Los paradigmas del status puestos al día

Los paradigmas del status puestos al día

Sen. Fernando Martín
Discurso en Guánica
25 de julio de 2002

Un saludo muy grande a todos ustedes reunidos aquí en Guánica en esta ocasión tan importante. Habiendo escuchado a María de Lourdes (Santiago) y a Juan (Dalmau) y estando a punto de escuchar a Rubén, quiero caracterizar mi intervención de hoy como una pausa entre oradores.

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Sen. Fernando Martín explica el estado
actual de los paradigmas
del status de Puerto Rico. (BAS)

 

Quisiera aprovechar estos momentos para compartir con ustedes una breve reflexión sobre el horizonte que se atisba para nuestra lucha de independencia.

Vivimos, como es natural, inmersos en el día a día de nuestras actividades pero vale la pena, periódicamente, hacer un alto en el camino para examinar, más allá de los eventos diarios, qué es lo que está pasando con las grandes tendencias históricas que han ido conformando el destino de nuestro país. Porque creo que si examinamos el estado en que están esas fuerzas decisivas que han labrado nuestra historia, vamos a encontrar enormes motivos de satisfacción y de regocijo.

Por más de un siglo la historia le generó a la sociedad puertorriqueña, por razón de las fuerzas que sobre ella operaban, tanto a finales de los tiempos de España como durante toda la era de los Estados Unidos, tres visiones, tres paradigmas, tres modelos, de lo que podría ser la constitución final de la sociedad puertorriqueña como sociedad política organizada.

Esas tendencias las conocemos todos. Históricamente se le ha llamado a una la independencia, a otra la autonomía, a la otra se le ha llamado la estadidad o la anexión. Cada uno de esos paradigmas, cada una de esas alternativas, cada una de esas fórmulas, ha tenido, a lo largo de los años, grandes obstáculos y, por el otro lado, grandes elementos que las incentivaban. Con el curso del siglo, unos han ido, otros han venido, pero hemos visto cómo han persistido los tres obstáculos fundamentales a esos tres paradigmas.

El obstáculo principal al paradigma de la estadidad es el más obvio de todos. El gran obstáculo al paradigma de la anexión es la nacionalidad puertorriqueña. Mientras haya nacionalidad puertorriqueña todo el paradigma de la anexión es una construcción imaginaria. Eso, independientemente de que los puertorriqueños la quieran o no la quieran, y de las razones por las que pudieran quererla o no quererla. La realidad cultural, antropológica, geográfica, histórica, espiritual, de la existencia de una nacionalidad puertorriqueña, hace de Puerto Rico un donante no compatible al organismo político federal de los Estados Unidos.

En el caso del paradigma de la autonomía, tanto en tiempos de España como bajo los Estados Unidos, el gran obstáculo a su desarrollo (y fíjense si no ha habido desarrollo que hoy, a 50 años de Estado Libre Asociado, no ha habido ni un centímetro de movimiento en el concepto de gobierno propio o de autonomía desde la creación del Estado Libre Asociado hace 50 años, y no porque no hubiera habido esfuerzos, más torpes algunos y más inteligentes otros, de tratar de desarrollar la fórmula autonómica.) ese desarrollo ha chocado siempre contra una pared. Si el obstáculo al paradigma de la anexión ha sido la nacionalidad puertorriqueña, ¿cuál ha sido, es y será el obstáculo insoslayable de los que piensan en el desarrollo autonómico como posible fórmula para Puerto Rico? Ahí el obstáculo insuperable es que la pretensión de que Puerto Rico pueda tener aunque sea algunas áreas de soberanía reservada exclusivamente para Puerto Rico y que no estuviera al alcance del poder del Congreso constituye, (a los ojos de los norteamericanos y a los ojos de cualquiera que lo mire objetivamente) un menoscabo a la soberanía y al poder de una nación que se llama los Estados Unidos. Y por lo tanto, mientras la pretensión sea que esa autonomía se de dentro de los Estados Unidos, entonces, por definición, no puede haber ninguna entrega de poder real de los Estados Unidos porque eso es un menoscabo de la soberanía de esa nación que se llama los Estados Unidos de Norteamérica.

