Pereira, Vieques y algo más

Pereira, Vieques y algo más

Por Senador Fernando Martín
7 de diciembre de 2001

La Gobernadora de Puerto Rico ha desarrollado una afinidad tal con el Presidente Bush que ya no solamente endosa incondicionalmente cualquier posición asumida por éste sino que incluso se anticipa a sus deseos.

La disposición a subordinar los intereses de Vieques -y de Puerto Rico- a los intereses de la Marina en Puerto Rico quedó de manifiesto una vez más con la designación del Lcdo. Miguel Pereira como nuevo Superintendente de la Policía. Vivimos un momento crucial donde las voluntades del pueblo de Puerto Rico y del gobierno de los Estados Unidos están encontradas sobre el tema de Vieques. Los protagonistas del lado norteamericano en este conflicto han sido las fuerzas armadas, la fiscalía federal, y el FBI. A la Policía de Puerto Rico le ha tocado un rol delicadísimo en esta controversia -por estar en el medio entre las verjas y los desobedientes- que ha sido objeto de innumerables debates en los últimos tres años y que ha generado un profundo y justificado resentimiento entre los viequenses. La pregunta es clara, ¿de qué lado está la Policía de Puerto Rico?

En esta coyuntura decisiva la Gobernador designa como nuevo Jefe de la Policía a una persona cuyas características más sobresalientes son precisamente que ha sido un oficial de las fuerzas armadas, un fiscal federal, y quien es además el marido de la Directora del FBI en Puerto Rico.

¿Qué posible explicación puede tener esta última bofetada en pleno rostro de una opinión pública que se opone a que la Policía de Puerto Rico se convierta en alguaciles de la Marina en Vieques?

Se trata simple y llanamente de un acto de sumisión al Presidente dirigido a comunicar inequívocamente la disposición de colaboración del Gobierno de Puerto Rico con los intereses de la Marina. En este sentido la Gobernadora se adelantó a la nueva posición del Presidente Bush -transmitida esta semana al Comité de Defensa del Senado de Estados Unidos -de que la Casa Blanca favorece que sea el Secretario de la Marina, quien decida finalmente la fecha de la salida de la Marina de Vieques, si alguna. Doña Sila, al nombrar a Pereira, se anticipó al cheque en blanco que el Presidente quiere emitirle a la Marina. Las primeras expresiones públicas de Pereira confirman elocuentemente la nueva política de mano dura de la Policía de Puerto Rico en cuanto a los desobediente civiles en Vieques concierne.

Mientras tanto, en Washington, el Comisionado Residente Acevedo Vilá comenta con patética resignación que por culpa de Bin Ladin el gobierno de Puerto Rico habrá de aceptar finalmente lo que sea que allá decidan. ¡Que bien le ha venido Bin Ladin a los colonialistas del patio! Es ahora el argumento favorito para justificar el servilismo y la inacción en todos los frentes; desde Vieques hasta el status.

El liderato de PNP, por su parte, cegado por la frustración y el partidismo, vuelve de Washington consternado porque encontraron allí la "percepción" de que Puerto Rico y Estados Unidos se están alejando. Es sin duda cierto que de la misma manera que la lucha por Vieques ha incrementado en Puerto Rico la conciencia sobre la realidad de la subordinación y el coloniaje, en Washington ha agudizado la conciencia de que la lealtad fundamental de los puertorriqueños es hacia Puerto Rico y de que hay temas en que los intereses de ambos países son conflictivos. Esa realidad subraya entonces la incompatibilidad entre nuestra nacionalidad y cualquier proyecto anexionista. Lo que resulta risible es que lo anterior el PNP se lo adscriba al desempeño de la Gobernadora. Si hay crisis en la relación no es por causa de la Gobernadora sino a pesar de ella. Como cuestión de hechos ella ya no encuentra de qué otra manera manifestar su lealtad absoluta a la ciudadanía que tanto "atesora" y a la "defensa común" que tanto reafirma. La presencia de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Puerto Rico no tiene mayor aliado que Sila Calderón. En cuanto a Vieques su posición, después de todo, es idéntica a la de Rosselló y el PNP en sus peores momentos.

La designación del licenciado Pereira, por otro lado, es doblemente alarmante porque además de lo que representa y anticipa con respecto a Vieques, constituye también una amenaza a la protección de los derechos civiles de nuestra población, particularmente de aquellos que por ser independentistas u opositores a la Marina cualifican ahora ¾una vez más¾ como subversivos o traidores.

El nuevo clima de intolerancia y discriminación generado por la nueva legislación adoptada en los Estados Unidos ampliando los poderes investigativos del FBI, y las directrices del Secretario de Justicia Ashcroft autorizando la creación de tribunales militares para ciertos casos vinculados a la "seguridad nacional" debería ser motivo de profunda preocupación. En un país como el nuestro, donde un clima similar ¾en la época del macartismo ¾sirvió de pretexto y de motivo para la persecución sistemática contra el independentismo y la disidencia, tanto por parte de la policía local como del FBI, sobran las razones para sentirse amenazado.

Perdió la oportunidad la Gobernadora para haber respondido a esta tormenta en ciernes nombrando a una persona cuya independencia de criterio frente al gobierno federal y cuyo compromiso con los derechos civiles y con el respeto a la voluntad de los viequenses fueran sus atributos más evidentes.

Pero el nombramiento de Pereira por la Gobernadora también es indicativo de otras decisiones. El insulto y el desprecio a los luchadores por Vieques implícito en la designación es tan dramático que sólo puede entenderse -además de cómo un gesto de sumisión a la Marina para consumo en Washington- como una señal -para consumo en Puerto Rico- de que es incompatible ser buen puertorriqueño (por no decir buen Popular) con asumir una posición militante en contra de la Marina en Vieques.

Como buena mujer de negocios, la Gobernadora ha "tirado a pérdidas" la causa de Vieques y ha comenzado una política dirigida a aislar a los opositores de la Marina para luego entonces tildarlos de enemigos del pueblo. Doy la voz de alerta.