La dignidad tiene voz

La dignidad tiene voz

Por Senador Fernando Martín
Presidente Ejecutivo
Partido Independentista Puertorriqueño
12 de abril de 2002

Antes de ayer el Tribunal Federal condenó a treinta días de cárcel a la Vice Presidenta del PIP, María de Lourdes Santiago, y a las otras cuatro mujeres de nuestro partido que habían penetrado en los terrenos restringidos de la Marina en Vieques el 1ro de abril. En el juicio en que estas compañeras no levantaron defensa alguna por no reconocer la legitimidad de la jurisdicción del tribunal sobre sus actos de desobediencia civil pacífica, María de Lourdes se dirigió al tribunal tanto a nombre propio como a nombre de Irma Rodríguez, de Maribel Arroyo, de Myrna Rodríguez y de María Elena Negrón.

Esto dijo María de Lourdes ante la mirada colérica en algunos y aborchornada en otros de los funcionarios federales que estaban en sala:

"En muchas ocasiones comparecí ante este tribunal como abogada de los desobedientes civiles del Partido Independentista Puertorriqueño. Hoy es mi privilegio comparecer como parte de los que violaron la ley del imperio para cumplir la ley de la patria. Me honra además, haber compartido prisión y ser hoy juzgada junto a cuatro mujeres extraordinarias por lo que para el gobierno norteamericano es un delito y para los puertorriqueños un deber: reclamar paz para Vieques.

Aunque seamos nosotras las acusadas, lo que está verdaderamente en juicio en esta mañana, y cada vez que un puertorriqueño es juzgado por entrar a la zona restringida en Vieques, es el sistema de subordinación política que permite la aplicación de leyes injustas y abusivas y condena a quienes las enfrentan.

Vieques es la representación más precisa de lo que significa para los puertorriqueños vivir en un país en el que mandan otros; el recordatorio más claro del yugo impuesto a nuestro pueblo. La dominación política, la emboscada sicológica que se vive en todo nuestro territorio, se concretiza en Vieques a través del bombardeo que ultraja la tierra y lastima a nuestra gente.

Pero la rueda de la historia no se detiene, y cuando una bomba de la Marina de los Estados Unidos mató a un puertorriqueño, cayó la venda que cubría aún los ojos de muchos, y Vieques se mostró como lo que es: la herida más abierta y más dolorosa de nuestro país.

Comenzó entonces una lucha de una intensidad hasta entonces desconocida en Puerto Rico. Hombres y mujeres de todas las ideologías hicieron suya la consigna de Paz para Vieques. Marchas, demostraciones, pegadizos, cartas; el silencio de 60 años había terminado. Aún el gobierno de Puerto Rico promovió legislación, fue a los tribunales y auspició un referéndum antes de su claudicación definitiva con la que selló para la historia su papel de quien debió y pudo hacer lo que no hizo.

Más que ninguna otra forma de expresar el repudio al abuso de la Marina, la desobediencia civil se convirtió en el desafío más frontal y eficaz. Los 362 días de Rubén en la playa, al frente del campamento del Partido Independentista Puertorriqueño, la proliferación de campamentos de grupos religiosos, cívicos, sindicales, puso en jaque a la Marina del imperio más poderoso. Tras los desalojos del cuatro de mayo, la persistencia de la desobediencia civil -aún después de la imposición de cárcel a muchos desobedientes- dejó demostrado que tras la estela de destrucción de cada sesión de maniobras, nacía un nuevo afán de lucha y se redoblaba la esperanza.

La Marina, preparada para tantas batallas, se ha topado con un adversario al que no puede subyugar. ¿Con cuál de sus aviones puede hacer un blanco en nuestra fe? ¿Cuál de sus veloces embarcaciones dará caza al espíritu de un pueblo? En esta lucha desigual, ha resultado que las armas del pueblo puertorriqueño -las de la indignación, las de la moral- son las de la victoria.

Esto lo sabe Puerto Rico y lo sabe el mundo entero. Cada vez que un marino interviene con un desobediente civil, lo que el mundo ve es a los Estados Unidos poniendo bajo arresto a la justicia. Cada vez que un policía militar, protegido por sus verjas y sus serpentinas, lanza gases y balas de goma a manifestantes y periodistas, lo que se proyecta es al gobierno norteamericano agrediendo los deseos de paz de los puertorriqueños.

La herida de Vieques ahora es compartida: a nosotros nos sigue lastimando la permanencia de la Marina y la continuación del bombardeo en contra de la voluntad de un pueblo; pero también lesiona a los Estados Unidos al revelarse como el tirano que a la moral responde con violencia.

Este tribunal tiene ante sí cinco mujeres profundamente orgullosas de lo que hemos hecho. Cinco mujeres que no creen en dejar el destino de Vieques al azar de una mirada o a la vaguedad de una promesa a medias.

Siguiendo el ejemplo de nuestro líder, Rubén Berríos Martínez, y de los muchos desobedientes civiles de nuestro partido, hemos puesto palabra y acción en el mismo sitio. Nuestra es la satisfacción del deber cumplido."

Al terminar María de Lourdes, el Juez Casellas, quien hasta el 11 de septiembre había sido el menos cínico de entre los verdugos, invocó estremecido el deber patriótico de los cuidadanos de los Estados Unidos por encima de toda otra consideración, distorcionó la historia señalando a Ghandi como aliado de los ingleses en la India, y ordenó el reingreso inmediato de las compañeras a la cárcel. Menos mal que para cada gesto de sumisión hay quien contraponga la dignidad y el decoro.