Cuba y los Estados Unidos

Cuba y los Estados Unidos

Por Fernando Martín
Presidente Ejecutivo
Partido Independentista Puertorriqueño
24 de mayo de 2002

La historia de la diplomacia de los Estados Unidos en la última centuria no ha conocido una derrota más estrepitosa y prolongada que la que se ha autoinfligido con sus actitudes y posiciones frente a la Revolución Cubana desde los inicios de esta hace cuarenta y tres años.

Durante este período los Estados Unidos han intentado todas las estrategias menos las que aconsejan la sensatez, la prudencia, y la justicia. Los gobiernos de Washington han puesto en marcha operaciones de bloqueo económico y diplomático, han auspiciado invasiones militares y actos de terrorismo, y hasta han llegado a planificar -en más de una ocasión- el asesinato de Fidel Castro.

Ninguna de esas estrategias ha logrado otra cosa que no sea el patético aislamiento en que hoy se encuentra ante la comunidad internacional la obcecada política de intransigencia de los Estados Unidos que rehusa normalizar sus relaciones con Cuba hasta que el régimen de Castro acepte las condiciones de "liberalización política" exigidas por Washington.

Más allá de los méritos intrínsecos que tal liberalización puede tener para usted o para mí, lo que llama la atención es que los Estados Unidos no le exigen a ningún otro país tales requisitos en ninguna otra parte del mundo.

Sus principales aliados históricos en la región del Golfo Pérsico, por ejemplo, lo son Pakistán y Arabia Saudita. En Pakistán el gobernante es el autor de un golpe militar que derrocó a un gobierno "democráticamente" electo (que también era aliado de los Estados Unidos), y en Arabia Saudita ni siquiera se llevan a cabo simulacros de elecciones de clase alguna; se trata de una monarquía absoluta que gobierna una teocracia oscurantista donde una mujer no puede siquiera obtener una licencia de conducir. ¿Alquien ha escuchado al Presidente Bush -o a alguno de sus predecesores- amenazar con la destrucción y el aislamiento a esos gobiernos por no ceñirse al modelo político liberal que postulan los Estados Unidos?

Piénsese en el caso de Vietnam. Libró y ganó una guerra a los Estados Unidos en que murieron cincuenta y cinco mil soldados norteamericanos (guerra que comenzó después de Castro llegar al poder) y mantiene todavía un régimen comunista tradicional de partido único. Ello no ha sido obstáculo, sin embargo, a la plena normalización de relaciones que se ha dado en los últimos años a pesar de que Vietnam no ha "cumplido" con ninguno de los requerimientos y condiciones que los Estados Unidos insiste son indispensables en el caso de Cuba.

Basten lo ejemplos anteriores para dejar al desnudo la hipocresía y la ausencia de principios con que Estados Unidos pretende fundamentar su posición frente a Cuba. Así lo reconoce el mundo entero sin que esto signifique que el mundo entero apoye o favorezca sin reservas las políticas internas del gobierno cubano.

Reconozco que no hay argumento que resista los extremos. Pudieran haber -y han habido- regímenes tan carentes de los elementos mínimos de legitimidad, tan abusivos y arbitrarios en su desprecio por la vida humana, o tan peligrosos para sus vecinos o para la paz mundial, que merezcan el repudio y la adversariedad activa del mundo civilizado. Piénsese en la Uganda de Idi Amín, en la Serbia de Milosevich, o en la Camboya de Pol Pot, para usar tres ejemplos donde el consenso universal coincidía en la necesidad de colocarlos al margen de la comunidad internacional justificando así una política colectiva dirigida a la eliminación de esas lacras genocidas.

Ese seguramente no es el caso de Cuba, y el que piense lo contrario sólo da muestras de hasta donde el odio y el resentimiento -o aun la frustración y la impotencia en quienes tengan buena voluntad- pueden distorsionar el análisis político y sacarlo de toda perspectiva histórica o moral. Si bien es cierto que el socialismo ha tenido grandes fracasos políticos y económicos en Cuba, la mayor parte de ellos palidecen ante los fracasos del capitalismo y el liberalismo en el resto de América Latina, por no mencionar el resto del mundo. Resulta incuestionable además, aun para sus peores enemigos, que el régimen cubano cuenta, en lo fundamental, con amplio apoyo popular.

La experiencia de Cuba tiene mucho que aportar a los retos que enfrenta el mundo subdesarrollado aun cuando las limitaciones de esa experiencia se hayan convertido a su vez en grandes retos para Cuba. Tan solo el ejemplo de ferrea resistencia a la voluntad hegemónica imperial del país más poderoso del mundo por parte de una pequeña nación caribeña constituye una lección de entereza y de voluntad de gobierno propio digna de ser emulada por todos los que aspiramos a un orden internacional justo y respetuoso donde el pez grande no se coma siempre a los pequeños.

Urge una rectificación de la política de los Estados Unidos hacia Cuba que permita y estimule la normalización de la vida institucional e internacional de Cuba en todos los órdenes y que termine para siempre el estado de sitio a que ha sido sometida la antilla hermana por quien no se consuela con no poder ser ya dueño y señor de Cuba como lo es aun de Puerto Rico.

Como señalara certeramente el Ex-Presidente Carter en su histórica y esperanzadora visita a La Habana en días recientes, es a los Estados Unidos -por ser la principal potencia mundial- a quien le corresponde tomar la iniciativa para ponerle fin a esta anacrónica confrontación. Y no faltaba más -añado yo- ya que ha sido el gobierno de los Estados Unidos el principal responsable de la misma