Esta es la tierra estéril y madrastra
en donde brota el cactus
salitral blanquecino que atraviesa
roto de sed el pájaro --
Luis Palés Matos
“Topografía”

Todo se ensaña contra la zona. La desértica belleza de la tierra “en donde brota el cactus” a la que cantaba Palés ha atraído a los enamorados más crueles e insensibles. Nos decía la semana pasada Víctor Alvarado, legislador municipal del PIP en Salinas, en una reunión con representantes de varias comunidades de Guayama y Salinas convocada por Diálogo Ambiental, que “lo que nadie más quiere viene a parar aquí, desde la cría de avestruces hasta la planta de carbón”. Cual si se tratara de una conspiración para arrebatarle a los residentes lo que, por escaso, es más preciado, los proyectos que se han instalado desde Guamaní hasta el río Nigua y de ahí hasta la cuenca de Jobos dependen de inmensas cantidades de agua para funcionar. Como en esas películas futurísticas con aires apocalípticos, allí cada día comienza para mucha gente con la incertidumbre de si tendrán o no tendrán agua.

La reapertura de la procesadora de pollos antes conocida como PAPRI, y que ahora funcionará en manos privadas todavía está a la espera de los permisos para extracción de agua. Mientras tanto, competirían con los residentes por el uso de agua (cientos de miles de galones al día). Otro de los monstruos sedientos del sur es la cogeneradora AES, que produce energía a base de carbón para venderla a la AEE. Para cumplir con su demanda de agua plantean hincar siete nuevos pozos –a pesar de que una de las promesas cuando se instalaron allí fue la de nutrirse del agua de la planta de tratamiento, para no interferir con los ya escasos abastos. Como un mal adicional, la expansión de la dependencia de una generatriz a base de quema de carbón (elemento con el que no contamos en Puerto Rico) nos ata cada vez mas a fuentes energéticas no renovables y de alto costo. Con AES, nos traen la privatización de Energía Eléctrica por la cocina, contaminan el ambiente, nos sale más cara la luz y encima, se quedan con el agua.

En el sector Villodas, a la entrada de Guayama, el verdor del campo de golf que lleva el nombre de Chi Chí Rodríguez se paga con la sequía en cientos de hogares. Si funcionan a capacidad cada una de las ocho bombas que se instalaron para regar día y noche el campo de golf (única forma de lograr esa alfombra de inmaculada esmeralda en un sitio casi desértico), estaríamos hablando de cerca de millón y medio de galones de agua al día. La situación se complica por la toma de agua canal arriba –donde correspondería a otros usuarios– en lugar de canal abajo. El campo de golf se verá precioso, pero el costo para las familias que necesitan esa agua es vivir en la precariedad tercermundista de abrir la pluma y que no salga ni gota.

En el sector Trinitaria de Salinas se construyeron unas mil unidades de vivienda. Hacían falta esas y puede que hagan falta más, pero la multiplicidad de proyectos en la zona, sin tomar provisiones para que les llegue el preciado líquido, ha dejado a secas a los no tan felices nuevos propietarios. En San Felipe los residentes sufren a su manera las consecuencias de la ola criminal; hasta que no se apagan las luces en la cárcel cercana la presión de agua no da para sus casas. Historias similares viven los residentes de Pozuelo, de Puente de Jobos y de Puerto de Jobos.

Para colmo, otras actividades que se desarrollan en la zona presentan un peligro indirecto para los cuerpos de agua. El vertedero de la BFI (que sin la vigorosa oposición de, entre otros, Diálogo Ambiental, estaría operando como vertedero de desperdicios tóxicos), además de que ocupa terrenos de potencial agrícola, expone a un gran peligro al acuífero del sur. La resistencia y durabilidad de la cubierta que se utiliza para proteger las capas subyacentes de terreno está por probarse, por lo que la lixiviación de materiales del vertedero (o sea, el tránsito de sustancias dañinas a través de las capas de tierra) hasta el agua es una amenaza latente. BFI ha solicitado un permiso de expansión para su vertedero, y según algunos residentes es inminente el inicio de actividad en terrenos propiedad de la Autoridad de Tierras. Por otra parte, varios vecinos han advertido que la planta de cal que recientemente comenzó operaciones en Mosquito, inició sus trabajos colocando montículos de cal a la orilla del mangle, a riesgo de que el material llegue hasta el agua.

Si las cosas andan mal con el agua, tampoco van bien con el aire. Los residuos de los neumáticos quemados en el almacén de Aguirre todavía llegan hasta las casas. En el Monte Sabater (que además es un recurso arqueológico) se extrae ya corteza terrestre a pesar de que la cantera no ha completado la permisología; mientras, el polvo fugitivo se posa sobre las comunidades que le quedan al oeste.

No sólo sufre la gente. A la Reserva Estuarina de la Bahía de Jobos se le negó parte del agua que hoy riega el campo de golf, y se ve particularmente afectada por el desastre en la planificación. A pesar de que es un verdadero tesoro ecológico, único en el continente, sigue en veremos la adquisición de terrenos indispensables para la conservación del estuario, y que ahora han incitado la codicia de la compañía Southern Tourist Center, que planea la construcción de un centro residencial y vacacional que amenazaría con asfixiar la reserva, y que acabará de exprimir las últimas gotas de agua disponibles. De hecho, aunque ni se ha presentado consulta de ubicación, el alcalde de Salinas le ha dado una entusiasta e incondicional bienvenida al proyecto del que, por lo demás, nadie parece saber nada en concreto.

Más que la tierra, en la zona entre Guayama y Salinas ha resultado estéril y madrastra la función del gobierno. Pese al claro lenguaje de la Ley de Aguas (“El aprovechamiento de aguas para el consumo doméstico y en particular para el consumo humano, tendrá prelación sobre cualquiera otros”), la conjunción nefasta de incompetencia, insensibilidad y flaqueza ante los intereses de los adinerados ha creado una situación insostenible. Para que se pueda entender el impacto no de uno, sino de la combinación de todos esos proyectos, el senador Fernando Martín ha presentado una resolución investigativa. Acudan a rendir cuentas los responsables de ese desastre; no podemos permitir que mientras los golfistas, los constructores y hasta los pollos se lo beben todo, queden, rotos de sed, miles de puertorriqueños.