Dicen que las noticias malas son las que viajan de prisa; será por eso que aún no han llegado (ni llegarán), las buenas noticias –las verdaderas noticias– de lo que pasó en Vieques el 1ro. de mayo, y algunos medios han preferido concentrarse en los hechos lamentables que, sin que la presencia de la Gobernadora o el Alcalde de Vieques fueran de alguna utilidad para impedirlo, ocurrieron la noche antes.

Pero lo que hace a los eventos importantes o inconsecuentes no es la novedad que representen en el momento: lo que importa es el impacto que tengan en la realidad futura. A mi me parece que, más allá de la histeria tipo artículo National Geographic que los actos vandálicos suscitaron en aquellos que tiemblan ante la idea de que a los norteamericanos le llegue cualquier versión menos agraciada de la imagen de los puertorriqueños, lo ocurrido esa noche, aunque penoso, no pasará de ahí. La amenaza del servicio de Pesca y Vida Silvestre de cerrar el acceso a varias playas en represalia no es tal, y los que han estado trabajando en la transición lo saben. Setenta y dos horas antes de la transferencia de jurisdicción de las tierras del Este esa agencia no estaba preparada para recibir público en las áreas a las que eventualmente habrá acceso, y cualquier razón es buena para ganar tiempo para hacer los ajustes que debieron haber hecho antes.

Así que los excesos de esa noche no van a cambiar la historia; lo que representa un giro en nuestra vida política es la llegada del 1ro. de mayo. No en balde los que temen al advenimiento de un nuevo Puerto Rico sólo quieran hablar de “lo malo”, porque “lo bueno”, es su decreto de extinción.

Para que se diera ese primero de mayo, para que hablemos hoy de un Vieques libre de bombardeo, los líderes del partido anexionista y del partido colonialista (con sus debilidades y ambigüedades, que si no las tuvieran no serían lo que son) tuvieron que dar un giro de 180 grados en sus posturas, y unirse a la petición de la salida de quienes tanto habían defendido. Los que censuraron a Rubén cuando estuvo en las playas de Culebra en el 1971 exigiendo también a través de la desobediencia civil el cese de las prácticas de la Marina en esa isla municipio, se vieron obligados desde el 1999 a caminar en Vieques por la misma ruta que Rubén señalaba.

Fue el transitar de tantos puertorriqueños por esa ruta lo que celebramos el 1ro. de mayo. Como dijo Rubén en su discurso: “Cuando hay hiel, vienen pocos, cuando hay miel vienen todos... pero no hay que preguntarles porque vienen”. Y para esa celebración, bajo la consigna “de la Isla Grande a la Isla Nena”, cientos de militantes del PIP, junto a muchos otros puertorriqueños, llegaron a Vieques ese jueves, con mil sacrificios y dificultades (la Autoridad de Puertos no honró el compromiso de transportación que había hecho con nosotros) a marcar el cierre de una jornada y el comienzo de otra. Por eso, lo realmente importante es, primero, el gran triunfo que significa haber logrado el cese al bombardeo, tan a contracorriente de la posición tradicional de los partidos de mayoría, y segundo, la agenda para este nuevo capítulo.

En su libro “Que salga el sol”, el líder israelí Simon Peres advierte que el liderato político de estos tiempos poco tiene que ver con lo que era antes: “Dirigir ya no es, como hacen los directores de orquesta tradicionales, hacer que se interprete una partitura ya escrita, es reinventar sin descanso nuevos acordes, una nueva música”. Para ningún país ese recordatorio es tan pertinente como para el nuestro. En Puerto Rico, el papel de los que se han alternado en el poder ha sido precisamente ese: tocar al son de la música que les impone la partitura colonial. Pueden cambiar un poquito el tempo, pueden darle más color a un acorde, pero Dios los libre de alterar una nota.

Veamos el ejemplo de Vieques. El fin de semana un periódico publicó varios artículos sobre la historia de la presencia de la Marina allí y la “pugna por la devolución de las tierras”. En realidad, se trata de un recuento patético de las justificaciones que de Muñoz Marín en adelante se han dado los gobernadores de Puerto Rico para consentir, no ya a la presencia de la Marina en Vieques, sino hasta a las condiciones ignominiosas que se imponían sobre la vida en la zona civil, desde la disponibilidad de electricidad hasta la construcción de segundas plantas en las casas. Convirtieron a Vieques en la moneda con la que pagar la sujeción política que les garantizaba sus puestos, y ninguno, jamás, se atrevió a levantar la cabeza para siquiera sugerir que lo mejor para los viequenses era que la Marina se fuera. Ante el abuso patente, les bastó la alegación siempre disponible de que ésa la contribución de Puerto Rico a la defensa de los norteamericanos.

Pero las hojas de esa partitura se están cayendo del atril, y los líderes del PNP y el PPD van a tener que darse cuenta de que, si quieren que haya música, hay que atreverse a componerla, y que esa nueva melodía a quien tiene que sonarle bien es a los puertorriqueños.

El 1ro. de mayo en Vieques, Rubén puntualizó las dos grandes tareas que nos esperan (además de la exigencia para la devolución y descontaminación de los terrenos) y para las que hemos aprendido tantas lecciones en nuestro enfrentamiento con la Marina en estos cuatro años: Roosevelt Roads y el status. En cuanto al futuro de la base de Ceiba, la Gobernadora hará el papelón mas grande de su incumbencia si continúa dejándose dominar por los sectores más reaccionarios y ultracolonialistas, insistiendo como hasta ahora en el uso militar de los terrenos para los que se fraguan ya tantos planes de desarrollo económico (ahí está, por segunda vez en la primera plana del Caribbean Business, la propuesta para el puerto de trasbordo en Roosevelt Roads), y de potencial turístico (esta semana directivos de Turismo hicieron declaraciones abiertas al respecto). Sobre el status, sabe bien esta administración que abundan las señales de que el ELA no da para más y de que tapar el cielo con la mano no es trabajo tan fácil como lo era en otros tiempos.

El mundo cambia a un ritmo vertiginoso. En la caverna de la colonia, muchos pensaron mantener nuestro país inmune y aislado de esa ola de regeneración. No es posible. Con Vieques llegó lo que Simon Peres llama la “segunda génesis” a la que tienen que despertar las naciones; una génesis que no responde a un gesto divino, sino a una potencialidad histórica.

Ese nuevo comienzo, la salida de un nuevo sol, fue lo que de verdad ocurrió en Vieques el 1ro. de mayo. Para los que estemos listos, llegó la hora de recibir ese nuevo día.