El fin de la vorágine primarista constituye un momento oportuno para el análisis del escenario político actual. Los acontecimientos políticos de los últimos meses han erosionado considerablemente la base electoral de los partidos Popular Democrático y Nuevo Progresista. Este panorama electoral presenta una oportunidad única para que el electorado puertorriqueño transforme el mapa político de Puerto Rico en las próximas elecciones.

Actualmente, el escenario electoral del Partido Popular está presidido por una profunda desmoralización de sus electores, a causa del fracaso de la administración de Sila Calderón y el fraccionamiento del liderato de ese partido. Luego de que la gobernadora Calderón anunció su rendición, al descartar aspirar a un segundo término a la gobernación, y del retiro de su sucesor José Alfredo Hernández Mayoral, quien gozaba de gran apoyo en la base de ese partido, un gran sector del electorado del PPD se siente inconforme con la candidatura de Aníbal Acevedo Vilá. Muchos electores del PPD se sienten descontentos, ya que consideran a Acevedo Vilá un candidato impuesto por las circunstancias y no por el deseo y la voluntad de la base Popular.

A ese difícil panorama político se suma el disgusto del electorado Popular debido al ambiente de rencor y revanchismo creado por la fracasada nominación de Ferdinand Mercado a Juez Presidente del Tribunal Supremo. Los electores del PPD miran apesadumbrados cómo, a menos de un año de las elecciones del 2004, su liderato se encuentra enfrascado en una intensa lucha de poder entre cuatro facciones encabezadas por la Asociación de Alcaldes, Sila Calderón, Rafael Hernández Colón y Aníbal Acevedo Vilá.

El saldo neto de la desmoralización, la incomformidad y la guerra de poder en el PPD es el descascaramiento de su base electoral. Así lo han confirmado encuestas recientes en las que Acevedo Vilá recibe un apoyo menor de lo que constituye la base electoral tradicional de su partido.

Por otro lado, el Partido Nuevo Progresista no está en mejores condiciones que el Partido Popular. La contienda entre Pedro Rosselló y Carlos Pesquera fue la más agria y dura de las pasadas primarias. Las graves imputaciones que hizo Pesquera en contra de Rosselló sobre los casos de corrupción bajo su administración y el humillante desprecio de Rosselló a Pesquera, han dejado heridas muy difíciles de sanar en los seguidores de ambos candidatos.

Difícilmente Pedro Rosselló podrá contar con el apoyo de los seguidores de Pesquera luego de las primarias. Después de todo, para muchos electores del PNP la candidatura de Carlos Pesquera sirvió, más que todo, como un medio para expresar su indignación y repudio al liderato de Pedro Rosselló. Luego de las primarias ese sector del electorado del PNP que votó por Pesquera no se siente representado por Rosselló.

Las circunstancias políticas en ambos partidos muestran un gran descontento en amplios sectores de su electorado. Esto plantea una oportunidad extraordinaria para que en Puerto Rico se configure un nuevo mapa político, delineado por esos miles de electores que en el pasado han votado PPD o PNP y cuyo denominador común es la inconformidad y el malestar con sus respectivos partidos.

El gran reto que se plantea a estos electores es si, a pesar de su indignación, habrán de rendirse resignados a votar por los mismos candidatos y partidos que han gobernado y han traicionado la confianza que ellos le han depositado, o si decididamente habrán de girar el timón alejándose de la política tradicional del bipartidismo que tanto daño le ha hecho a nuestro pueblo. Está en manos de esos electores inconformes manifestar su indignación ejerciendo el voto por una opción distinta, por una tercera alternativa.

En el marco del panorama político actual, la oferta electoral del Partido Independentista Puertorriqueño es la alternativa para los desafectos del PPD y el PNP. A diferencia del PPD y el PNP, el PIP se presenta a las próximas elecciones con su electorado de base consolidado y con un candidato a la gobernación, Rubén Berríos, que goza de gran simpatía más allá del electorado independentista.

Para nosotros los independentistas un voto por el PIP es un voto para fortalecer nuestro instrumento de lucha. Para otros que desean sanear la administración pública, un voto por el PIP es un reclamo de mejor gobierno. Pero para ese sector del electorado indignado con el PNP y el PPD, un voto por el PIP es un voto estratégico con una consecuencia muy concreta: aleccionar a sus respectivos partidos. Cada voto que obtenga el PIP significa un azote en el lomo de los partidos que se han turnado en el poder y que tan impunemente le han faltado a la confianza que en ellos han depositado sus electores.

El momento político actual se presenta como una nueva oportunidad para que esos electores indignados con el liderato del PPD y el PNP, pongan fin a ese dañino ritual de votar por esos partidos aún cuando saben que les han fallado. Confío que esos electores habrán de dar valor estratégico a su voto y lo utilizarán para ajustar cuentas con sus respectivos partidos. El reto está planteado y la oportunidad está en sus manos.