En un país sacudido por la corrupción y la violencia, no es de extrañar que quien quisiera proyectarse ante los puertorriqueños con una falsa imagen de esperanza de cambio, lo hiciera invocando dos de las cosas que más anhela nuestro pueblo: la paz y el consenso. La dulzura de ese lema fue el caballo de Troya con el que la campaña electoral de la hoy gobernadora se abrió paso en la conciencia de muchos votantes. Pero igual que en el mito griego, del interior de lo que a algunos ingenuos les pareció un fabuloso regalo, salieron con la caída de la noche los invasores que entre alaridos de guerra arrasaron la ciudad.

De esa manera, de los mismos labios de los que emanaba aquella prédica de paz –Paz para Vieques, Paz para la familia puertorriqueña, Paz para el mundo– escuchamos hoy palabras de apoyo a la guerra y alabanzas a esa “defensa común” que se alimenta de la muerte en combate de soldados boricuas. No es casual que ésta sea la administración que más empeño ha puesto en preparar la próxima camada de voluntarios cuyas vidas son el colateral del tributo de sangre que la colonia rinde al amo. Primero, el reclutamiento militar a través de las escuelas, en un procedimiento repugnantemente viciado para favorecer el interés de las fuerzas armas de EE.UU. en reclutar jóvenes puertorriqueños. Y ahora, las “orientaciones” que el Comando Sur está llevando a las escuelas elementales con el auspicio del Departamento de Educación. Hay que tener algo muy mal en la cabeza (y en el corazón) para exhibir, como la vimos en la foto del periódico, a una niñita de nueve años en una escuela pública en Naguabo, lista para la guerra, con casco y mochila militar. ¿No son esas las mismas imágenes que todos denuncian como abusivas cuando se trata de niños “adoctrinados” por la milicia de países que no simpatizan con los EE.UU.?

Igual que las culturas antiguas que sacrificaban niños para aplacar la ira de los dioses, hoy en Puerto Rico los líderes del ELA ofrecen la conciencia de nuestros niños y niñas para que en el norte no se crean que aquí todo es desobediencia civil y reclamo de derechos. Es el ofertorio que hacen los que viven del miedo para ganar el favor del “Gran Dios Blanco”.

La segunda ofrenda de los que antes repetían a toda hora que “éste es un gobierno de diálogo y consenso” es a los dioses del Poder Económico. Rompiendo la larga tradición de consenso tripartita para enmiendas a la legislación electoral, el liderato del Partido Popular forzará la aprobación de una nueva ley para el financiamiento de campañas que, contrario a lo que debía perseguir esa reforma, alienta el inversionismo político. Gracias al PPD, de ahora en adelante cada donación privada que obtenga un candidato a la gobernación, será premiada con igual cantidad de fondos públicos. Como ha señalado el senador Fernando Martín, es como si el plan del gobierno para acabar con la adicción a la nicotina estuviera basado en regalarle a los ciudadanos otro cigarrillo por cada uno que se fumen.

Para certificar su intención de premiar a los mercaderes del templo, el liderato legislativo popular ha convocado a una sesión el Miércoles Santo (regularmente no se sesiona los miércoles). Sólo se celebrará una vista pública, en la que sólo depondrán funcionarios de gobierno. Que esto suceda con la oposición abierta de las minorías, lo explica con candidez el presidente de la Cámara de Representantes: se dio oportunidad para el consenso, lo que pasa es que no estuvieron de acuerdo. Además, aclaró: “..estos procesos no los controla la minoría, los controla la mayoría” ...y el proyecto “se va a aprobar porque se va a aprobar”. Impresionante, hay que decir, tal capacidad para el diálogo. Bajo esta nueva definición de consenso (consenso –dícese de la oportunidad que tienen los demás de asentir gustosamente a lo que imponga la mayoría) no puede extrañar que aquella Comisión de Unidad y Consenso –que según otra promesa de campaña atendería el tema del status– nunca cuajara. El problema no fue ninguna de las excusas que cada dos meses inventaba la gobernadora. Lo que pasó es que no se llegaron a dar las circunstancias para uno de esos “consensos” en los que el liderato PPD pudiera cargar los dados a su favor.

La ironía es que por embelesarse en el árbol, al liderato del PPD se le está escapando el bosque. Tanto sufrir para rescatar al ELA del naufragio, mientras en otras esferas, entre aquellos a quienes ellos se desviven por complacer, los consensos que se están dando hace rato se despegaron de esa fantasía de cartón que es la perpetuidad de la colonia. El ejemplo más reciente es Roosevelt Roads. Mientras la gobernadora suplica que se quede la base aunque allí no se haga nada –es decir, aun cuando no genere ninguna de las actividades que supuestamente beneficiaban a los puertorriqueños– los militares, superado ya el trauma inicial del cese al bombardeo en Vieques, empaquetan sus cosas sin mayores pesares. Con ellos se alejan, junto con una de las principales razones de ser de la colonia, los lazos que el sector estadista reclamaba como su boleto de entrada a la gran nación americana. Ese es el consenso de allá, la decisión que controlan aquellas mayorías, las determinaciones que se aprueban porque se aprueban. Le han quitado la alfombra de debajo de los pies al liderato del Partido Popular: no sólo se van desvaneciendo los últimos argumentos a favor de la colonia, sino que también se esfuma la posibilidad de la anexión. Arrancada la visión de un futuro brillante y colonial, agonizando el enemigo fácilmente vituperable de la estadidad, sólo cabe la desesperación.

Para los independentistas, esa desarticulación de los dos opositores a nuestra soberanía, significa, en primer lugar, la confirmación de lo que hemos estado diciendo por tanto tiempo, y que Rubén resumió en su frase “Ayer Lares, hoy Vieques, mañana Puerto Rico”. Es además, una apertura a un futuro de prosperidad al que se unen de distintas formas los sectores más diversos. Así sucedió en Vieques, cuando puertorriqueños de todas las procedencias e ideologías se unieron en una exigencia de paz, y así está pasando con el cierre de Roosevelt Roads, con un nuevo consenso sobre las posibilidades de desarrollo que puede traer ese evento para nuestro país.

Son las vueltas que da la historia; es el advenimiento, esta vez de verdad, de la paz y el consenso.