Hora de darnos a respetar

Por Juan Dalmau
Candidato a Senador PIP
Publicado en El Nuevo Día
12 de febrero 2016

Juan Dalmau 2016

 

El anuncio del presidente Barack Obama a favor de concederle a los puertorriqueños una supuesta paridad en el programa de Medicaid, además de una supuesta reestructuración de la deuda pública de Puerto Rico, resulta en un nuevo simulacro de acción sin movimiento real. Obama no compromete a la Rama Ejecutiva a asumir siquiera alguna iniciativa por pate del Tesoro Federal. Todo lo contrario. Una vez más, Obama le lanza el problema de Puerto Rico al Congreso republicano, donde es sabido que la mayoría republicana ya ha advertido que los comités que atienden el presupuesto federal no van a considerar las propuestas del presidente.

Para añadirle insulto al engaño, Obama mismo adelantó que su propuesta al Congreso va de la mano con un mecanismo que supervise el manejo presupuestario del gobierno de Puerto Rico con extrema rigurosidad. En otras palabras, se trata de una Junta de Control Fiscal Federal con poderes absolutos sobre los asuntos y servicios del gobierno de Puerto Rico para defender los intereses de los acreedores extranjeros. El problema político de fondo, nuestro estatus colonial, ni se menciona. Por el contrario, la respuesta del gobierno estadounidense es más colonia.

Ante la crisis, el PIP ha insistido con firmeza exigiendo responsabilidad de quien la tiene. La astronómica deuda pública no es un problema entre el pueblo de Puerto Rico y los acreedores ante el que Estados Unidos pueda, desde las gradas de la historia, seguir simulándose un mero espectador. Sin duda, la crisis financiera ha sido el resultado de malas administraciones irresponsables de los partidos coloniales que se han turnado en el gobierno; pero el problema fiscal del país responde principalmente al problema político de la subordinación antidemocrática que padecemos.

Hemos planteado que la única opción real es declarar el impago de la deuda pública de Puerto Rico: ni un centavo más del pueblo puertorriqueño hasta que el gobierno de Estados Unidos-y no sólo los acreedores-se sienten a negociar con seriedad y buena fe la solución de fondo: la reestructuración y refinanciación de la deuda dentro del marco político de nuestra soberanía es la única vía que abre las puertas al crecimiento y el desarrollo económico.

El descalabro fiscal y la crisis económica que padecemos son la consecuencia del colapso del modelo colonial de dependencia que hemos padecido, agudizado por la incompetencia y la corrupción de los gobiernos populares y penepés. ¡Mientras esta situación no cambie, seguiremos tratando de resolver el problema con los problemas que han creado el problema!

Para comenzar a estructurar sensatamente una salida digna, Rubén Berríos ha exhortado a los presidentes de los partidos que proponen cambios de estatus a reunirse para alcanzar unos acuerdos sobre cómo emplazar al gobierno de Estados Unidos. Nos debe alentar una cautelosa esperanza saber que los líderes de ambos partidos han respondido y seguramente esta semana se acordará una fecha para llevar a cabo dicha reunión y buscar un proceso justo para ponerle fin al régimen colonial, lograr una justa reestructuración de la deuda y poner en marcha un programa de crecimiento y desarrollo económico libre de toda tutela federal o limitación colonial alguna.

Este no es momento de deslumbrarse con migajas y aplaudir limosnas imperiales fundadas en más promesas huecas. Es hora de darnos a respetar.