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Mensaje de Presupuesto: La Consumación del acto

Por Calixto Negrón
Publicado en Periódico Metro 02 mayo 2014

Se consumó el acto. Lo que debió ser un mensaje de presupuesto fue a todas luces tal y como lo advertimos la semana pasada en este mismo espacio — un montaje orquestado de un gobernador aceleradamente desacreditado y debilitado que recurrió al mismo libreto: la fantasía, las medias verdades y la mentira. En momentos en que el país sufre los efectos devastadores de la incompetencia fiscal de administraciones sucesivas del PPD y el PNP; en la semana en que se celebra el Día Internacional de los Trabajadores, Alejandro García Padilla ejecutó un soso y manipulador montaje teatral que no provocó ni el aplauso de sus acólitos allí reunidos. Ni Límite 21 con su contagioso y entusiasta estribillo "¡Con la mano, con la mano es que es!..." lo hubiese salvado. En cada pausa, estratégicamente planificada, lo que se escuchaba era un silencio sepulcral allí en el Capitolio y en el país entero.

 

Y no es para menos. Se trató de un mensaje que, mucho más allá de anunciar un presupuesto con ajustes y recortes de más de $1,400 millones, pretendió encubrir el efecto inflacionario de las acciones anunciadas y las no dichas sobre los servicios que brinda el Gobierno y los derechos de las y los trabajadores. Digo inflacionario porque, por un lado, las medidas propuestas en el mensaje aumentarán la incapacidad del aparato gubernamental de brindar eficientemente servicios fundamentales a la ciudadanía y, por otro lado, ocasionará mayores penurias a quienes ya cargan en su caso tres cuartas partes del peso fiscal: la clase media trabajadora asalariada.

Resulta una provocación abierta del gobernador el cálculo político vulgar de insistir en que la crisis fiscal del ELA colonial no la pueden pagar las vacas sagradas intocables, es decir, las multimillonarias compañías extranjeras, sino, repito, la clase media trabajadora asalariada. Entre la verdad de la actitud servil del Gobierno popular frente a las "pobres" empresas foráneas —que tributan entre un 2 y 4 % sobre los $36 mil millones que generan—, y la hipocresía o mentira de su tradicional discurso a favor de las y los trabajadores públicos, el señor gobernador anticipó en su mensaje que se procurará un ahorro de alrededor de $237 millones en el próximo presupuesto que implicará la violación de cláusulas de convenios colectivos vigentes. Estos son los mismos empleados perjudicados por enmiendas a la ley del sistema de retiros del Gobierno central y por el efecto de la congelación de plazas. Además, afectados por los ajustes a los bonos de Navidad y los pagos por concepto de licencia por enfermedad no utilizadas.

Nada mencionó el gobernador sobre el urgente e imprescindible esfuerzo de una reforma contributiva integral. De hecho, el gobernador renegó de la contribución especial a las foráneas, que nos generan $1,800 millones anuales, que aún no sabemos cómo lo compensaremos si en el 2016 desaparece esta contribución especial como dispone la ley vigente; y defendió a capa y espada los decretos de exención contributiva para esas empresas bajo el argumento de que están cobijadas por el derecho constitucional que impide que se interfiera con obligaciones contractuales. Derechos constitucionales que no les reconoce a las y los trabajadores.

Es necesario un repudio absoluto a este mensaje presupuestario y exigir un planteamiento fiscal que sea sensitivo y que responda a la raíz del problema: hay que podar el frondoso árbol ponzoñoso de los beneficios contributivos, de los créditos, las deducciones y toda la madeja que sostiene un paraíso fiscal para los grandes intereses y la penuria de la clase media trabajadora asalariada.