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LUZ AL FINAL DEL TÚNEL

Por: Calixto Negrón Aponte

Publicado por periódico Metro 18 octubre 2013

Si hoy estamos pagando un precio tan alarmantemente alto por la energía eléctrica que consumimos, así como por los bienes y servicios que dependen de la electricidad, es debido, mucho más allá de una falta de voluntad, a una indiferencia - que raya en lo criminal - de quienes han gobernado a Puerto Rico en impulsar una política energética compatible con las condiciones geográficas, climatológicas y ambientales de nuestro país. Política que debe fundamentarse en la conservación de la energía, en la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes limpias y renovables de energía que estén bajo nuestro control, en la investigación científica para convertir el sistema energético de Puerto Rico en uno sustentable y en la participación de las comunidades en el diseño de la misma.

 

El problema energético del país no se arregla como por arte de magia con sólo cambiar una corporación pública por una privada. Tampoco se resuelve el problema del alto costo y la ineficiencia en el servicio lanzando un bien público y recurso estratégico que nos pertenece a todos a la competencia voraz del mercado para que sea un puñado de empresarios, seguramente amigos del que esté de turno en Fortaleza, los que tengan control del mismo.

Además, resulta indignante escuchar a los líderes del PNP y del PPD justificar a gritos la privatización, bajo el supuesto de que la AEE se encuentra mal. Como dijo un gran amigo, no se puede apuñalar a alguien y luego acusarlo de manchar la alfombra con sangre. Si hoy la AEE está desangrada es debido a que gobiernos del PNP y del PPD la han usado como piñata, como fuente de prebenda y enriquecimiento, y para pagar favores mediante proyectos como los del Gasoducto del Sur bajo el PPD y la mal llamada Vía Verde bajo el PNP.

Por décadas el PIP ha denunciado las políticas erradas de privatización en la AEE y el impacto negativo que la misma ha tenido en la factura eléctrica que paga el pueblo. Esto debido a que gran parte de la energía que maneja la AEE se la compra a unas industrias privadas a un costo mayor de lo que le costaría producirla a la propia corporación. Así que la falsa panacea de la privatización se ha probado y le ha salido cara al pueblo. Igualmente, se ha denunciado la condena que representa la dependencia en combustibles fósiles, todos importados, de los que Puerto Rico no controla ni la oferta ni el precio.

Entonces, ¿qué hacer? Como primer paso debemos considerar los hallazgos y las propuestas que por casi 30 años han traído ante la consideración de las autoridades gubernamentales respetados científicos, ingenieros y expertos en el tema energético. Tanto la energía solar, como la energía océano térmica, las micro-hidroeléctricas en la zona central y la energía de las olas del mar, entre otras, constituyen alternativas cuya viabilidad ambiental y comercial ha sido probada en distintos lugares del mundo. Segundo, urge que la Administración de Asuntos de Energía (AAE) juegue el papel que se le asignó desde que se fundó y recupere las funciones que le fueron usurpadas por la AEE.

Por último, mediante la conversión de la AEE en una entidad que promueva el desarrollo e instalación de tecnologías renovables, la ciudadanía en general, las agencias públicas y los municipios, así como el sector empresarial, tendrán acceso a equipos y a servicios que permitirán diversificar de una vez y por todas las fuentes energéticas.

Dirijámonos con energía hacia esa dirección y les aseguro que veremos la luz al final del túnel.