Cuando en la clase de daños y perjuicios el profesor Demetrio Fernández discutía el tema de la responsabilidad de los padres por las acciones de sus hijos, nos planteaba dramáticamente la gran pregunta a los aspirantes a abogados reunidos en el gélido anfiteatro de la Escuela de Leyes: “¿Y dónde está la madre de ese niño?”. La lección era: si el hijo es tuyo, respondes por él y por lo que haga.

Esa es la responsabilidad que ahora nadie admite con la finalización del contrato de administración de los servicios de agua entre Ondeo y el Gobierno de Puerto Rico. El aguado acuerdo firmado en mayo de 2003, mediante el cual Ondeo recibiría $3,820 millones por administrar los servicios de agua en nuestro país por diez años y que contó con la participación tanto de la gerencia de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados como del liderato legislativo del partido en el poder, ahora se deshace en la más triste orfandad porque de buenas a primeras, confirmadas todas las advertencias, profecías y admoniciones, nadie quiere responder por la maternidad de la criatura. Sólo hay que ver al director de la AAA y a los legisladores de mayoría. Con el mismo carácter veleidoso que abjuraron de su oposición a la privatización de servicios esenciales para rendirse ante el encanto francés de los empresarios de Ondeo, hoy dicen “uy, que horror”, como si nada hubieran tenido que ver con el gigantesco timo del que hicieron víctima a todos los puertorriqueños. Por lo plañidero de sus quejas en contra de la privatizadora a la que ellos mismos le sirvieron la AAA en bandeja de plata, parece que hubieran sido sometidos a un proceso de amnesia selectiva, en el que han escogido olvidar los señalamientos que tan claramente les hizo la prensa y la oposición sobre los desmanes cometidos por Ondeo en todo el planeta, desde Nueva Jersey a Suráfrica. No se queda atrás el liderato del PNP, que en esto no tiene hacia dónde ir. Como partido de oposición, se sienten llamados a señalar el descalabro de Ondeo; como pioneros de esta ola privatizadora que ha arrasado con todo lo que ha tocado, saben que a la hora de repartir culpas no hay forma de que salgan bien parados.

Claro que se puede encontrar alguna profunda explicación sociológica en esa negación de responsabilidades. Vivimos en un mundo en que esa actitud se ha convertido en una forma de vida, en una respuesta defensiva a la complejidad de la existencia moderna. Pero como no podemos esperar a que el liderato y los funcionarios del PPD y antes de ellos, los otrora privatizadores a ultranza del PNP se sienten en el diván del siquiatra a dilucidar sus problemas (ni esperar a que, con los estrechos vínculos entre el presidente ejecutivo de la AAA Juan Agosto Alicea y el candidato a la gobernación Acevedo Vilá, cuya campaña dirigió, abunden las ansias fiscalizadoras en el PPD), hay que comenzar con atender las consecuencias de este ondulante drama de desafiliación y abandono de responsabilidades.

En primer lugar, queda mucho por explicar al pueblo de Puerto Rico sobre las condiciones en las que se ha consentido a que Ondeo emprenda vuelo. De la misma forma que la gestación del contrato se dio en medio de una secretividad incomprensible, su recisión no ha sido, lo que una llamaría un ejemplo de la transparencia de la que tanto se precia el gobierno. En sus reclamos de hace apenas par de meses, Ondeo alegaba que Puerto Rico les debía noventa y tres millones de dólares por el mal rato de llegar a esta ínsula caribeña donde resultó que la agencia que administrarían no estaba en las condiciones que a ellos, pobres inocentes, les indujeron a creer. La AAA respondió con sus propias alegaciones de deudas y engaños, y el ajuste de cuentas parece que terminará con un balance a favor del gobierno por cerca de tres millones de dólares que Ondeo terminará recobrando como pago por un período de “transición” en el que su larga despedida del suelo borincano nos costará setecientos mil dólares mensuales en la primera etapa y ciento cincuenta mil en el final de los finales. Una aritmética particularísima la de esas negociaciones.

Tampoco puede el gobierno decirnos que está claro como el agua un ajuste de cuentas en el que no parece haberse considerado el indiscutible incumplimiento de Ondeo con el contrato a rescindirse. Según documentos a los que hizo referencia el propio Juan Agosto Alicea en una vista pública ante la Cámara de Representantes, las irregularidades en las que incurrió Ondeo van desde violaciones a legislación ambiental hasta contratación de personal sin las debidas certificaciones. La decisión de no invocar las correspondientes cláusulas penales por incumplimiento o de exigir el pago de las multas responsabilidad de Ondeo no ha sido explicada, y mucho menos se han dado a conocer las cantidades de las que se trataría. En aras de hacer lucir este “divorcio” lo más amistoso posible, la dirección de la AAA está disponiendo de los dineros y las a creencias del pueblo de Puerto Rico como si fuera una repartición de bienes gananciales entre ellos, los ejecutivos de la agencia y la privatizadora, olvidándose de su obligación de custodios de los haberes públicos.

Nos queda por ver cómo será el retorno de la administración de los servicios de agua al gobierno. Por lo que se ve, nuevamente se está tocando de oído. Mal pinta el asunto si el destino de los muchos millones de dólares que quedan para mejoras permanentes (ya están los contratistas afilándose los dientes) sigue en manos de los mismos que llevaron a este descalabro; después de todo, con deshacernos de Ondeo, sólo nos libramos de la mitad del mal. Sus cómplices en el gobierno siguen ahí, y nadie en el partido en el poder parece tener interés en que eso cambie.

La mezcla de imprevisión e incapacidad de esta administración ante una situación que se veía venir, ha impedido que a tiempo se conciba un plan, no para poner parchos en la AAA (y de paso entronizar en sus puestos a los incompetentes que han permitido que todo esto pase) sino para repensar el sistema completo, iniciar una renovación real de la infraestructura que compense por las décadas de abandono y evitar las deficiencias que ya padecíamos antes de los procesos privatizadores. Sin proyecto verdadero, no habrá responsabilidad real. Ojalá y no estemos en poco tiempo, con la implementación de la reestructuración de la AAA, preguntándonos otra vez dónde está la madre de ese niño.