Muhammad Alí y el Servicio Militar Obligatorio

Por:  Luis Domenech Sepúlveda

 

‘Prefiero el triunfo de la moral antes que el triunfo del oportunismo” (Muhammad Alí)

 

      De partida, quiero confesar que como deportista y ex educador físico universitario, siempre tuve mis reservas contra el boxeo por considerarlo un deporte cruel, deplorable, degradante y de poca sensibilidad humana. Creo que es lo más cercano a las matanzas celebradas en el antiguo Coliseo de Roma donde las multitudes se deleitaban hasta el delirio frente a las escaramuzas de los gladiadores muchos de los cuales luchaban por su propia libertad. En ese sentido, fui poderosamente influenciado por las humanitarias palabras del legendario profesor universitario, el sangermeño Luis F. Sambolín, cuando nos decía, y cito: “el deporte es para construir seres humanos y no para destruirlos”.  Con todo y ello, nadie puede negar que el legendario Cassious Clay (Muhammad Alí) haya sido uno de los grandes atletas de todos los tiempos no solo por sus habilidades y éxitos en el cuadrilátero, sino por su inteligencia, humanismo, principios y escala de valores fuera del campo boxístico.

      Se trata, sencillamente, de uno de los atletas más admirados, respetados y venerados por sus posturas humanitarias en contra de la injusticia y la segregación racial. Luchó por la paz mundial, los derechos humanos y condenó sin reservas la guerra contra Vietnam. Ello lo ha colocado, por derecho propio, a la altura histórica de Nelson Mandela, Martin Luther King y Malcolm X, paradigmas indiscutibles de la dignidad y la igualdad entre los seres humanos. Tan así fue, que en una ocasión lanzó a las profundidades del río Ohio su medalla de oro obtenida en los Juegos Olímpicos de Roma 1960 porque no le permitieron la entrada a un restaurante reservado exclusivamente para personas blancas en su natal Louisville, Kentucky.  Incluso, para que su nombre no fuera pisoteado, logró que su “Estrella de la Fama” en Hollywood fuera colocada en una pared en lugar de la tradicional acera donde se honra a las celebridades internacionales.

      Sin embargo, su más importante y significativa batalla existencial la libró en 1967 cuando rechazó el Servicio Militar Obligatorio durante la guerra de Vietnam por objetor de conciencia.  Ello le costó, no solo el título de la división pesada y una sentencia de cinco años de cárcel, sino su propia ruina económica por concepto de honorarios legales cuyos litigios se extendieron por espacio de cuatro años. Finalmente la sentencia fue conmutada sin que haya tenido que cumplir tan siquiera un día de cárcel. Para sorpresa y beneplácito de muchos jóvenes estadounidenses, en 1973 el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró inconstitucional la Ley del Servicio Militar Obligatorio. Desde entonces, el servicio militar es totalmente voluntario aunque continúa siendo mayormente para el reclutamiento de jóvenes hispanos, afroamericanos y blancos  desempleados y económicamente indigentes.

      En 1990 Muhammad Alí viajó por iniciativa propia a Irak para reunirse con Saddam Hussein regresando a Estados Unidos con 15 estadounidenses que habían sido encarcelados. Que el pebetero de Atlanta 96 continúe encendido por la memoria de ese gran humanista internacional.