Un triunfo

Un triunfo

Por Sen. Fernando Martín
Presidente Ejecutivo del PIP
1ro de febrero de 2002

EL VIERNES pasado Vance Thomas y este servidor comparecimos a la sala del juez Héctor Laffitte en el Tribunal Federal para enfrentar -sin levantar defensas de clase alguna- una solicitud de la Fiscalía federal de que se nos encontrara culpables de desacato por no haber pagado la multa que el juez Laffitte nos había impuesto en el verano del 2000 por haber llevado a cabo actos de desobediencia civil en los terrenos ocupados por la Marina en Vieques.

La moción de Fiscalía solicitaba la imposición de penas de hasta $10,000 de multa y hasta un año de cárcel.

Al recibir la notificación de Fiscalía y luego la citación del tribunal, Vance y yo reiteramos públicamente lo que ya habíamos dicho cuando fuimos sentenciados originalmente: que no habríamos de pagar la multa y que no colaboraríamos voluntariamente con la imposición de castigo alguno. Insistimos que preferimos ir a la cárcel nuevamente que pagar una multa porque no le reconocíamos legitimidad a la jurisdicción del Tribunal Federal sobre nuestra conducta de desobediencia civil en Vieques.

Por esa misma razón habíamos rehusado pagar la modesta fianza que se nos impuso luego de nuestro arresto en Vieques -lo que llevó a que fuéramos encarcelados con antelación al juicio- y rehusamos levantar defensa legal de clase alguna durante el proceso judicial en el que fuimos convictos. Nuestra posición, por lo tanto, era clara, firme y plenamente avalada por nuestra conducta previa, como la había sido también la de los cientos de dirigentes locales del PIP que habían sido encarcelados en los últimos dos años, dándole así seguimiento a un tracto que comenzó con el encarcelamiento de Rubén Berríos en Culebra, en 1971, por su presencia en los terrenos que entonces ocupaba la Marina en esa isla municipio. Fue entonces que el Presidente del PIP acuñó la consigna de que "violar la ley del imperio es cumplir la ley de la patria".

La vista del viernes pasado, particularmente a la luz de la agresiva moción del Gobierno de los Estados Unidos, parecía indicar, por lo tanto, un renovado ánimo de confrontación contra el liderato del PIP. Más aún, la solicitud de Fiscalía amenazaba con la cárcel por lo que en efecto resultaban ser razones exclusivamente vinculadas a nuestras ideas políticas y nuestras posiciones de conciencia.

Teniendo el tribunal métodos civiles para cobrar sus multas -embargando nuestros salarios por ejemplo- que no requerían colaboración nuestra de clase alguna y a las cuales nosotros no podríamos objetar por estar comprometidos a no levantar defensas legales, el tribunal parecía aprestarse a imponernos un castigo de cárcel por no reconocer la legitimidad de su jurisdicción sobre nuestra conducta de desobediencia civil en Vieques.

Si un tribunal, pudiendo sentenciar a un Adventista del Séptimo día a trabajos forzados los viernes, lo sentencia a que los realice el sábado -so pena de prisión- a sabiendas de que las convicciones religiosas de ese acusado lo obligan a guardar los sábados, sería inescapable la conclusión de que enviarlo a la cárcel por rehusar laborar el sábado es, en efecto, un castigo por sus convicciones religiosas.

Las consecuencias de la vista del viernes, por lo tanto, envolvían mucho más riesgos para las libertades de los puertorriqueños que el mero encarcelamiento de Vance Thomas o de Fernando Martín. Estaba por abrirse un nuevo capítulo en la larga historia -que apenas se estaba superando- de perseguir y encarcelar a independentistas por sus ideas políticas.

PARA NUESTRA sorpresa, nos dimos cuenta con asombro y satisfacción apenas comenzó la vista, que el Gobierno de los Estados Unidos y el Tribunal Federal habían decidido variar el rumbo de confrontación por el cual se habían encaminado. Desistieron de la imposición de penalidades y optaron por emprender la ruta de los embargos. Escuché atónito al juez Laffitte reconocer que la vía del embargo a nuestros salarios era la acción apropiada, puesto que de esa manera el tribunal no interfería con las posiciones de conciencia de los acusados.

Este cambio de rumbo del tribunal, que resultó en tan gran triunfo para la lucha por Vieques y para las libertades de todos los que nos oponemos al dominio colonial en Puerto Rico se debe sin duda a múltiples factores, no siendo el menos importante las recientes revelaciones de pillaje y corrupción que habrían convertido en grotesco que Vance y yo fuéramos encarcelados mientras se negocian inmunidades y reducciones de sentencias con los recién identificados ladrones.

Pero la razón fundamental del triunfo -y no se me escapa la ironía de que obtuvimos una victoria legal sin defendernos y sin reconocer la jurisdicción del tribunal- es la persistencia y la constancia en las posiciones de principios.

La valentía y el desafío que han desplazado tanto Carlos Zenón y su hijo Yabureibo como Tito Kayak, por sólo mencionar los que ahora mismo están presos, y la disposición a persistir en la desobediencia civil que ha manifestado tanto el PIP como los viequenses y otras organizaciones patrióticas, cívicas y religiosas son la clave de este triunfo y de los que están por venir. Queda claro que no hay redención sin disposición al calvario. Lo demás es la claudicación y la sumisión que sólo puede llevar a la derrota de las causas nobles de nuestro pueblo.