Vergüenza ajena

Vergüenza ajena

Por Fernando Martín
Presidente Ejecutivo
Partido Independentista Puertorriqueño
5 de julio de 2002

LOS EVENTOS transcurridos el 20 de junio en las oficinas de la Procuradora de la Mujer en el Viejo San Juan, y su secuela, deben separarse como el grano de la paja para evitar la manipulación y la confusión.

Una cosa es el comportamiento de Carlos Pesquera y otra es la reacción del gobierno a ese comportamiento. La verdad sobre Pesquera es sencilla: el Presidente del Partido Nuevo Progresista marchó con un grupo de seguidores hacia las oficinas de la licenciada María Dolores Fernós con el anunciado propósito de plantar una bandera de los Estados Unidos en el vestíbulo de dicha dependencia gubernamental luego de que trascendiera que la Procuradora había decidido exhibir allí tan solo la bandera de Puerto Rico. Al llegar al lugar Pesquera encontró que le habían cerrado las puertas del edificio para impedir su acceso. Ante esta situación, en vez de conducir una manifestación pacífica en la calle o de anunciar una vigilia de protesta hasta que la Procuradora cumpliera la directriz que la Gobernadora había ya emitido de que se colocara la bandera de los Estados Unidos, Pesquera y su grupo intentaron y lograron forzar su entrada al edificio "a la brava" generando un tumulto que resultó en agresiones y destrucción de propiedad pública, y en que se limitara la capacidad de la prensa para desenvolverse libremente.

Otra cosa es el comportamiento del gobierno. ¿Debieron haber dejado abiertas las puertas de la Procuraduría? ¿Debió haber habido más presencia policiaca en el lugar habida cuenta del precedente reciente en la Loma de los Vientos? ¿Debió la policía haber intervenido con Pesquera en el momento de los hechos? ¿Hizo bien el gobierno en radicar las denuncias que radicó? ¿Fué negligente el Departamento de Justicia en el trámite de las denuncias ante el Tribunal?

Aunque todas las contestaciones a estas preguntas revelaran que el gobierno no supo ni ha sabido manejar adecuadamente lo que allí ocurrió y aunque Pesquera resultara en su día absuelto de todo cargo criminal, lo que es incuestionable mas allá de toda duda es que el comportamiento del Presidente del PNP no tiene justificación o excusa, y que lo descualifica como aspirante a dirigir los destinos de nuestro país.

Un dirigente político que no es capaz de controlar a sus seguidores ni a sí mismo, que pierde la compostura y la serenidad cuando se encuentra bajo presión y que se transforma en un bravucón desorbitado decidido a hacer valer un capricho ideológico cueste lo que cueste, no tiene la templanza y el balance que ser líder requiere y que el país necesita. Y mucho menos cuando, luego de los hechos, insiste delirantemente que se siente "orgulloso" de su irresponsable conducta.El caso de Pesquera donde esta radicado verdaderamente es ante el tribunal de la opinión pública quien tuvo amplia oportunidad de presenciar por televisión los eventos que el aspirante a la gobernación del PNP protagonizó ante los ojos atónitos de la gran mayoría de nuestro pueblo quien sintió colectivamente como nunca antes, la humillante sensación de la vergüenza ajena.

Ante ese tribunal -cuyo veredicto no es judicial sino político e histórico- el fallo de culpabilidad ya ha sido emitido y la sentencia no se ha hecho esperar. La sentencia ha sido el repudio del país a la truculencia y el amotinamiento de quien teniendo la obligación de dar el buen ejemplo sucumbió a la tentación de darle un mentís a los que -en su propio partido- lo acusaban de débil e indeciso. Parecería que doña Miriam Ramírez le gritaba "túmbale la pajita a la Procuradora", y por ahí se despeñó Pesquera.

Los que comparan el esfuerzo de algunos anexionistas, patológicamente colonizados, de colocar banderas americanas en todo lugar y de cualquier manera, con la lucha por la salida de la Marina de Vieques, solo manifiestan una grotesca caricatura de lo que es un "patriotismo" mal digerido. Los que ayer fueron perseguidores y hoy se cantan perseguidos tan solo mueven a la risa y a la burla.

La lucha de Vieques ha sido un ejemplo para el mundo de civismo, valentía y pacifismo. ¡Cómo contrastan las escenas de Pesquera forzando la entrada para insistir en la presencia de la bandera del poder que mantiene a Puerto Rico como colonia, con la serenidad imperturbable de Rubén Berríos al ser vejado y arrestado en Vieques ordenando a sus compañeros a no responder a la violencia de sus agresores!

El país lo vio todo.