Por lo tanto cualquier intento, no importa cuánto apoyo pueda tener, de lograr ese afán que han manifestado tantas veces los líderes populares de lograr lo que sería en geometría un círculo cuadrado, está destinado al fracaso por definición. Los Estados Unidos de Norteamérica nunca van a dar un paso en menoscabo de su propia soberanía mientras se pretenda que Puerto Rico sea parte de los Estados Unidos.

En el caso de la independencia, que es el paradigma universal, el gran obstáculo ha sido –y aquí no hay que hacer la pregunta de los 64 mil dólares- el gran obstáculo ha sido la voluntad de dominio hegemónico colonial de los Estados Unidos sobre Puerto Rico. Entraron por esta playa (de Guánica) el 25 de julio del 1898, y hasta ahora no se han ido. Y no se han ido, no porque nadie les haya impedido que se vayan; no se han ido porque su presencia en Puerto Rico es el resultado de un designio político estratégico, hegemónico, pensado para controlar la entrada del Mar Caribe y la entrada del Hemisferio Occidental por las mismas razones estratégicas que le resultó indispensable a España por cuatro siglos. Esa voluntad de dominio, con los poderes, con los recursos para poder instrumentarla en Puerto Rico, ha sido la razón fundamental por la cual el paradigma de la independencia no ha podido prevalecer en Puerto Rico.

Esa es la historia de los últimos cien años. Pero hoy, comenzando el siglo 21, estamos obligados a pasar revista de por dónde andan esas fuerzas que han formado tanto esos paradigmas como las razones para que no se hayan podido dar. Hay que examinarlas para ver dónde estamos hoy.

Si miramos el paradigma de la estadidad, la conclusión inevitable es que, lejos de haberse acercado a ser un paradigma posible, la historia, particularmente de los últimos treinta años, lo que ha hecho es hacer retroceder hacia lo imaginario y lo utópico la posibilidad de la anexión. Porque en Puerto Rico se ha dado la enorme paradoja de que, aunque la expresión política de las mayorías en Puerto Rico es una expresión política pro americana -¿y cómo no iba a serlo, siendo la dependencia de los puertorriqueños tan aguda- que según se ha ido creando la situación donde las mayorías puertorriqueñas políticamente utilizan una retórica pro americana, en la realidad de la vivencia social, cultural, personal e íntima, la fuerza de la nacionalidad y la cultura puertorriqueña se ha ido fortaleciendo como es natural, según va madurando la nación, según los sedimentos se van echando unos encima de otros y según somos en Puerto Rico lo que somos, porque no somos otra cosa, pues somos, como es natural, cada vez más puertorriqueños, cada día con una personalidad nacional más definida, aunque se de la paradoja de que la expresión política no parecería coincidir con eso.

En la realidad, la nacionalidad puertorriqueña es hoy más fuerte que nunca y esa fuerza de esa nacionalidad, junto con la conciencia en los Estados Unidos de que esa nacionalidad fuerte, poderosa, asertiva, es absolutamente incompatible con la idea de la anexión a un país unitario y que aspira a ser culturalmente unitario, como los Estados Unidos. Esa conciencia es cada vez más clara entre los puertorriqueños y cada vez más clara entre los norteamericanos. Por lo tanto, el paradigma de la anexión y de la estadidad es uno que retrocede como un fantasma. Por lo tanto, las razones que obstaculizaron, que le pusieron freno, que le crearon una muralla al movimiento estadista en Puerto Rico son hoy más fuertes que nunca y sus posibilidades de tener concreción histórica son hoy menores que nunca. Ya están en la rama de la imaginación y la especulación.

