Mientras el país se alumbra por todas partes con las galas y adornos propios de la época navideña, la sombra de la calamidad insiste en posarse sobre la Isla, como para recordarnos que para los sucesos tristes no hay recesos festivos. Tres noticias nos trajo la semana pasada que, aunque relacionadas a eventos muy distintos, me parece que reflejan el mismo espíritu de desidia de ciertos elementos en el Gobierno, la misma indiferencia, ineptitud y dejadez que de tan mala manera han sembrado el escepticismo y la desconfianza en el pueblo que ve cómo la apatía de los de arriba se traduce en el dolor de los de abajo.

La primera mala nueva es la publicada en un informe de la Oficina del Inspector General del Departamento de Salud y Recursos Humanos de Estados Unidos, que revela el mal uso de unos $352,094.00 de los fondos conocidos como Ryan White, destinados al tratamiento de pacientes VIH/SIDA. Según el informe, el Municipio de San Juan, en el período comprendido entre marzo de 1998 y febrero de 2001— es decir, bajo la incumbencia alcaldicia tanto de Sila Calderón como de Jorge Santini— pagó a varias instituciones cientos de miles de dólares por servicios que no fueron prestados de forma razonable, identificable o que ni siquiera estuvieron disponibles. En el caso del hospital Ryder de Humacao, se descubrió que el hospital, por un lado, compraba medicamentos con descuento a través de un programa federal y, por otro, se los vendía al Municipio de San Juan por encima del valor en el mercado. A ese son se embolsicaron más de un cuarto de millón de dólares por encima del valor real de las medicinas. De la misma forma cobraron hasta tres veces lo facturable por servicios de enfermería, terapia y laboratorios. Y el Municipio, que a la hora de dar servicios casi se canta indigente, firmando cheques como si nada. Mientras eso pasa, bajo la excusa de austeridad, ASES, como denunciamos en esta columna hace meses, le ha estado negando a los pacientes VIH/SIDA los medicamentos más avanzados en el mercado, lo que quiere decir que muchos enfermos están recibiendo terapias inadecuadas, que pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte. La investigación solicitada por el Senador Fernando Martín desde el 14 de mayo sigue engavetada en la Comisión de Salud; los que necesitan no tienen y a los que abusan se les premia.

Como segunda de esas malísimas noticias, tenemos que en la misma onda de repartir injusticia está el Departamento de Salud, cuyo Secretario anunció hace meses, en lucida conferencia de prensa que, ¡por fin! se incluiría como proveedora bajo la Reforma a una organización comunitaria para la desintoxicación de adictos a drogas. Lo que pasa es que para Salud contratar y pagar parecen ser actos no relacionados, y los empleados de Iniciativa Comunitaria, como denunció su director el Dr. José Vargas Vidot, no tienen de donde recibir su salario hasta que Salud se compadezca y les pague los $245,000 que debe por servicios prestados desde julio. Tampoco el Municipio les quiere cumplir: para el Ryder pagaron indebidamente cientos de miles de dólares, pero a Iniciativa le escatiman $79,000 legítimamente facturados.

La triste Navidad que pasarán los pacientes sin medicamentos y los empleados sin paga alcanza por otra parte a las miles de familias que finalizarán el año con algún ser querido arrancado de nuestra Isla para dar el frente por George Bush y compañía en Irak. Con la movilización de esta semana, suman siete mil los boricuas enviados a tierras lejanas, sin que los guíe ni estrella ni buena nueva, sólo una guerra insensata en la que ya han muerto trece puertorriqueños, que jamás pensaron que pagarían con sus vidas las villas y castillas que les prometían los reclutadores de las fuerzas armadas. Es el conflicto más cruel al que Estados Unidos ha llevado a sus soldados en los últimos años, comparable en muchas de sus circunstancias al infierno de Vietnam: una guerra cuya duración no se conoce y a la que se resiste el mismo pueblo estadounidense, soldados aislados al extremo de que no se les permite acceso a periódicos, y combatientes sin preparación para el escenario al cual los han arrojado. No en balde la tasa de suicidios entre los soldados supera por mucho a la “aceptable” para la milicia de Estados Unidos: 17 militares se han quitado la vida y muchos mas lo han intentado o padecen ya de trastornos mentales que requieren atención urgente. Esa es la Navidad que espera a siete mil de los nuestros, sin que los líderes del PPD y el PNP, que tan festivamente se acusan mutuamente de cobardes y gallinas por un episodio como el del debate, se atrevan a ponerse los pantalones en su sitio para exigir el regreso de nuestros soldados. Para ser jaquetones ante las cámaras están prestos a sacar pecho; para recordarle al americano que el riesgo en que ponen las vidas de los boricuas en guerra nace de la inmoralidad que es el colonialismo no encuentran agallas ni arrojo. Fanfarrones para lo pequeño y disminuidos morales para lo que es de verdad importante; su actitud ante la guerra y el dolor de esas siete mil familias retrata de cuerpo entero la pequeñez de los candidatos que bajo las insignias roja y azul se apuntan en la carrera para Fortaleza.

Son amargas las noticias con las que comenzamos esta Navidad, más aun cuando acusan directo a la flojera de los que en lugar de llevarnos a celebrar un Belén, están empeñados en hacer pasar al país un eterno Calvario.