“Tal vez hubiese sido mejor no pelear en esta guerra sin sentido y por puro capricho de una potencia que pretende dirigir al mundo sin escuchar a Dios.” Con esas palabras el párroco de la iglesia San Antonio de Padua en Barranquitas despidió al decimotercer soldado puertorriqueño muerto en el conflicto bélico en Irak.

En el sermón del párroco retumbaron las palabras que hace más de medio siglo pronunció don Pedro Albizu Campos que, al denunciar el tributo de sangre impuesto por los Estados Unidos a la juventud puertorriqueña, dijo: “[Estados Unidos] quiere disponer de la vida de nuestros hijos y nuestras hijas y quiere coger la flor y nata de la Patria, lo más noble, lo más puro de nuestra juventud para mandarlos a que se maten a los frentes de Europa, de Asia y de Africa. ¿Para qué? Para mantener el despotismo de los Estados Unidos . . . contra el resto del mundo.”

La muerte de cualquier soldado en la guerra es una gran tragedia, pero en el caso de los puertorriqueños constituye una tragedia antidemocrática. Con la muerte de más de una docena de compatriotas en la zona del conflicto bélico en Irak, los puertorriqueños hemos visto de la forma más cruda y concreta el precio del colonialismo: La sangre de nuestros jóvenes derramada en guerras de los Estados Unidos.

En ningún otro momento es más evidente la condición colonial de Puerto Rico que cuando los Estados Unidos toca los tambores de guerra. La movilización de soldados puertorriqueños a la zona de combate es un doloroso recordatorio de que Puerto Rico tiene que actuar urgentemente para encaminar un proceso de descolonización que nos permita superar nuestra condición de subordinación política, que le da licencia al ejército de los Estados Unidos a llevarse a nuestros jóvenes a morir en otras tierras.

A los puertorriqueños no se nos consulta cuando Estados Unidos desea embarcarse en una aventura militar para imponer su voluntad a través de la fuerza. Sin embargo, son los jóvenes puertorriqueños los que están en primera fila sacrificando sus vidas en las guerras norteamericanas. Eso es inmoral y antidemocrático.

Ante esta cruda realidad colonial, Aníbal Acevedo Vilá y Pedro Rosselló se han comportado como los esclavos que bailan al son de sus cadenas. En lugar de denunciar la política colonial y antidemocrática de los Estados Unidos y de unirse al reclamo mayoritario del pueblo de Puerto Rico para demandar el regreso de los soldados puertorriqueños, Acevedo Vilá y Rosselló han expresado su apoyo a la política guerrerista del presidente Bush.

Acevedo Vilá incluso fue más lejos al implorar por la permanencia de la Marina de Guerra de los Estados Unidos en Roosevelt Roads y además favorecer que los reclutadores militares fueran a las escuelas superiores a buscar nuevas víctimas para sus guerras. Esto es el colmo del colonizado.

Aunque este triste espectáculo de parte del liderato de la sumisión permanente lo hemos visto en repetidas ocasiones, no deja de causar vergüenza ajena ver cómo el colonialismo puede llevar a unas personas a aplaudir lo que deben condenar. Este liderato ha perdido la capacidad de indignarse ante el dolor de sus compatriotas. Eso explica su falta de voluntad para confrontar a los Estados Unidos y encaminar un proceso de descolonización.

Por otra parte, debe servir de esperanza para nuestro pueblo el gran logro alcanzado por el Partido Independentista Puertorriqueño hace dos semanas en la lucha por la descolonización de Puerto Rico. En la última reunión de la Internacional Socialista, organización que reúne a más de 160 partidos de todo el mundo, el licenciado Rubén Berríos logró que se acordara crear una Comisión para la Descolonización de Puerto Rico integrada por varios líderes latinoamericanos, entre los que se cuentan tres ex presidentes.

La Comisión está compuesta por Raúl Alfonsín, ex presidente de Argentina; Jaime Paz, ex presidente de Bolivia; Rodrigo Borja, ex presidente del Ecuador; Martín Torrijos, candidato a presidente de Panamá; Hatuey de Camps, presidente del Partido Revolucionario Dominicano; Gustavo Carvajal de Méjico, miembro fundador de la Conferencia Permanente de Partidos de América Latina y Rubén Berríos, Presidente Honorario de la Internacional Socialista y Presidente del Partido Independentista Puertorriqueño.

Esto abre un nuevo frente en la lucha por la descolonización de Puerto Rico. Hasta la fecha, la Internacional sólo se había limitado a emitir declaraciones de solidaridad con respecto a Puerto Rico, pero en esta ocasión creó un instrumento de trabajo compuesto por el liderato latinoamericano para llevar a cabo acciones que ayuden al proceso de descolonización de Puerto Rico. Tratándose de partidos y líderes amigos de los Estados Unidos, esta Comisión jugará un rol fundamental en el proceso de descolonización de Puerto Rico.

Ahora, es necesario que en Puerto Rico demos pasos inmediatos para encaminar un proceso de descolonización. Esta responsabilidad recae en aquellos que actualmente dirigen los destinos de nuestro pueblo.

Es por eso que si Aníbal Acevedo Vilá realmente favorece la Asamblea Constituyente, como ha manifestado, debe encaminarla ahora que puede y que el partido que él preside está en el poder. De lo contrario, si el liderato del PPD no actúa ahora seguirán siendo cómplices de la tiranía y serán responsables de que nuestra juventud continúe pagando el alto precio del colonialismo.