¿Y qué pasa con la autonomía? ¿Qué pasa con esa ambición histórica de un sector en Puerto Rico de cuadrar el círculo, de lograr un acuerdo con los Estados Unidos que algunos llaman "lo mejor de dos mundos" (el uso de "dos mundos" es de por sí una señal de esquizofrenia política, porque no hay nada más que un mundo) esa concepción de lo mejor de los dos mundos, de una relación en la que Estados Unidos viene obligado a no dar ciertos pasos si no consulta a Puerto Rico, en una nación que hoy se ve asediada por el saldo de sus disparates diplomáticos y políticos exteriores de los últimos cuarenta años que hoy le pasan la cuenta a la sociedad norteamericana y que, por lo tanto, tiene más conciencia que nunca de su vulnerabilidad, es hoy más fuerte que nunca antes en los Estados Unidos la voluntad de no permitir que de forma alguna ningún desarrollo menoscabe el ejercicio de su propia soberanía. Llegan hasta tal punto en eso los norteamericanos que son el único país que se ha negado a firmar el Tratado internacional que crearía una Corte Internacional de Justicia Criminal para juzgar a los violadores de los derechos humanos a nivel mundial. Estados Unidos se ha negado a firmar ese documento porque entiende que menoscabaría la soberanía y el poder de los Estados Unidos sobre sus propios ciudadanos.

Así que aquí estamos hablando de una expresión nacional de los Estados Unidos profundamente fuerte y no venimos hoy aquí a juzgar si es buena o si es mala, venimos nada más que a describirla, a afirmar que es absolutamente incompatible con cualquier planteamiento de arreglo político con Puerto Rico que supusiera el menoscabo de esa soberanía.

Por lo tanto, las razones que históricamente han impedido, y que en estos 50 años han impedido absolutamente cualquier desarrollo real de carácter autonómico o de auténtica transferencia de poderes de gobierno propio, esos elementos que la hicieron imposible durante estos 50 años son hoy más fuertes que nunca.

Vayamos al que nos queda, que es el "patito feo". ¿Y qué pasa con la independencia? Afirmé anteriormente que el elemento fundamental que obstaculizó durante todo el siglo 20 la posibilidad de que el paradigma de la independencia pudiera hacerse realidad concreta, era el poder hegemónico de los Estados Unidos y su deseo de mantener a Puerto Rico como una colonia. Con respecto a ese factor histórico, ¿dónde se encuentra Puerto Rico hoy, a principios del siglo 21? Ahí ha habido cambios importantísimos.

La voluntad de los Estados Unidos de ejercer su dominio sobre Puerto Rico manteniendo a Puerto Rico como colonia indefinidamente –lo cual era su proyecto histórico en el siglo pasado-; ese proyecto, aun para los norteamericanos, ha fracasado. Es evidente que mientras más se persista en mantener a Puerto Rico en una condición colonial, eso solamente va a tener como consecuencia estimular en Puerto Rico el crecimiento artificial del sector estadista, hacer a los Estados Unidos quedar ante el mundo como el último gran violador del derecho de los pueblos a su autodeterminación e independencia y tener que persistir en una relación económica como la existente que está en quiebra como modelo económico gastado; que solamente puede suponer para los Estados Unidos, si continúa, el tener que pagar anualmente una factura cada vez más alta para pagar el lujo de ser la última potencia colonial en el mundo.

En los Estados Unidos también está llegando el momento cuando se reexamina de cara al siglo 21, cómo Estados Unidos se va a relacionar con el Caribe y con la América Latina ¿Cuál va a ser el modelo de esa relación? ¿la anexión? ¡Imposible! ¿El colonialismo? ¡Imposible! Para los Estados Unidos sus relaciones futuras con Puerto Rico anticipan el modelo del futuro.

Aquellas fuerzas que impedían que pudiera florecer en Puerto Rico el proyecto histórico de independencia, son fuerzas que hoy día están en decadencia. Esa voluntad hegemónica norteamericana con respecto a Puerto Rico (y por razones muy particulares: el final de la guerra fría, la llegada de la época de las nacionalidades, el cambio de la concepción estratégico-militar) todos esos elementos han contribuido a que esas fuerzas que antes gravitaban de manera tan pesada sobre Puerto Rico, cada vez gravitan menos y gravitarán menos.

Así que eso tiene que ser excelente noticia para los de ustedes que llevan, colectivamente hablando, cien años esperando que cambien los vientos. Por primera vez uno puede afirmar, sin temor a equivocarse y con toda seriedad y objetividad, que hoy los vientos de la historia lo que están haciendo es llenando las velas de la embarcación de nuestra libertad.

