Luz al final del túnel

Luz al final del túnel

Por Sen. Fernando Martín
Presidente Ejecutivo
Partido Independentista Puertorriqueño
15 de febrero de 2002

El miércoles de la semana pasada la prensa del país reseñó una importante información con respecto a Vieques que pasó mayormente desapercibida dentro del torbellino de acusaciones y contra acusaciones sobre corrupción que azota a Puerto Rico.

Tanto El Nuevo Día como El Vocero cubrieron la vista pública llevada a cabo en Washington el 5 de febrero ante el Comité de Fuerzas Armadas del Senado en que el notorio Senador Inhoffe -aliado incondicional de los sectores más primitivos de la marina- interrogó agresivamente al Secretario de la Defensa, Donald Rumsfeld sobre el futuro de los entrenamientos militares en Vieques.

Para sorpresa de muchos, las contestaciones de Rumsfeld contradecían abiertamente las premisas y el tono beligerante de las preguntas de Inhoffe. Rumsfeld proyectó -con absoluta serenidad- que el posible cierre del polígono de tiro de la Marina en Vieques no presentaba mayores problemas y que ahora existían opciones "tecnológicos" que hacían posible lograr los objetivos de entrenamiento que tradicionalmente se han utilizado para justificar la permanencia de la Marina.

El Nuevo Día reseñaba además que el mismo día de las vistas el influyente periódico The Hartford Courant -que ha seguido muy de cerca el tema de Vieques- publicó un editorial denunciando como falsos los viejos argumentos de la Marina de que los bombardeos y las maniobras en Vieques eran indispensables. Señalaba el editorial que el hecho de que las maniobras de noviembre y las de enero -en plena guerra- se habían llevado a cabo en las costas de los Estados Unidos era prueba irrefutable de que ya existían alternativas viables para los entrenamientos de la Flota del Atlántico.

La corresponsal de El Vocero fue aun más lejos afirmando que sus fuentes en el Pentágono le habían indicado que existían "instrucciones" a los efectos de que la Marina no volviera a hacer ejercicios en Vieques salvo que se diera una "emergencia nacional" no anticipada.

En el día de ayer la prensa volvió a reseñar las comparecencias del Pentágono ante el Congreso llevadas a cabo antes de ayer, esta vez en la Cámara de Representantes federal. Una vez más, por voz del Secretario de la Marina, Gordon England, se volvió a proyectar tanto la imposibilidad de reanudar el uso de bala viva en Vieques (y la consiguiente inutilidad práctica de ese campo de tiro para la Marina) como la desesperación de los aliados incondicionales de las fuerzas armadas quienes "amenazaban" con que a la salida de la Marina de Vieques le seguiría el cierre de la base de Roosevelt Roads.

Este conjunto de informaciones tiene la mayor trascendencia y constituye evidencia adicional de que ante el temor de una renovada campaña de desobediencia civil (como han anticipado los luchadores viequenses y el PIP al igual que las demás organizaciones religiosas, cívicas y patrióticas que así se han comprometido) el gobierno de los Estados Unidos está seriamente considerando cesar sus prácticas en Vieques aun antes del año 2003. Así lo implicó con toda claridad el Secretario England.

El contexto de esa decisión, que de tomarse sería a pesar de la actitud de resignación sumisa de la Gobernadora Calderón, tiene que ver fundamentalmente con consideraciones político electorales del Presidente Bush en el marco de las próximas elecciones congresionales de este próximo noviembre y de cara a las presidenciales del 2004.

No cabe duda de que el detonador político de esa bomba electoral lo es la desobediencia civil pacífica porque sin la publicidad adversa para el Presidente que dichas protestas generan en los medios norteamericanos e internacionales la realización de las maniobras pasaría sin pena ni gloria.

Ya sabemos que la Marina ha encontrado -y utilizado- lugares alternos a Vieques. Se vio obligada a hacerlo durante aquel largo año desde mayo de 1999 hasta mayo del 2000 en que Rubén Berríos, al que el entonces Presidente Clinton se refería, frustrado, como "ese hombre en la playa" montó campamento en el corazón de la zona de tiro en Vieques. Ese año sin prácticas fue el primer indicio fehaciente de que la Marina alteraría su comportamiento si la resistencia de los puertorriqueños -a través de la acción directa y la disposición a ser encarcelados- los forzaba.

La militancia y la voluntad reiterada de enfrentar las maniobras con la desobediencia civil pacífica selló la suerte de la Marina en Vieques. Advierto, sin embargo, que no sería la primera vez que una prematura sensación de la inevitabilidad del triunfo le haga el juego al adversario. Aquella vieja frase de "persíguelo que va herido" es de plena aplicación en este caso. Es sólo el temor a la publicidad adversa y a sus consecuencias electorales lo que los detiene.

El futuro es nuestro si aceleramos la marcha y redoblamos el compromiso de resistencia. La escritura está en la pared. Una vez más, ante la claudicación del gobierno de turno ha sido el pueblo en lucha quien ha salido por sus fueros.