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Entre la locura y la cordura

Por Calixto Negrón Aponte
Publicado en Periódico Metro
09 mayo 2014


Dijo un escritor y poeta italiano, Arturo Graf, que "El de la locura y el de la cordura son dos países limítrofes, de fronteras tan imperceptibles, que nunca puedes saber con seguridad si te encuentras en el territorio de la una o en el territorio de la otra". En esa colindancia se encuentra el liderato del Partido Popular cuando vemos la manera en que ha tratado el tema de las procuradurías.

 

A mediados del año pasado la Asamblea Legislativa de Puerto Rico, por iniciativa de legisladores de la actual mayoría parlamentaria, aprobó varias piezas legislativas que derogaron el Plan de Reorganización Núm. 1-2011 -creado bajo la administración del ex gobernador Luis Fortuño-, el cual agrupaba todas las procuradurías bajo la Oficina de Administración de Procuradurías (OAP), y revirtieron a todas éstas a su status anterior, que era de oficinas independientes y no bajo una sombrilla, como la OAP.

Argumentaban entonces, los legisladores del PPD, que la administración Fortuño no tomó en cuenta las correspondientes objeciones de los procuradores anteriores, y el Consejo de Modernización de la Rama Ejecutiva, creado en virtud de Ley Núm. 182-2009, según enmendada, en ningún momento llevó a cabo una amplia evaluación de las oficinas a fusionarse, ni escrutinio estricto alguno, así como tampoco se desarrolló un plan de trabajo para la reorganización en los conceptos de eficiencia y menos aún la eficacia de los servicios críticos. Indicaban, con toda razón, que con la restitución de la autonomía e independencia a las procuradurías acercaba a los más vulnerables: viejos, pacientes, personas con impedimentos y veteranos, a la justicia social que merecen

"Quedó evidenciado que lo que hicieron fue un botín de guerra. Hicieron fiesta a cuesta de los más vulnerables". "Vamos a redirigir los recursos de estas procuradurías a quienes realmente los necesitan y no a quienes se han servido de ellos por los pasados años", expresaba Rossana López León al país.

El presidente del Senado, Eduardo A. Bhatia, sostuvo por su parte que "ahorcar las procuradurías" no podía ser una política pública y lo era bajo el pasado gobierno penepé. "Lo que hicieron fue quitarle la capacidad de cada una. Nosotros estamos restaurando lo que debe ser la gobernanza del País", dijo Bhatia tan reciente como el año pasado, ya en el poder.
Ahora, elevando a principio rector de su accionar el pensamiento de Jonathan Swift, "Nada es constante en este mundo sino la inconstancia", el liderato estadolibrista presenta irresponsable e improvisadamente medidas para eliminar las procuradurías y diluirlas en agencias y departamentos gubernamentales caracterizados históricamente por la ineficiencia y la burocracia asfixiante.

En lugar de atender el reclamo de la falta de asignación presupuestaria y dotar de los recursos económicos y humanos necesarios a todas las procuradurías, para que cumplan con los propósitos de las leyes que las crearon, el gobierno de turno - al igual que el anterior - corta por lo sano apostando a la liquidación de éstas, denotando así la falta de comprensión e insensibilidad que tienen los que se han turnado en el poder sobre las necesidades particulares y legítimas de los que resultan ser los sectores más vulnerable del país.

El diluir las procuradurías en las agencias y departamentos propuestos, constituye un atentado a la función fiscalizadora de éstas y una invitación al futuro conflicto de interés. Ojalá el gobierno regrese al territorio de la cordura. Si por el contario, insiste en continuar su camino y cruzar la frontera hacia el territorio de la locura, no habrá ahorro fiscal -producto de un frío cálculo matemático- que pague el enorme costo social de esta insensata barbaridad.