Digna de mejor causa

Digna de mejor causa

Por Fernando Martín
Presidente Ejecutivo
Partido Independentista Puertorriqueño
19 de julio de 2002

LA CELEBRACION oficialista de los cincuenta años del Estado Libre Asociado constituye el paradigma de un esfuerzo digno de mejor causa.

Para los que conocen nuestra historia, aunque sea superficialmente, está más allá de todo cuestionamiento el carácter de subordinación política de la actual relación entre Puerto Rico y Estados Unidos. Podrá haber quien argumente- aunque yo discrepo radicalmente- que lo que se obtuvo en 1952 era lo más que los Estados Unidos estaban entonces dispuestos a conceder en aquel momento, pero ello no significa que lo obtenido constituyera la liquidación del coloniaje en Puerto Rico.

En ese sentido el daño más grande que se le ha hecho a nuestro desarrollo político y constitucional como pueblo no ha sido que el liderato del Partido Popular Democrático (PPD) de entonces (y de ahora) hubiera transado por aceptar la Ley 600 y su secuela, sino que hubieran falsificado la realidad -a sabiendas- haciendo un esfuerzo monumental y sistemático para convencer a nuestro pueblo de que la creación del Estado Libre Asociado (ELA) representaba un acto de creatividad libertaria por parte del gobierno de Puerto Rico y un acto generoso de desprendimiento por parte del gobierno de los Estados Unidos.

Esa manipulación fraudulenta le vino "de perilla" al gobierno de los Estados Unidos quien utilizó el "consentimiento" de la mayoría de los puertorriqueños a la Ley 600 como argumento ante el mundo de que Washington había cumplido su obligación descolonizadora. Igualmente útil le resultó al gobierno del PPD para convencer a los puertorriqueños de que Muñoz Marín había logrado- por fin- ponerle fin al colonialismo norteamericano en nuestro país.

Irónicamente, una de las grandes dificultades con que luego se han encontrado aquellos populares que han querido modificar al ELA a lo largo de los años para que se transforme en un régimen de soberanía propia ha sido precisamente que la propaganda sostenida por tantas décadas, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos sobre la legitimidad del ELA, se erigió en barrera para generar apoyo para esos cambios tanto aquí como allá. ¿Cuál es la urgencia de los cambios- se preguntaban tanto los puertorriqueños como los políticos norteamericanos- si desde Muñoz Marín hasta Sila Calderón nos vienen diciendo que el problema del status se solucionó en 1952? La propaganda fraudulenta de la Guerra Fría sirvió pues para encubrir nuestra realidad colonial tanto ante los ojos de las muchedumbres puertorriqueñas como ante la conciencia de la clase política de los Estados Unidos.

La tenacidad de la lucha del independentismo durante estos últimos cincuenta años, los profundos cambios que ha experimentado el mundo desde el fin de la Guerra Fría, y las nuevas necesidades económicas, políticas, y estratégicas de los Estados Unidos en el mundo y en la región han ido configurando una nueva realidad puertorriqueña en los últimos años. Esa nueva realidad encuentra su expresión más dramática en la lucha por la paz de Vieques y en la reacción de los Estados Unidos a esa lucha.El maquillaje de legitimidad que encubría la colonia ha desaparecido. El gobierno norteamericano ya no efiende su colonia e incluso la señala como tal. El estancamiento económico producto e la falta de las herramientas de la soberanía nos impide el desarrollo. Todas las áreas de nuestra vida colectiva reclaman el fin de la subordinación mientras la gran mayoría de los puertorriqueños por fin han podido aquilatar el precio del colonialismo. Ha terminado la Era del Engaño.

Asumamos todos el reto que la historia nos lanza y pongamos en marcha un proceso que lleve a nuestro pueblo y al Congreso a la hora de la verdad. Como en Vieques, será el consenso y el apoyo del pueblo el que forzará la marcha de la historia.