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Una vez más

por Calixto Negrón Aponte
Secretario de Comunicaciones PIP
Publicado en Periódico Metro
11 julio 2014

Durante los pasados meses el nombre de Puerto Rico ha estado presente en los medios noticiosos internacionales, y no por buenas razones. La revista británica especializada en temas económicos, The Economist, ha publicado varios artículos en los que consecuentemente destaca la seriedad y profundidad de la crisis fiscal por la que atraviesa el gobierno del país. Curiosamente, una vez más se puntualiza en la naturaleza colonial de nuestra situación política, y cómo esta realidad afecta las posibilidades de salir del hoyo en el que nos encontramos.

 

Específicamente The Economist comenta que si Puerto Rico fuese un estado federado de Estados Unidos, se facilitaría que el gobierno se declarara en quiebra (con las consecuencias negativas que ello traería, por supuesto). También destaca que si fuésemos parte de la comunidad de naciones libres del orbe, se abrirían múltiples opciones, sin que tuviésemos que recurrir a la bancarrota. Una vez más, la prestigiosa publicación inglesa nos recuerda lo que en tantas ocasiones el liderato del Partido Independentista Puertorriqueño le ha planteado a nuestro pueblo: que pertenecer al mundo de los países independientes, como la inmensa mayoría de las naciones en el mundo moderno, representa desde todo punto de vista el paso necesario para enfrentar los errores que se han cometido en el contexto del régimen colonial. También constituye el escenario económico y político necesario para iniciar la reconstrucción de un país asediado por las deudas acumuladas, por el estancamiento y por el subdesarrollo de nuestras instituciones y de nuestra capacidad productiva.

Nombres como "Moody's, "Fitch" y "Standard & Poor's" se escuchan cada vez con más frecuencia por doquier en nuestro país. Incluso personas que jamás habían oído hablar sobre lo que representan estas "casas acreditadoras" para la economía internacional, comentan sobre ellas como si se tratara de una marca de sopas o del nuevo detergente en el mercado. Ciertamente nos hemos acostumbrado a estos nombres porque los portavoces de estas "agencias", esos señores que pocos conocen pero que opinan con demasiada frecuencia sobre cómo andan las finanzas públicas en Puerto Rico, siguen alertando a sus clientes -los inversionistas y bonistas que le prestan al país-sobre la posibilidad, cada vez más cercana, de que se produzca el tan temido impago.

Y no es para menos. Las más recientes degradaciones han puesto al país en una situación jamás sospechada en el pasado inmediato. Las posibilidades de acudir al mercado de valores para tomar prestado prácticamente se han cerrado para Puerto Rico. Lo peor es que no sólo se trata -como piensan muchos-de inversionistas corporativos o institucionales del exterior; se trata en una altísima proporción de varios de nuestros planes de retiro, de nuestras cooperativas de ahorro y crédito, y de inversionistas puertorriqueños que de muy buena fe apostaron a que el "default" sería improbable.

Una vez más -y seguramente no será la última-se pone en jaque la estabilidad de un sistema económico y político que hace tiempo sabemos que está en quiebra. La pregunta es hoy más pertinente que nunca: ¿hasta cuándo seguiremos esperando para transformar esta realidad? Hace mucho tiempo que la respuesta ha estado a nuestro alcance. Sólo nos ha faltado la voluntad colectiva para emplearla, de una buena vez, por el bien de los que hoy estamos aquí, y por el de aquellos que nos seguirán en el porvenir.