Lo que dice la encuesta

Lo que dice la encuesta

Por Fernando Martín
Presidente Ejecutivo
Partido Independentista Puertorriqueño
27 de septiembre de 2002

LOS RESULTADOS de la encuesta publicada esta semana en El Nuevo Día revelan tres hallazgos principales que deben someterse a cuidadoso análisis.

El primer hallazgo fundamental es la debilidad y fragilidad de la imagen de la Gobernadora ante la opinión pública hasta el grado que, de las elecciones llevarse a cabo hoy, perdería por amplio margen frente al alcalde de San Juan, Jorge Santini.

El segundo hallazgo crucial es el que apunta que la candidatura a la gobernación de Carlos Pesquera ha perdido toda semblanza de viabilidad política, y que el apoyo a su liderato ha colapsado dentro de su propio partido.

El tercer hallazgo significativo es que desde mayo de este año hasta el presente, la intención de voto por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) -aún sin conocerse quién habrá de ostentar la candidatura a la gobernación-se ha duplicado, aumentando de un cuatro a un ocho porciento, en un momento donde los partidos Popular Democrático (PPD) y el Nuevo Progresista (PNP) pasan por el período de su mayor descrédito y falta de credibilidad.

La debilidad de la Gobernadora resulta sorprendente porque ello no puede atribuirse al gradual proceso de desgaste político que tiende a ocurrir tarde o temprano en quien ha venido gobernando por un período prolongado. Estos primeros años del gobierno de la señora Sila María Calderón deberían haber sido, en todo caso, los de mayor popularidad particularmente ante un PNP desacreditado por las revelaciones sobre la corrupción durante la anterior administración.

Es evidente que la incapacidad de la Gobernadora para lograr imprimirle a su gobierno un sentido de dirección y propósito con respecto a los grandes retos que enfrenta nuestro pueblo es una razón fundamental que explica los pobres resultados de la encuesta en lo que a ella concierne.

El manejo del tema de Vieques, por ejemplo, ha desencantado a muchos que cifraron -con cierta ingenuidad- sus esperanzas en sus promesas de campaña.

La impotencia, la ambigüedad, y la resignación de hoy contrastan dramáticamente con la ardiente y combativa retórica pre-electoral.

De la misma manera los inciertos y tímidos pasos con respecto al tema del status político que aún no logran concreción alguna contrastan también con su propuesta de que el cincuentenario del Estado Libre Asociado (ELA) marcaría el comienzo de un proceso que llevaría a una revisión fundamental de las relaciones entre Puerto Rico y los Estados Unidos. Tal parecería que el no de Pesquera a constituir el CUPCO está siendo considerado por algunos en el gobierno como un pretexto para justificar el inmovilismo con respecto al status. La resignación en Vieques y la inacción en cuanto al status han mancado, sin duda, cualquier proyección trascendente de su liderato.

El colapso del apoyo a Carlos Pesquera en su propio partido y la casi total ausencia de simpatías entre el electorado no afiliado, prácticamente lo descarta como candidato a la gobernación en el 2004. Aunque es evidente que su liderato interno estaba ya en entredicho hace algún tiempo, las dos gotas que colmaron la copa fueron su lastimosa y lamentable conducta en el asedio a la Procuraduría de la Mujer, y su obsesivo y obcecado rechazo al más mínimo diálogo con la Gobernadora y Rubén Berríos sobre el tema del status. Estos resultados de la encuesta con respecto a Pesquera parecen anticipar una posible guerra civil en el PNP que no deberá tardar mucho en manifestarse.

Con respecto a la duplicación de apoyo al PIP desde mayo hasta septiembre de este año, debe señalarse que tal desarrollo es la prueba más contundente de que en muchas ocasiones el pueblo sabe distinguir el grano de la paja. Me es difícil recordar un período donde se hayan hecho tantas imputaciones e insinuaciones negativas contra los partidos políticos como se han hecho en los últimos tres meses. Aunque los señalamientos eran en realidad contra el PPD y el PNP los anti-independentistas de profesión y los anti-pipiolos por vocación no perdieron la oportunidad para tratar de pintar al PIP con la misma brocha que a los otros. La insidiosa consigna era que "todos son iguales". De esa forma se minimizaba la culpa de los otros y se subrayaba la implícita complicidad del PIP.

A nadie engañaron ni confundieron los que han visto al PIP como escollo a sus ambiciones. A pesar de no saberse aun quien ocupará la candidatura a la gobernación y aún cuando la encuesta señala que "los partidos" están en su peor momento, el PIP duplicó su apoyo. Como decían cuando yo era pequeño "la ley de Dios no tiene trampas".