A enfrentar al Congreso

En las recientes vistas públicas del Comité Interagencial de Casa Blanca sobre status, Manuel Rodríguez Orellana dio cátedra de dignidad y representó el sentir y la indignación de la inmensa mayoría de los puertorriqueños al denunciar el incumplimiento por parte de los Estados Unidos de sus responsabilidades descolonizadoras.

La pasividad y las evasivas de los miembros del Comité son típicas de la actitud de inercia e inmovilismo que caracterizan las posiciones del gobierno de los Estados Unidos con respecto a Puerto Rico.

Si bien es cierto que las posiciones oficiales tanto de la Rama Ejecutiva como del Congreso ya no esconden ni disimulan la realidad de la subordinación de Puerto Rico, es igualmente cierto que ello no se traduce, en la práctica, en una política real de descolonización.

Aunque a más largo plazo la continuación del colonialismo resulta insostenible, para los Estados Unidos los problemas políticos de enfrentar el tema en el corto plazo son tan complejos y espinosos que prevalece siempre la posposición con el lastimoso pretexto de que los puertorriqueños no nos ponemos de acuerdo.

Para el PPD mientras el tema del status no se discuta a fondo en el Congreso el ELA colonial prevalece, y las fantasías del ELA "culminado" no tienen que enfrentar la prueba de la realidad.

Entre los estadoistas son muchos los que tampoco quieren enfrentar al Congreso con una petición de estadidad que destaparía en Estados Unidos las poderosas fuerzas de rechazo a la anexión de un país latinoamericano y caribeño como Puerto Rico, con todas sus consecuencias políticas internas al igual que, con relación a sus cada vez más importantes relaciones con la América Latina.

Es por ello que aunque tanto el PPD como el PNP "sacan pecho" en Puerto Rico con sus reclamos de atención al tema del status para aplacar a sus bases electorales, a la hora de actuar, el miedo -es decir, la anticipación del peligro- los paraliza .

Nos corresponde a los independentistas -al igual que a cualquiera que se sienta comprometido con acabar con la condición colonial que padecemos- hacer todo lo que esté a nuestro alcance tanto en Puerto Rico como en los Estados Unidos y ante la comunidad internacional para estimular y provocar lo que no quieren los inmovilistas: una iniciativa política que pueda poner en marcha un proceso de descolonización.

Quien único tiene que ganar en un proceso que exponga y haga patente la verdad con respecto a las alternativas de status somos los independentistas.

Eso es así por la sencilla razón de que en la medida que la independencia ha sido el blanco histórico de la mentira y la calumnia -mientras la colonia y la anexión han sido sus beneficiarios cualquier proceso que lleve al esclarecimiento de la verdad sólo podrá desembocar en el apoyo de los puertorriqueños a su propia libertad colectiva .

Hace apenas algunos años tal posibilidad hubiera parecido ilusoria, pero el cambio fundamental de las corrientes de la historia a partir del final de la guerra fría ha transformado las realidades políticas, económicas, y geopolíticas con que los Estados Unidos se confrontan en su relación con Puerto R i c o.

Como en Vieques, que luego de forzar la cerradura resultó que el camino había sido despejado por esas mismas fuerzas históricas, el día que el Congreso no pueda evadir enfrentar el caso de Puerto Rico, estaremos en el umbral de nuestra independencia.

Lograr ese enfrentamiento estratégico debe ser nuestra guía en los tiempos que se aproximan.