Manga por Hombro

Por Sen. Fernando Martín García
Presidente Ejecutivo del PIP
26 de octubre de 2001

 No cabe duda que el triunfo electoral de la señora Calderón llenó de ilusión a cientos de miles de puertorriqueños. No todos los votantes opositores al gobierno de Rosselló sin embargo, sucumbieron a los cantos de sirena de doña Sila; prueba de ello es que el PIP aumentó tanto su voto íntegro como su voto a la gobernación en casi un cuarenta por ciento a pesar de los abiertos esfuerzos de seducción política por parte de la campaña de la hoy gobernadora hacia los independentistas más ingenuos. Pero es evidente que la mayoría del electorado independiente que le dió a Rosselló el inmenso margen de triunfo de las elecciones de 1996 se desbordó a favor de la señora Calderón en las elecciones anteriores.

Ese voto dado a la Gobernadora por electores que no eran populares -y que significó la diferencia entre ganar y perder- fue no sólo un voto de protesta contra el gobierno anterior sino también un voto de esperanza en que la señora Calderón cumpliría cabalmente sus promesas de campaña y que encaminaría a Puerto Rico por un nuevo rumbo de cambio positivo en todos los órdenes.

Entre esos electores -y en Puerto Rico en general- cunde hoy la decepción y la frustración. Hay la sensación de que el país ha sido víctima de una gigantesca tomadura de pelo.

En las dos áreas que sirven de barómetro de su voluntad de cambio y de su compromiso de lucha -es decir, en lo referente a Vieques y en lo referente al problema del status- el desempeño de la Gobernadora ha sido verdaderamente lastimoso. En lo de Vieques, claudicación y en lo del status, parálisis. En lo de Vieques resignación rossellesca al "menor de dos males" (excluyendo siempre la alternativa de continuar luchando), y en lo del status posposición indefinida que revela el remoto lugar que este fundamental problema ocupa en su lista de prioridades políticas.

Pero lo anterior es sólo la mitad de la tragedia; igualmente decepcionantes han sido las ejecutorias (o ausencia de ellas) del gobierno de la señora Calderón en áreas tan vitales de nuestra vida como lo son la salud, la educación, y el alarmante problema del agua.

La candidata Calderón prometió reformar la reforma de salud. Esa reforma de la reforma ni la hemos visto ni podemos anticiparla. Todas las propuestas de cirugía radical (que han venido tanto del PIP como de sectores a lo interno del PPD) han encontrado oídos sordos ante una administración que se empecina en persistir por el fallido camino trillado por el anterior gobierno. Tenemos hoy -y tendremos mañana- la misma "reforma" de Rosselló pero cada vez más costosa, más ineficaz y más excluyente.

El sistema de educación pública, a pesar de la infinita superioridad del actual Secretario en comparación con el anterior, no ha logrado articular un proyecto de trasformación institucional que permita siquiera visualizar alguna claridad al final del túnel. El burocratismo, la marginación de los maestros, el deterioro de la planta física, los bajos rendimientos académicos y la falta de un sentido real de misión y propósito siguen siendo las deprimentes características de este atroz fracaso de la responsabilidad fiduciaria que lleva ya tantos años.

En lo que al agua se refiere la Gobernadora Calderón ha descubierto que ella piensa igual que Rosselló, pero con la diferencia de que Rosselló fue demasiado tímido al privatizar la AAA tan sólo parcialmente. La propuesta del nuevo gobierno es privatizar más y por más tiempo. No se sorprenda nadie si a la desacreditada Compañía de Aguas (a quien ya le renovaron temporeramente el contrato) le extienden uno nuevo, más abarcador, por los próximos diez años. En este caso, como en el de la Telefónica, la privatización continua su marcha acelerada.

Y no es que uno pretenda que en diez meses se enderecen todos los entuertos; pero al menos uno esperaría que el plan de acción para los próximos años estuviera claramente articulado, y que los pasos que se están dando condujeran en la dirección que tal plan apuntara. Aquí ni hay cambio, ni hay propuestas de cambio. Todo sigue hoy igual que ayer, y todo indica que mañana será igual que hoy.

No hay triunfo sin lucha. Pero no puede haber lucha si las dificultades se convierten en pretexto para no actuar. El domingo pasado Rubén Berríos fue huésped de honor en una reunión de la Internacional Socialista en Managua, Nicaragua, que reunió a decenas de líderes latinoamericanos en solidaridad con el Frente Sandinista de cara a las elecciones que habrán de celebrarse allí el 4 de noviembre. En una resolución sobre Puerto Rico aprobada en dicha reunión el Comité para América Latina y el Caribe de la Internacional Socialista advertía contra el uso de "cualquier pretexto para desconocer el mandato del pueblo de Vieques" en su votación masiva del 29 de julio a favor del cese inmediato y permanente de las maniobras militares y la devolución de los terrenos ocupados por la Marina. Al que le caiga el sayo, que se lo ponga.

Las dificultades -en cuanto a Vieques y al status, al igual que en cuanto a la salud, la educación, y la lucha contra la privatización -no pueden ser la excusa para no atenderles sino el motivo para enfrentarlos con aun más determinación y valentía.

¡Quién iba a decirlo! A menos de un año de su primer cuatrienio, a la Gobernadora Calderón ya se le está haciendo tarde.