Una segunda oportunidad

Una segunda oportunidad

Por Fernando Martín
Presidente Ejecutivo
Partido Independentista Puertorriqueño
7 de junio de 2002

EL GOBIERNO de Puerto Rico se apresta a celebrar el cincuenta aniversario del Estado Libre Asociado (ELA). Nunca ha sido más amplia y profunda la insatisfacción de los puertorriqueños con la condición de subordinación de nuestro actual status político ni más difundido, entre los mismos populares, el reconocimiento y la aceptación del carácter colonial del régimen prevaleciente.

La confesión pública de José Trías Monge en su libro sobre "la colonia más antigua del mundo" y las revelaciones en el recién publicado libro de Néstor Duprey sobre las interioridades que rodearon los intentos fallidos de Muñoz Marín de "culminar" el ELA a principios de la década del sesenta, constituyen prueba irrefutable de que los dos principales arquitectos del ELA estuvieron siempre plenamente conscientes de que la Ley 600 y la aprobación de la Constitución del ELA, en nada alteraban la naturaleza colonial de la relación entre Puerto Rico y los Estados Unidos.

Tanto en 1950 como en 1961, la imposibilidad de lograr fundar la relación con los Estados Unidos sobre la base del reconocimiento de la soberanía de Puerto Rico se debió a la insistencia de los Estados Unidos en mantener su dominio colonial en Puerto Rico. Lo anterior no justifica la docilidad y la sumisión con que el liderato del Partido Popular Puertorriqueño (PPD) aceptó el dictamen de Washington en ambos momentos históricos, pero debe servir para que no olvidemos que si Puerto Rico es aún colonia, lo es principalmente por la determinación hegemónica de los Estados Unidos aunque para ello Washington contara con la resignada cooperación del PPD. La voluntad imperial fue lo principal mientras que la colaboración local fue lo accesorio.

El cuadro político en los Estados Unidos con respecto a Puerto Rico ha variado en forma dramática desde aquellos agrios momentos tanto en 1950 como en 1961. Por las mismas razones que los Estados Unidos quería mantener a Puerto Rico como colonia entonces, hoy sus propios intereses aconsejan la descolonización. El control político y militar sobre Puerto Rico era indispensable para los Estados Unidos durante la guerra fría. Terminada la confrontación global con la desaparecida Unión Soviética, la importancia de ese control hegemónico sobre nuestra patria se torna marginal. Esto, a su vez, lleva a los Estados Unidos a valorar, en su justa perspectiva, los costos políticos, económicos y diplomáticos en que incurren al continuar nutriendo una relación colonial que ya no le es estratégicamente necesaria.

Hoy día, continuar con el colonialismo en Puerto Rico sólo sirve para incitar y estimular a los anexionistas, para ahondar la dependencia y el subdesarrollo económico, y para desacreditar internacionalmente a quien pretende erigirse como el líder mundial de la democracia y los derechos humanos. Esta última década ha servido para agudizar en los Estados Unidos la conciencia sobre el desacierto histórico que significaría la anexión de Puerto Rico a la unión americana, y para patentizar el estancamiento del fracasado modelo económico colonial.

Tiene, por lo tanto, la Gobernadora hoy en Washington el cuadro que Muñoz hubiera querido tener en 1950 o en 1961; unos Estados Unidos deseosos de liquidar el coloniaje en vez de insistir en mantenerlo.

LA GRAN ironía es que la resistencia a exigir el reconocimiento de nuestra soberanía donde existe hoy es en el seno mismo del liderato del PPD. A pesar de que cada vez más sus dirigentes se manifiestan a favor de la libre asociación, persiste en la cúpula una profunda resistencia a moverse con audacia y firmeza en esa dirección. Son víctimas de los miedos creados por ellos mismos en el pasado y del chantaje político con que tan hábilmente los manipula el sector anexionista.

La prueba de fuego del liderato del PPD en este momento es precisamente esa: sobreponerse a los miedos coloniales del pasado reconociendo el cambio de circunstancias en Estados Unidos y en el mundo y adoptando una abierta estrategia de descolonización.

La historia le ha provisto al PPD una segunda oportunidad. Trabajemos todos para abrir un proceso que culmine en una Asamblea Constitucional sobre Status que le permita a nuestro pueblo ejercer plenamente su derecho a la libre determinación logrando para Puerto Rico su indispensable soberanía.