobiernos populares y penepés, que en el inicio de clases.

Y esto ha sido así debido al vicio de la politización al que ha estado sometida la agencia desde antaño hasta el presente por los que han ostentado el poder gubernamental y que la tienen al punto de la implosión.

 

Si hay un tema en el que por pudor deberían mantenerse callados los líderes del PNP y del PPD es precisamente el del Departamento de Educación. Porque han sido ellos los que tienen sumergidos a Educación en el mar de la politiquería y -salvo honrosas excepciones- han designado y confirmado para dirigirlo a alcahuetes que lo han convertido en un centro de reclutamiento para puestos burocráticos en donde los criterios de bandería política dominan sobre los criterios de preparación y dedicación.

Para que el inicio de clases no sea uno caótico y el Departamento de Educación sirva al desarrollo económico y social de nuestro país y se asienten lo valores morales, éticos, culturales e históricos que sirvan de base a nuestra nacionalidad, hay que despolitizarlo. Pero no basta con decirlo. Tiene que haber voluntad y, evidentemente, es un proceso que tomará tiempo mientras el PPD y el PNP estén en el medio y no desistan de la actitud de utilizar a Educación como alcancía para el financiamiento de sus maquinarias políticas y como lugar de asalto directo para extraer dinero de los grandes contratistas del Gobierno.