El reto del momento

El reto del momento

Fernando Martín García
Presidente Ejecutivo PIP
viernes, 17 de agosto de 2001

ES EVIDENTE que el Gobierno de Puerto Rico se enfrenta con un panorama de profunda crisis a todo lo ancho de su gestión pública. La "reforma" del sistema de salud ha sido un fracaso y requiere una transformación total en su diseño y concepción.

La privatización de la Autoridad de Acueductos también ha fracasado y requiere -no mayor privatización- sino la creación de una nueva autoridad pública -ágil y moderna- para enfrentar este problema que nos afecta a todos individualmente y a nuestro potencial de crecimiento económico. La economía está estancada y se impone una nueva estrategia de desarrollo que reclame poderes y que combata la dependencia e integre a Puerto Rico al mundo.

El armazón colonial carcomido y obsoleto se nos viene encima y se hace impostergable la toma de iniciativas audaces para ponerle fin a nuestra bochornosa y asfixiante subordinación política.

A este catálogo alarmante -aunque solo señaló algunas de las áreas más críticas- se le añade la crisis de Vieques. Lo que caracteriza este problema, al igual que el de la descolonización, es que, distinto a los otros, los esfuerzos personales de la gobernadora Sila María Calderón constituyen el noventa por ciento de la gestión gubernamental.

Para enfrentar el problema del agua, de la salud, y de la educación, por ejemplo, la Gobernadora cuenta con sus departamentos de gobierno, con miles de profesionales capacitados y con un presupuesto de más de veinte mil millones de dólares.

En el caso de Vieques -porque del status hablaremos en otras columnas- no hay estructura burocrática que valga. En este problema ella tiene que dirigir y ejecutar. El manejo gubernamental de este tema no puede ser delegado ni subcontratado, tiene ella misma que ser el motor y el portavoz de su pueblo. Su responsabilidad es intransferible.

El 29 de julio -a iniciativa de la Gobernadora- se celebró un referéndum en Vieques en el cual el pueblo votó abrumadoramente a favor de la alternativa del cese inmediato de las maniobras militares y la devolución y limpieza de los terrenos ocupados por la Marina. Varios días después la Marina contestó al reclamo del pueblo y del gobierno llevando a cabo en Vieques las más intensas maniobras de los últimos años.

Terminadas estas maniobras -con su ya tradicional secuela de arrestos y encarcelamientos de desobedientes civiles que ha sumado a los alcaldes de Vieques y de Ponce a la lista de honor de los que han sufrido cárcel por la paz de Vieques- se nos anticipa que la Marina habrá de volver a la carga en septiembre. Persiste el Gobierno de los Estados Unidos en la violencia, la tiranía y la represión, y persiste nuestro pueblo y sus instituciones en la desobediencia civil pacífica. Se fortalece la presencia de los líderes religiosos con el encarcelamiento del reverendo Wilfredo Estrada a quien su compañero de prisión Rubén Berríos me describió como un "espíritu iluminado por la fe y el amor".

Pero, ¿y el gobierno? ¿Dónde ha estado la Gobernadora desde el 29 de julio? Desafortunadamente, salvo por varios anuncios publicados en algunos rotativos en los Estados Unidos, la impresión que se genera tanto por su inacción como por la retórica empleada por la Gobernadora y el Comisionado Residente es que prevalece la resignación y el derrotismo. Es como si pensaran "sigamos insistiendo para el expediente en que queremos que se vayan ahora, pero resignémonos a que no hay nada más que se pueda hacer para lograrlo".

Dios quiera que esta percepción no refleje la realidad. El pueblo de Vieques -y el pueblo puertorriqueño entero- no se merece una deslealtad y una tomadura de pelo de esta envergadura. Si la percepción de resignación y derrotismo no es reflejo de la realidad entonces la Gobernadora -personalmente- tiene que ejercer su liderato de manera pública y protagónica.

La Gobernadora debe trasladarse de inmediato a Washington. Debe reunir allí -en una magna conferencia de prensa ante los más importantes medios norteamericanos e internacionales- a sus más importantes aliados políticos en esta lucha en los Estados Unidos: al gobernador George Patakis, a la senadora Hillary Clinton, a líderes legislativos del caucus negro e hispano y a líderes religiosos, cívicos y laborales.

EN DICHA conferencia -que debe ser parte de un calendario estructurado que lleve a la Gobernadora a comparecer a los principales programas de entrevistas de la televisión de Estados Unidos- debe exponer sus gestiones sobre Vieques denunciando la falta de respeto por parte del Gobierno de los Estados Unidos a la voluntad del nuestro pueblo, debe exigir de inmediato una reunión de emergencia con el presidente Bush, y debe anunciar su intención de requerir la intermediación de la comunidad internacional si los Estados Unidos persiste en continuar violentando nuestros derechos humanos y nuestra voluntad democrática.

George W. Bush solo cederá ante nuestro reclamo cuando el precio político de no hacerlo se vuelva impagable. Solo la desobediencia civil de los puertorriqueños y la disposición de la Gobernadora de arreciar y ampliar su denuncia y su exigencia podrán lograrlo.

Los presos están. Ahora le toca a la Gobernadora ejercer su liderato. Si actúa con valentía y decisión habrá de lograr un triunfo trascendental para la justicia y para su pueblo.