La agonía del estadoísmo

La agonía del estadoísmo

Por Fernando Martín
Presidente Ejecutivo
Partido Independentista Puertorriqueño
10 de mayo de 2002

La evidente crisis política por la cual atraviesa el Partido Nuevo Progresista (PNP), es decir, el movimiento estadista organizado, no es tan solo de carácter momentáneo o conyuntural, sino que -para usar la jerga de los economistas con respecto al presupuesto- se trata de una crisis estructural.

No cabe duda de que elementos de coyuntura han contribuido a precipitar la crisis en el PNP. La derrota electoral ha diezmado sus cuadros y su influencia en los Estados Unidos, mientras que las continuas revelaciones sobre la corrupción gubernamental durante sus ocho años de gobierno, sumados al abandono del barco por el capitán Pedro Rosselló, han generado una profunda desmoralización y frustración entre sus seguidores.

El descrédito de mucho de su liderato tradicional junto a la debilidad e inseguridad que exhibe su actual Presidente ante la orgía de canibalismo político en que está sumido tanto el Directorio como sus delegaciones legislativas en Cámara y Senado, completan el cuadro de confusión y despropósito que describe al PNP en este momento.

El renacimiento de un pitiyanquismo de derecha, irredento, incoherente y virulento, no es más que una de las manifestaciones de esa combinación de desesperación e impotencia que normalmente acompañan el agónico proceso de implosión que hoy protagoniza el partido que otrora fuera dueño y señor de la política puertorriqueña.

Pero sería un grave error atribuir la crisis tan solo a los factores que he enumerado. La verdadera causa y naturaleza de la crisis debemos encontrarla en el colapso del proyecto anexionista en Washington y en Puerto Rico durante los últimos diez años, desde que asumió el poder el doctor Rosselló hasta estos días.

Una vez que Rosselló consolidó su poder sobre el Partido Demócrata local a mediados de su primer cuatrienio y selló su alianza política con el ex presidente Bill Clinton todo parecía augurar una década de éxitos sin precedentes para el proyecto anexionista.

Atrás quedaban los reveses sufridos por la estadidad en Washington durante la discusión del Proyecto sobre status presentado por el senador federal Bennet Johnston de 1989 al 1991 cuando el PNP estaba fuera del poder. La derrota del Partido Popular Democrático (PPD) y el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) en el Referéndum del "Sí o el No" en 1991 y el triunfo electoral de Rosselló en el 1992, creaban un nuevo impulso político en el país.

A pesar de la derrota en el plebiscito de 1993, Rosselló cogió un segundo aire y logró su espectacular triunfo electoral de 1996.

Todo le sonreía al PNP. El vertiginoso desarrollo de la economía en los Estados Unidos generó crecimiento económico en Puerto Rico. Rosselló tenía importantes aliados en el Congreso, y el Presidente Clinton daba muestras públicas de su simpatía por la estadidad y de una accesibilidad privilegiada al Gobernador de Puerto Rico.

A pesar de todas estas ventajas inusitadas sin embargo, la decisión del PNP de embarcarse por la ruta del Proyecto Young resultó ser la más desacertada y contraproducente que pudo haber tomado.

Gracias a ella se generó un proceso de examen en el Congreso sobre el tema de la estadidad que resultó en un fracaso tan estrepitoso que sirvió para subrayar ante nuestro pueblo la imposibilidad de adelantar en Washington el proyecto anexionista aún en circunstancias tan propicias como las que existían en aquel momento.

Al finalizar ese proceso, en 1998, quedó establecido, no solamente que la única ruta viable para el desarrollo del Estado Libre Asociado (ELA) tendría que ser hacia una verdadera libre asociación, sino que la estadidad no sería posible sin que se dieran condiciones que no podrían materializarse siquiera en el futuro lejano. Es por ese resultado del Proyecto Young que la estadidad no pudo ganar el plebiscito de 1998 y es por ello también que el PPD se tuvo que refugiar en la columna de "ninguna de las anteriores" para no tener que aceptar que sus únicas opciones -eran y son- las de moverse hacia la libre asociación o la de permanecer eternamente aferrados al colonialismo prevaleciente.

Muchos no percibieron con claridad la gravedad del golpe que el proceso iniciado por el Proyecto del congresista Don Young le propinó a la estadidad. La incumbencia en el poder, con sus prebendas y prerrogativas, anestesió la sensibilidad del PNP y enmascaró sus consecuencias.

Una vez perdido el poder, sin embargo, el cuerpo político de ese partido -como el paciente recién operado a quien se "le pasa" la anestesia- comenzó a convulsar al internalizar los resultados de la golpiza. Y en ese preciso momento, la resistencia del pueblo ante la Marina en el municipio de Vieques, culminó el proceso de afirmación nacional puertorriqueña proveyéndole a Washington el pretexto para por fin poder expresar públicamente lo que tanto decían en privado: los puertorriqueños siempre serán, cuando más, meramente "friends and neighbors".

Con esos truenos, ¿quién duerme?