¿Dónde estamos?

¿Dónde estamos?

Por Senador Fernando Martín García
Presidente Ejecutivo del PIP
12 de octubre de 2001

Ayer se cumplió un mes desde los trágicos episodios terroristas en Nueva York y Washington. Hemos podido observar con creciente preocupación las peligrosas y alarmantes ramificaciones de estos eventos tanto en el mundo en general, como en Puerto Rico en particular.

Al Gobierno de Estados Unidos le correspondía ejercer infinito cuidado en no hacerle el juego a los que planificaron los actos del 11 de septiembre. Desafortunadamente, no lo ha ejercido. Es evidente que los ataques terroristas ¾más allá de motivaciones revanchistas¾ perseguían objetivos políticos cónsonos con el proyecto estratégico de los fundamentalistas islámicos. Este proyecto, como se sabe, busca hacer de los países musulmanes estados islámicos cerrados a las influencias culturales occidentales, centrados en una interpretación extremista de sus textos religiosos y donde el estado secular esté subordinado a las instituciones religiosas.

Una reacción militar unilateral de los Estados Unidos atacando objetivos en Afganistán (y luego quizás en otros países musulmanes), con su secuela inevitable de muertes de civiles inocentes era la reacción que los terroristas anticipaban y deseaban. Ello en la esperanza de que tales acciones por parte de Estados Unidos desestabilizaran a los regímenes aliados de los americanos en los países musulmanes, y a mediano plazo, introdujeran una cuña entre Estados Unidos y sus aliados europeos al verse estos arrastrados hacía el vórtice de la confrontación armada y del terrorismo en sus propias capitales.

La respuesta adecuada y necesaria no era la inacción, pero tenía que plantearse como una iniciativa combinada de la comunidad internacional (a través de la ONU y sus organismos) e integrada con una reevaluación de la política exterior de los Estados Unidos tanto hacia el problema palestino como frente al embargo económico a Iraq. Ambos son úlceras abiertas en el costado de la sensibilidad de las comunidades musulmanas en todo el mundo. Ambas han sido políticas equivocadas de los Estados Unidos, y en ambas Estados Unidos ha ido perdiendo la solidaridad tanto de los países europeos como de la comunidad internacional en general. La "guerra contra el terrorismo" va por mal camino.

En Puerto Rico, los eventos del 11 de septiembre han generado la angustia y la ansiedad que eran de esperarse y habrán de producir consecuencias económicas adversas, particularmente en sectores como el turismo.

A la Gobernadora Calderón le ha servido de pretexto para anunciar que abandona la lucha de Vieques porque no "hay ambiente" en Washington para continuar reclamando el cese inmediato de las maniobras en Vieques, resignándose así a la patética ilusión de que se cumplan las directrices presidenciales de Clinton ¾con referéndum y todo¾ esgrimiendo los mismos argumentos de Rosselló: que se trata del "menor de dos males".

No se da cuenta la Gobernadora de que una vez que uno anuncia esa postura ¾como hizo ella en miércoles pasado ante varios líderes viequenses¾ está obligada a bombardino, a aceptar cualquier propuesta que sea "mejor" que la bala viva para siempre. Si mañana le ofrecen cambiar la fecha de salida en el referéndum al 2024 en vez del 2003 tendrá que aceptarlo ya que este sería "el menor de dos males" frente a que no haya fecha cierta alguna.

Esa flojera de propósito, esa debilidad de voluntad, esa actitud de rendición la han captado ya hace tiempo en Washington. Y la habían captado mucho antes del 11 de septiembre.

El momento requería lo contrario: ante la comprensible falta de interés en Washington en estos días a todo lo que no sea la guerra en Afganistán, lo que tenía que hacer el gobierno de Puerto Rico era redoblar su exigencia de que se cumpliera la voluntad expresada por los viequenses en la votación del 29 de julio. La Gobernadora ha guardado silencio cuando lo que había que hacer era hablar con más fuerza y volumen.

Sin la presión del gobierno de Puerto Rico ya el Presidente Bush tiene menos razones para no complacer a sus mandos militares en el asunto de Vieques.

El miércoles pasado en La Fortaleza, la Gobernador Calderón regañó, intimidó y amenazó a los líderes viequenses.¡Qué pena que en vez de volcar su furia sobre las víctimas no se hubiera enfrentado con el Presidente Bush en defensa de Vieques y de Puerto Rico!