Los ratones hacen fiesta

Los ratones hacen fiesta

Por Senador Fernando Martín
Presidente Ejecutivo PIP
25 de mayo de 2001

Nos recuerda el refrán popular que dice "cuando el gato se ausenta, los ratones hacen fiesta". La profunda verdad que encierra este decir puede ayudarnos a entender los desarrollos con respecto a Vieques que se han materializado desde que publiqué mi columna anterior el viernes antepasado, el mismo día en que comenzaron las más recientes maniobras de la Marina.

Senador Fernando Martín
Presidentre Ejecutivo del PIP
Escribía yo en aquel artículo que lo que ocurriera en Vieques ese fin de semana y el tratamiento que recibieran los desobedientes que habrían de incursionar en los terrenos restringidos, sería un importante indicador sobre cual de los distintos sectores de opinión dentro de la Marina estaría logrando imponer su criterio sobre los demás.

Los hechos no se hicieron esperar, y el saldo de los acontecimientos apunta inequivocamente a un endurecimiento represivo que puede significar o bien el último aleteo desesperado y furioso de los que en la Marina no se resignan a la pérdida de Vieques, o bien el comienzo de una escalada ofensiva que desemboque en el triunfo definitivo de la "línea dura".

Examinemos lo ocurrido a partir del 27 de abril. Ante la previsible y prevista incursión de lo que llegaron a ser más de ciento cincuenta desobedientes civiles de todos los partidos y credos, la respuesta de la Marina fue recurrir -frente a las cámaras de televisión- a la más primitiva brutalidad policiaca a pesar de saber que por ser muchos de los arrestados figuras de renombre, dentro y fuera de Puerto Rico, su maltrato habría de provocar -como ha provocado- una gran ola de indignación contra la Marina en los cuatros confines del mundo.

El caso de Rubén Berríos ha suscitado protestas que van desde condenas a los Estados Unidos por parte de la Internacional Socialista y la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina, hasta Resoluciones en el Senado de México y en la Cámara de Diputados en la Argentina. Hasta en un principal diario de Beijing en China apareció una foto -en primera página- de la Senadora Velda González cuando la llevaban con las manos esposadas.

No puede caber duda de que el carácter público y descarado de los abusos cometidos durante y después de los arrestos fue diseñado con premeditación precisamente para proyectarle a los puertorriqueños -al precio que fuera- un mensaje de intimidación y coacción que sirviera para ponerle fin a la desobediencia civil.

Pero si hubiera guardado alguna duda de que estas acciones eran parte de una escalada represiva calculada el tratamiento judicial posterior a los desobedientes debe disiparla por completo.

Utilizando el patético pretexto de la indisponibilidad de magistrados y del horario restringido de la secretaría del tribunal, las autoridades judiciales federales se las ingeniaron para asegurarse que aun los arrestados que estaban dispuestos a prestar fianzas para salir en libertad provisional tuvieron que permanecer una o dos noches en la cárcel federal antes de ser llevados ante un magistrado. Ni hablar de los que no reconocieron la jurisdicción del tribunal como Rubén Berríos o Ismael Guadalupe o los cuatro estudiantes universitarios, a esos los llevaron directo a la cárcel y tenderían que esperar semanas hasta que fueron finalmente enjuiciados, convictos e ingresados de inmediato a extinguir sus condenas.

Hasta el momento las sentencias impuestas de hasta cuatro meses a reincidentes como Rubén Berríos y Samuel Soto y de cuatrenta y cinco y hasta sesenta días a los "primerizos", constituyen la versión judicial de la brutalidad policiaca manifestada cuando los arrestos. La Marina y sus jueces piensan llenar la cárcel de gentes aunque ello no tenga precedente y aunque el mundo entero denuncie a un régimen que se ha vuelto el carcelero de los que representan la voluntad del país.

Como si tantos botones no bastaran para muestra, el tribunal federal ahora se ensaña también contra los abogados de los desobedientes y anuncia que se propone acusar al Lcdo. Manuel Rodríguez Orellana por desacato criminal. Todo ello, porque éste osó -al dictarse sentencia contra Rubén y los compañeros de PIP- afirmar ante la corte que dichas sentencias eran políticas. El caso de Manuel está ahora ante la consideración del Juez Laffitte el mismo juez que el año pasado mantuvo presos al entonces Senador Rodríguez Orellana y a Víctor García San Inocencio por 42 días, negándose a señalarle fecha para la vista de sus juicios.

Los hechos pues están claros. No se requiere de un genio ni clarividente para concluir que al menos por el momento, la línea dura logró imponerse. Aprovechando la confusión del cambio de mando de una administración a otra en los Estados Unidos, liberados temporalmente de la supervisión política interrumpida la continuidad administrativa civil, los almirantes intransigentes de la Marina se quedaron solos en el cuartel de mando sin contrapesos que moderaran su agresividad en la batalla por Vieques. Ausente el gato civil los ratones militares han hecho fiesta.

Pero se les fue la mano. La reacción de indignación y escándalo ante los abusos de la pasadas semanas han herido de muerte la causa de la Marina y ha convertido el tema de Vieques en una problema político que ya el presidente Bush no puede ignorar o pretender despachar como un asunto que ya fue "resuelto" por la administración Clinton. Gracias a los desmanes de los ratones ahora el gato tiene que enfrentar las consecuencias. Sospecho que no se hará esperar una nueva propuesta por parte de Washington en pos de una "salida airosa" para la Marina.

Ante este cuadro transformado se hace más importante que nunca mantener la presión y la cohesión en nuestro reclamo colectivo. Cualquier señal de debilidad o ambivalencia habría de costarnos cara. Exhorto, por lo tanto, a todos los puertorriqueños de buena voluntad a decir presente en la gran concentración a que nos ha convocado la Coalición Ecuménica el próximo lunes, 28 de mayo, frente a la cárcel federal en Guaynabo.