calixtoNegron1marCalixto Negrón Aponte
Secretario de Comunicaciones del PIP

"Primero la Gente", "Mi gobierno nunca romperá la soga por lo más fino", "No gobernaré para los bonistas". Estas son algunas de las muchas frases que escuchamos durante la campaña electoral en boca de quien hoy es Gobernador y que llenaron de ilusión a cientos de miles de puertorriqueños que le dieron el voto. Entre esos electores impera hoy, a escasos dos meses de haber juramentado, una profunda decepción y frustración. Nunca antes, en tan poco tiempo un gobierno había provocado que el país tuviese la sensación de haber sido víctima de un monumental engaño.
Luego de la reciente claudicación en el tema de la APP del aeropuerto, otra acción igualmente preocupante es el plan anunciado ayer para atender la crisis en los sistemas de retiro. Esta medida que se plantea es una correctiva de carácter inmediatista, en la que no se pensó "primero en la gente", sino más en los bonistas.


Lamentablemente, nos vemos soluciones dirigidas a los problemas de fondo en los sistemas de retiro, sino una punitiva arremetida contra los jubilados y empleados públicos.
Una de las consecuencias más serias de los cambios en las reglas de juego es la pérdida de poder adquisitivo que sufrirán decenas de miles de familias, tanto en el presente como en el futuro previsible. No cabe duda de que cuando sumamos la eliminación o reducción sustancial de beneficios como el bono de verano o de Navidad, o del plan médico, los beneficiarios actuales reciben un golpe contundente en sus bolsillos. Por no hablar del tema de la reducción en el beneficio del plan médico, en un país en el que gran parte de la población jubilada requiere de asistencia médico-hospitalaria de forma recurrente.
Por otra parte, para quienes venían planificando su retiro desde hace años, y estructurando una agenda de vida que dependía de una fecha de jubilación y de unos beneficios económicos que ahora no se van a tener, esta situación representa un cambio drástico que hasta hace poco era imprevisible.
En síntesis, estamos ante una coyuntura realmente preocupante desde cualquier punto de vista, en la que nuevamente la soga parte por lo más fino y nuestra población más vulnerable vuelve a pagar los platos rotos. Si hace tres décadas se hubiesen tomado cartas en el asunto, hoy día la historia fuese distinta. En ese sentido, no cabe duda de que todas las administraciones gubernamentales cargan con la responsabilidad de lo que hoy estamos presenciando.