Hágase la luz

Hágase la luz

Por Fernando Martín García
Presidente Ejecutivo PIP
viernes, 20 de julio de 2001


DESDE QUE escribí mi última columna hace dos semanas se han continuado generando en el país desarrollos que evidencian la agudización de la crisis entre Puerto Rico y los Estados Unidos con respecto a Vieques. Se va haciendo cada vez más claro también que la resolución de dicha crisis -al igual que la superación de nuestra crisis económica- requiere enfrentar la realidad de la condición de dependencia y subordinación colonial que constituye la raíz de nuestra indefensión jurídica.

En cuanto a Vieques, el anuncio por parte de la Marina de que se propone reiniciar sus bombardeos el día primero de agosto -tres días después de que se anticipa que la mayoría de los viequenses habrá de exigir, en el referéndum del día 29 de julio, el cese inmediato y permanente de las maniobras militares- constituye la más prepotente y ofensiva amenaza que pueda imaginarse. Es difícil concebir un gesto de mayor desprecio a la voluntad de nuestro pueblo.

No me cabe duda de que nuestro pueblo responderá con gallardía a este desafío y que -una vez más- estas maniobras serán puestas en jaque por los desobedientes civiles en representación de todos los sectores, agrupaciones y partidos que han estado comprometidos con la lucha por la paz en Vieques. Le corresponderá también a la Gobernadora de Puerto Rico diseñar una respuesta institucional contundente ante esta nueva afrenta de la Marina, particularmente en un momento donde algunos acusan al Gobierno de reducir su combatividad con respecto a Vieques a cambio de obtener apoyo en el Congreso para la propuesta de enmiendas a la Sección 956.

Es necesario aquí reiterar que la ruta de obtener tratamiento preferente para las posesiones de los Estados Unidos bajo la Sección 956 (porque de eso es que se trata la propuesta del Gobierno de Puerto Rico) es una ruta equivocada para hacer posible el fortalecimiento de nuestra economía. Tal estrategia, sin duda, podría tener algunos efectos positivos para atraer capital norteamericano a Puerto Rico, pero sería al precio de descartar otras rutas que no sólo serían más efectivas sino que liberarían a Puerto Rico de las cadenas de la dependencia que hoy ahogan nuestro potencial de desarrollo. Coincido en lo anterior con lo expresado por Miguel Lausell, conocido promotor de la Libre Asociación.

La ruta correcta es la del reclamo de poderes como lo son la capacidad de hacer tratados internacionales y de eliminar la injerencia de legislación federal en áreas como aduanas y cabotaje que hoy limitan nuestra capacidad competitiva. Debemos igualmente reestructurar nuestra legislación local de incentivos industriales para aprovechar al máximo -como hoy hacen Irlanda y Singapur- las secciones 901 y 956 que siempre han sido aplicables a Puerto Rico por ser una jurisdicción contributiva extranjera. Para los que creemos en la descolonización las herramientas para el desarrollo económico no pueden ser las de los privilegios coloniales, sino la de los poderes soberanos. No entender esto es no haber aprendido nada de la dolorosa lección de Vieques.

De la misma manera que nuestra condición colonial ha quedado retratada y desenmascarada por el choque de voluntades sobre Vieques, el debate sobre cuál debe ser nuestra ruta de desarrollo económico también subraya la íntima relación entre el colonialismo y la crisis económica. No será posible resolver permanentemente el problema de Vieques y el de nuestro futuro económico hasta que resolvamos el problema colonial.

Afortunadamente hay signos que apuntan en la dirección correcta. La reciente visita de la senadora Hillary Clinton a los desobedientes civiles en la cárcel federal es de por sí indicativa del perfil cada vez más alto que va asumiendo el tema de Vieques en los círculos políticos en los Estados Unidos. Pero igual de importante han sido las declaraciones hechas desde la cárcel por Rubén Berríos -con quien la señora Clinton solicitó reunirse- a los efectos de que la senadora por Nueva York tiene un claro entendimiento de que en el fondo de la crisis de Vieques está el problema de la relación política entre Puerto Rico y los Estados Unidos. Esa toma de conciencia, cada vez más generalizada en los Estados Unidos, constituye el telón de fondo necesario para el inevitable proceso de reexamen y transformación de nuestro actual status político. Aprovechar estas nuevas circunstancias para dar un salto cualitativo y abrirle cauce a una Asamblea Constituyente es el gran reto histórico que enfrenta la Gobernadora.

El signo más poderoso, sin embargo, de los nuevos tiempos es otro. En el momento que escribo esta columna están en la misma cárcel federal con Rubén Berríos, Norma Burgos, y en espera de varios líderes populares, prisioneros por la misma causa, doña Lolita Lebrón y Robert Kennedy, hijo. La puertorriqueña representa un ejemplo luminoso de lo mejor y más sacrificado de nuestra tradición patriótica y libertaria, y el americano la reivindicación de una noble y solidaria tradición antiimperialista en su propio país. Trabajemos para que esta coincidencia física y espiritual sea el verdadero augurio de los nuevos tiempos.