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La Sindicatura Colonial

Publicado en el Periódico Metro 23 noviembre 2013

Por: Calixto Negrón Aponte


Puerto Rico ha estado siempre en sindicatura. Desde el Informe de O'Reilly en 1765 hasta el Informe Brookings del 2006, instituciones o personeros del gobierno metropolitano han realizado estudios sobre la situación económica del país y hecho recomendaciones. Cuando los gobernadores eran nombrados directamente por la metrópolis era el síndico a cargo de implantar las recomendaciones que, como indica nuestra historia, culminaban o en el fracaso o superadas por nuevas circunstancias históricas no previstas. Lo novel en la circunstancia actual es que el gobernador técnicamente es electo por el pueblo pero tiene que actuar dentro de los parámetros de la ley de relaciones federales y en este caso los supuestos asesores del "Task Force" podrían suplantar de hecho al gobernador en la toma de decisiones sin tener que dar cara por ello.

 

Todo el mundo está de acuerdo que Puerto Rico está atravesando por su más grave crisis económica. La tasa de desempleo ronda el 14% (hay economistas que plantean que la tasa real supera el 30%); el por ciento de participación laboral es de los más bajos del mundo, 39%; la inversión pública y privada en capital fijo ha descendido en $2 mil millones entre el 2004 y el 2012. La fuga de talento joven hacia el exterior se ha acelerado; la emigración se ha convertido de nuevo en la válvula de escape. A esta situación se añade, por un lado, la creciente incapacidad del gobierno para recaudar los ingresos suficientes para mantener el presupuesto al mismo nivel que el año anterior, y por el otro, el vergonzoso rumor de que en los EEUU hay personas en los círculos de poder a quienes les preocupa que el gobernador actual no sea lo suficientemente capaz para velar sus intereses - manteniendo más o menos a flote la colonia -, por lo que fue necesario asignarle un tutor.

Es momento de repasar lo que ha ocurrido en Puerto Rico que ha impedido que se genere suficiente ahorro doméstico para que el país no tenga que confrontar la crisis de liquidez por la que atraviesa. Desde los comienzos de la operación manos a la obra, se dijo que estimular el ahorro doméstico no era necesario, o al menos fundamental, porque la fuente de capital norteamericano era barata e inagotable. Se prescindió del capital puertorriqueño en aras de privilegiar las llamadas empresas '936'; no se les impuso contribuciones lo que impidió al estado disponer de recursos generados internamente para el financiamiento de la infraestructura sin tener que recurrir al endeudamiento excesivo; las empresas no generaron los suficientes empleos como para ampliar la base contributiva del país y posibilitar una fuente de ahorro doméstico. No es lo mismo endeudarse con las futuras generaciones de residentes, cuyo pago se mantiene dentro del circuito económico, que tener que endeudarse con fuentes externas, cuyo pago saca el dinero del circuito económico.

A corto plazo la única manera de reducir las deudas es el gobierno renegociándolas directamente con las autoridades financieras norteamericanas. Pero sin un adecuado plan de desarrollo económico ello no sería factible porque la única garantía de pago sin el aumento en contribuciones es que aumente la inversión, pública y privada, y aumente el empleo y ello sólo es viable, (con un mercado norteamericano todavía deprimido e históricamente insuficiente), aumentando el comercio internacional y la sustitución de importaciones. Y esta estrategia nos confronta con las limitaciones de la actual relación territorial con los Estados Unidos. Pero, ¿verá el síndico colonial más allá de sus narices?