Hace poco más de cuatro años, cuando iniciábamos la campaña hacia las elecciones del 2000 reunidos en asamblea general, los militantes del Partido Independentista Puertorriqueños nos encontrábamos en una situación sin precedente en la historia política de Puerto Rico: nuestro líder y candidato a la gobernación, Rubén Berríos Martínez, no estaba allí con nosotros—ni sabíamos cuando podría estarlo. Rubén, fiel a su promesa de permanecer en desobediencia civil en las playas de Vieques hasta que la Marina de Guerra de los EE.UU. lo sacara de allí bajo arresto, sólo pudo acompañarnos a través de un vídeo tomado en el campamento Gilberto Concepción de Gracia. Con el sonido de las olas de fondo, “el hombre en la playa” nos animaba a “unir voluntades” frente al reto electoral y frente a la prepotencia de la milicia norteamericana, y nos recordaba la importancia del trabajo de “los soles más esplendorosos”, los hombres y mujeres que a la sombra y sin cansarse luchaban por la independencia, la justicia y la solidaridad en cada rincón del país.

Al desalojo de desobedientes en Vieques aquel 4 de mayo de 2000 siguió una segunda incursión de Rubén a los terrenos prohibidos. Aunque en ese momento el tribunal federal no se atrevió a imponer una sentencia de reclusión como la que cumpliría Rubén tras su tercera entrada al campo de tiro en el 2001, tampoco entonces lo pudimos integrar a la campaña electoral. Rubén no había querido divulgar, hasta después del juicio, que durante su estadía en Vieques había sido diagnosticado con cáncer (“la credencial de viequense que me faltaba”, como dijo en aquel momento). La intervención quirúrgica, ya impostergable, lo forzó a un reposo de varias semanas. Con apenas tres meses antes de las elecciones, Rubén se desplazó por toda la isla en una apretada campaña, que a pesar de tantas dificultades, se tradujo en un aumento de casi un treinta por ciento de votos en comparación al 1996.

Este año, con Rubén nuevemente representando la opción del cambio y la esperanza bajo la bandera verde y blanca en la papeleta nacional, tendremos la campaña que no pudimos tener hace cuatro años. Como para desquitarse por su ausencia obligada del 2000, Rubén dio comienzo este domingo en Cayey a la campaña más intensa que se habrá visto en la historia electoral del independentismo. De aquí a noviembre, todos los días, vamos a estar “caminando con Rubén”. Pero no se trata solamente de la caminata y el saludo. La desilusión que en tanta gente ha sembrado la gestión de la administración Calderón-Acevedo Vilá y el repudio hacia la ola de corrupción asociada con los ocho años de Pedro Rosselló, han provocado un sentido de desesperanza en nuestro pueblo. Para los que alguna vez depositaron su confianza en esos líderes, parece como si estuviéramos prontos a tocar fondo. Así que Rubén (y junto a él, Edwin Irizarry Mora, candidato a comisionado residente, Víctor García San Inocencio y quien escribe, candidatos a la legislatura, y cada uno de los más de mil candidatos del PIP en toda la isla) tiene la misión, en este recorrido por el país, de rescatar en la gente la esperanza, y que la posibilidad de cambio está, literalmente, en las manos de cada uno, en lo que esas manos exijan con su voto el próximo 2 de noviembre. Ese es el llamado que ha hecho Rubén a la “insurrección electoral”. La que se librará en estas elecciones es la batalla entre la esperanza de un cambio real, defendida por el estandarte verdiblanco, contra la desolación del continuismo y el retroceso, representados por el agotado liderato de los bandos rojo y azul.

De lo que va a ser la campaña de esos otros candidatos, para muestra un botón basta. Tendremos suerte si podemos dar por cerrado el capítulo de las aves de corral y los personajes animados. Pero por un lado, el Dr. Rosselló nos tiene amenazados de continuar con su espectáculo de “obrero por un día”, como si acabara de descubrir que en este país hay gente que se levanta al amanecer para trabajar al sol y ganarse, de verdad, el pan con el sudor de su frente. No auguro a ese esfuerzo del candidato PNP ninguna concientización legítima sobre los pesares y carencias de los trabajadores puertorriqueños. Si durante sus muchos años como cirujano pediátrico no pudo vislumbrar la injusticia que sería someter a los niños de este país a un sistema de salud pública diseñado para racionar servicios a los más pobres, como en efecto sucedió con la Reforma de Salud que nos legó, difícilmente un disfraz y muchas fotos lograrán penetrar su demostrada apatía en la defensa de la clase trabajadora.

En cuanto al candidato del Partido Popular, vivirá de aquí a noviembre atrapado entre dos aguas. Recordemos que las últimas declaraciones del fenecido alcalde de Ponce en torno a Acevedo Vilá se referían precisamente a sus dudas sobre la capacidad de su candidato para ejercer simultáneamente como aspirante a la Gobernación y cumplir con su mandato como comisionado residente en Washington. En las comparecencias que hasta la fecha hemos visto del Lcdo. Acevedo, o sus representantes, sobre su programa de gobierno, han faltado en partes iguales lucidez y concreción. Su postura en cuanto al fundamental tema de la descolonización de Puerto Rico ha sido de un tibio quizás, tal vez, ya veremos. Con su silencio ha refrendado la exigencia de otros líderes de su partido de que el ELA exactamente como está, colonial y territorial, sea parte de las propuestas sobre el status de los pre candidatos demócratas a la presidencia de los EE.UU. Desabrida, sin carisma y con el desgaste que lastra su pobre gestión en Washington en estos cuatro años, la campaña del Lcdo. Acevedo a la Gobernación por PPD despierta tanto entusiasmo como un lunes lluvioso.

Esas son las perspectivas de aquí a noviembre. Quizás más que nunca, el tono con que han comenzado las campañas a la Gobernación retratan de cuerpo entero a los candidatos y a lo que ofrecen las instituciones políticas a las que representan. El pueblo de Puerto Rico tiene, desde ya, desplegada ante sí la papeleta con la que se enfrentarán en la urna de votación este dos de noviembre. Los electores pueden disfrazarse con el Dr. Rosselló o diluirse en el marasmo del estar y no estar del Lcdo. Acevedo Vilá, si quieren ser cómplices del deterioro que ya conocemos. O pueden ir caminando junto a Rubén, con esperanza, entusiasmo y vigor, hacia un Puerto Rico que sea mejor para todos.