Víctor Torres Ortiz: Patriota consuetudinario

Por: Luis Domenech Sepúlveda

“Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo/enseñarás a soñar, pero no soñarán tus sueños/enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida/sin embargo, en cada vuelo, en cada sueño, en cada vida, perdurará para siempre la huella de tu enseñanza” (Madre Teresa de Calcuta)

 

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Decía Ernesto ‘El Che’ Guevara que ser revolucionario es un acto de amor a la humanidad y a la Patria misma en aras de erradicar las desigualdades, las injusticias y la explotación del hombre por el hombre mismo. Y de eso trata, precisamente, la incomparable trayectoria y visión de vida de nuestro compañero y Maestro, Víctor Torres Ortiz. Perteneces por derecho propio a ese exclusivo linaje de revolucionarios y reformistas sociales cuya inquebrantable y luminosa fe y amor por el pueblo de Puerto Rico te ha inducido, a lo largo de tu peregrinación existencial, a luchar incansablemente por la libertad, la dignidad y la integridad nacional de nuestro amado Puerto Rico. Comenzaste tu jornada patriótica en tu idolatrada ciudad de Cidra cuando apenas contabas con catorce años de edad y desde entonces haz sido ejemplo de perseverancia, constancia y desprendimiento por la suprema definición de nuestro país. Nunca te ha temblado el pulso y mucho menos ha pasado por tu mente la tentación de claudicar a tu sagrada misión de emancipador y libertador de nuestro máximo tesoro nacional como lo es el pueblo de Puerto Rico.

De ahí que te hayas convertido en uno de los fundadores del Partido Independentista Puertorriqueño allá en 1946 bajo la inspiración y liderato de nuestro legendario fundador, Gilberto Concepción de Gracia. Desde entonces, aún en los momentos de mayor quebranto y desasosiego nacional, haz sido uno de los insobornables e incansables pilares de nuestra colectividad. Con tu dinámica y vocación haz sabido mantener encendida la llama de la libertad y la liberación nacional de nuestro pueblo. Recordamos con cierto grado de nostalgia, pero beneplácito a su vez, que fuiste tú y Alejita los que nos llevaron de la mano para integrarme a la militancia del Comité de Caguas del Partido Independentista Puertorriqueño. Desde entonces aprendimos, con tu ejemplo, dedicación y compromiso patriótico, no tan solo a respetar la lucha por la independencia, sino también a amar y respetar a todos los que, como tú, han entregado su sabiduría, su visión y esfuerzo patriótico por construir un mejor Puerto Rico. Quiero que sepas que cuando escribo cada una de mis columnas para el Semanario La Semana, me inspiro en tus enseñanzas, en tu ejemplo y en tu sabiduría patriótica. Realmente, muy pocos como tú pertenecen a ese exclusivo y luminoso linaje de paradigmas de la Patria al haber demostrado, a través de tu ejemplo y dedicación, tu compromiso, pasión y desprendimiento consuetudinario por la libertad de Puerto Rico.

Eres, además, el arquitecto de Los Bravos de Cidra, dinastía del béisbol Superior de Puerto Rico. No conforme con todo ello, eres un ejemplo y modelo del hijo, hermano, amigo, padre, esposo, filántropo y el ciudadano que todos admiramos, amamos y respetamos.