Cómo llegar de donde estamos a donde queremos llegar, es algo que la historia no va a resolver por sí sola. Las condiciones, a mi juicio, son las positivas. Lo que tenemos que hacer ahora es aprovechar el momento para ponerle el cascabel al gato. Las piezas del rompecabezas ya están todas sobre la mesa. Y ya nosotros sabemos cómo esas piezas van a caer si se da un proceso en el cual la prioridad, tanto en Puerto Rico como en los Estados Unidos sea colocar esas piezas. Pero ya las piezas están ahí. Y ya sabemos cuál será el resultado, porque la alternativa de la anexión y la alternativa de la autonomía se desacreditaron y se desprestigiaron y no son solución para los Estados Unidos a largo plazo.

Por lo tanto, la gran tarea de los independentistas, nuestra gran tarea estratégica, es promover las condiciones, estimular las condiciones que lleven a que ese rompecabezas haya que armarlo. Por eso, todo lo que represente discusión seria del tema del status en Puerto Rico, búsqueda de consensos procesales, estímulo a la idea de una gran Asamblea de Pueblo donde participe todo el mundo, que reclame a nombre del pueblo de Puerto Rico una solución al problema del status, el discutir, negociar, involucrarnos en el proceso político en el Congreso y en la Casa Blanca para presionar a que de una vez y por todas este problema se resuelva, eso tiene que ser nuestra tarea. ¡Y no es tarea fácil! Porque, dentro del Partido Popular y dentro del PNP, para hablar ahora de los actores locales, hay muchos que saben que el día que ese rompecabezas se monte lo que va a salir de ese rompecabezas no es ni la continuación del coloniaje ni el camino hacia la anexión y, por lo tanto, no tienen interés en el montaje del rompecabezas. Algunos utilizarán el argumento de "yo no participo en eso" y otros utilizarán el argumento de "como Fulano no participa, entonces yo tampoco". Pero en el fondo ambas negativas lo que admiten es que aquí en Puerto Rico ya los bobos se acabaron. Aquí los bobos se fueron con la viruela. Por lo tanto, el temor es a lo que va a mostrar este rompecabezas.

Ustedes recordarán aquel programa de la televisión de hace años, en el que uno tenía que escoger entre una cosa que le ofrecían y algo que estaba detrás de una cortina. Y uno tenía que correrse el riesgo: O "acepto el radio" o "el radio no, lo que está detrás de la cortina". Y lo que estaba detrás de la cortina podía ser un cenicero, pero también podía ser un carro. Y aquí ya todos saben lo que está detrás de la cortina. Y por lo tanto, buscan la excusa que sea para no participar en el juego. Nosotros, que también sabemos lo que hay detrás de la cortina porque hemos hecho esta evaluación, sabemos también que no se trata de que hay una ruta segura de siete pasos hacia la independencia (la vida nunca es así); esa ruta dependerá del esfuerzo, del manejo; o que tome más o que tome menos tiempo, dependerá de nuestra iniciativa, de nuestra dedicación, de la fuerza que seamos capaces de proyectar; pero sabemos que las rutas que la historia va dejando abiertas, por primera vez, son las rutas que son compatibles con nuestra lucha. Y eso tiene mucho que ver con la persistencia. Porque si el independentismo, luego de haber sido perseguido, hostigado, discriminado, de haber sufrido casi un acto de genocidio ideológico en la década de los 50 y principios de los 60 en Puerto Rico, si el independentismo se hubiera amilanado, ese paradigma histórico de la independencia hubiera, como ha pasado en la historia en tantas otras ocasiones y lugares, hubiera desaparecido entre los tablones de la historia y hoy otras serían las alternativas para este pueblo.

Así que, en gran medida, el que podamos hoy mirar con esperanza hacia el futuro, no es solamente porque la historia universal ha tomado el giro que siempre pensábamos que algún día daría, si no porque ustedes han hecho posible que, cuando esa guagua pase por la parada, allí va a estar esperando el pueblo de Puerto Rico.

¡A la lucha y a la victoria!