Comenzaron ya los debates sobre los debates. De forma nada sorprendente, el primer asunto en discusión ha sido la intención de los candidatos PPD y PNP de excluir al Lcdo. Rubén Berríos, aspirante a la gobernación del PIP, del primer debate, que trataría sobre la educación. Digo que no sorprende porque lo que hacen Acevedo Vilá, Pedro Rosselló, cada cual con sus matices, al desear la exclusión de Berríos, no es otra cosa que responder al natural y primitivo llamado de la conservación de la especie en este caso de la especie de la mediocridad a la que pertenecen las ideas gastadas y los estilos viejos que son lo único que tienen que presentar los líderes del PPD y el PNP al pueblo de Puerto Rico.

Nada nos puede extrañar que el Dr. Rosselló ya tenga bastante con los señalamientos que le hará el candidato del PPD sobre el nido de corrupción que fue el Departamento de Educación durante su administración, bajo la dirección de Víctor Fajardo. Pero a Acevedo Vilá le puede replicar Rosselló con su propia listita de los actos de corrupción cometidos en esta administración y antes por funcionarios del PPD. La controversia, como hemos visto hasta el cansancio, no es si unos roban y otros no, sino quién tiene en su bando más ladrones que el otro. En esa liga nefasta de pillos grandes y pequeños, nada tiene ninguno de ellos que señalarle al PIP, que en décadas de administración de fondos públicos a través de las oficinas legislativas y de la Comisión Estatal de Elecciones no ha mal utilizado un centavo del pueblo del pueblo de Puerto Rico.

En cuando a los otros grandes fallos de la administración de Pedro Rosselló en el área de Educación, poco puede acusar Acevedo Vilá al anterior mandatario de falta de visión y eficiencia, cuando el PPD, como en tantos otros renglones, se ha convertido en el entusiasta sucesor de la administración Rosselló en sus fracasadas políticas educativas. Ahí están las escuelas de la comunidad, con las mismas fallas que el PIP viene denunciando desde tiempos del PNP (llevar a cada escuela los mismos problemas que había antes en las regiones y a nivel central), y la ley de Rosselló de la carrera magisterial, que ni con los azules ni con los rojos ha suplido la necesidad de que nuestros maestros continúen su preparación para aumentar el nivel de excelencia en el salón de clases. Y como en la era de Rosselló, siguen los bochornosos resultados de las pruebas de aprovechamiento, revelando que ni unos ni otros se acercan a lo que tiene que ser la meta primera del DE: que nuestros estudiantes aprendan más.

Tampoco les conviene a los candidatos pepené y popular que, estando nuestro pueblo de luto por los trece militares puertorriqueños muertos en Irak, Rubén Berríos les recuerde que ninguno ha tenido objeción para que las escuelas públicas se usen como centros de reclutamiento para las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Esclavos de sus ambiciones políticas, agarrados de la faldeta del americano, ni Rosselló ni Acevedo Vilá tienen las agallas para enfrentar a los Estados Unidos y ponerle un detente al tributo de sangre que quieren disfrazar de “defensa común”.

La defensa de Pedro y Aníbal ante la presencia de Rubén en un debate será la de siempre, débil e ilógica por donde quiera que la agarren: “es que el PIP no ha gobernado”. ¡Pero si de eso se trata! Una cosa va a estar bien clara en esta contienda electoral: ellos dos sí han sido gobierno y ambos dieron lo que iban a dar: Rosselló en dos cuatrienios en la Fortaleza y Acevedo Vilá como parte integral de la administración Calderón. Más allá de las acusaciones de “pillo tú también” ¿qué tienen que ofrecernos en un debate ellos dos solitos? ¿Cuál es esa idea maravillosa para el futuro de nuestros niños que se le ocurrió al Dr. Rosselló justo después de dejar la gobernación y que quiere compartir ahora? ¿Cuál es la solución para el descalabro en Educación que ideó Acevedo Vilá pero que quiso tener guardadita todo este cuatrienio, sin ponerla en práctica desde ahora que está en el gobierno? Aquí nadie se hace de ilusiones: un debate en el que sólo participen los candidatos del PPD y el PNP sería la confabulación del engaño; dos que se saben igualmente débiles y gastados rehuyendo la confrontación honesta no sólo sobre el pasado, sino sobre las proyecciones que se tienen para el futuro de la educación en Puerto Rico.

Para Aníbal Acevedo Vilá y Pedro Rosselló el escenario del debate con el candidato del PIP es el de la pesadilla que querían posponer para entrado ya el año electoral. Saben que nunca había existido en Puerto Rico un nivel tal de descontento repartido a partes iguales hacia el liderato popular y penepé que hace que la alternativa del PIP sea más atractiva que nunca para un amplísimo sector del electorado. De la misma forma están conscientes de que sus divisiones internas (las heridas abiertas por la primaria PNP y la vergüenza por lo que significa Rosselló; las facciones PPD de rafaelistas, silistas y de resignados anibalistas) no les permiten contar siquiera con la adhesión incondicional del corazón del rollo. Entre iguales como ellos –desgastados, sin carisma, sin nada nuevo que decir, remendando fisuras en sus partidos– dos son compañía y tres, cuando el tercero es un adversario como Rubén, se convierten en una multitud en la que se saben sofocados y perdidos. Parecería que se los come la nostalgia por los días aquellos de la Ley de la Mordaza, cuando ser independentista era un delito.

Pero los pobres, que tan contentos se veían de estar solos en el debate y de convertir un asunto serio en un dime y direte sin consecuencias entre primos hermanos ideológicos, van a tener que recapacitar. La presión pública ha hecho, que aunque con las muelas de atrás y sin dar a tiempo las instrucciones a sus representantes, el candidato PPD reaccione. No se trata del reclamo del PIP; es la exigencia de un pueblo al que cada día es mas difícil engañar, un país que sabe que existe una alternativa que los líderes rojos y azules le quieren negar. Este primer debate sobre los debates ya lo perdieron Acevedo Vilá y Pedro Rosselló. Que les sirva de calentamiento para lo que viene.