Sólo la inmensa hostilidad entre el Lcdo. Aníbal Acevedo Vilá y el Dr. Pedro Rosselló impidió lo que debió haber sido la conclusión más emotiva de debate alguno en nuestra historia. En lugar del desagradable incidente del final —aquel saludo tan “efusivo” entre el ex gobernador y el Comisionado Residente— en el estudio del Canal 4, debieron haber reinado los abrazos y las lágrimas de felicidad discretamente enjugadas con el dorso de la mano, al modo de esos programas de televisión en que logran reunir a familias por largo tiempo separadas.

Porque si un saldo positivo nos dejó ese primer debate fue que en sus actitudes, en sus evasivas, en el vacío de sus propuestas y sobre todo en su resistencia a responder los emplazamientos del candidato del Partido Independentista, Lcdo. Rubén Berríos, los líderes del PPD y del PNP constataron la identidad de su genética política y demostraron que, ideológicamente, se trata de un dramático caso de gemelos separados al nacer: todo una vida cada cual por su lado, para encontrarse y descubrir que son el uno la viva imagen del otro.

Después del debate, por ejemplo, a nadie le puede quedar duda de que no importa si la Fortaleza se pinta de rojo o azul en enero de 2005, seguirá siendo el refugio del inversionismo político, que es el padre de la corrupción y la ineficiencia gubernamental. Ni el Dr. Rosselló ni el Lcdo. Aníbal Acevedo Vilá se atrevieron a contestar el señalamiento del Lcdo. Berríos sobre su aquiescencia a la nueva ley electoral; mucho menos explicar la corrupción rampante en la administración de uno y las irregularidades en donativos políticos del otro. Pero si el que calla otorga y un gesto dice más que mil palabras, en ese silencio estuvo la respuesta más elocuente, rematada por la presencia de algunos de esos inversionistas como invitados al debate.

La misma línea siguieron en el tema del ambiente. En vivo, frente a una audiencia de más de un millón de personas, les faltó el valor para repetir lo que en el pasado han hecho muy claro en cuanto a la inclusión de delitos ambientales en el nuevo código penal: el azul de seguro los eliminará y el rojo ha dicho que lo considerará. No podían decirlo en el debate porque ése es el poema que le susurran al oído a los contratistas, pero que ellos saben suena a mala palabra cuando se le repite a las cientos de comunidades que, afectadas por los destructores del ambiente, tienen las manos atadas sin un instrumento legal para hacerlos responder por sus desmanes. Tampoco pudieron establecer entre sí, el Lcdo. Acevedo Vilá y el Dr. Rosselló, la más mínima diferencia en cuanto a la suposición sobre el reclutamiento militar en las escuelas (ambos lo favorecen) ni en cuanto a peticionar el regreso de los soldados boricuas activados en Irak (ambos se oponen).

El Lcdo. Acevedo, quien ha heredado el gusto del Dr. Rosselló por los lemas, se ufanó de un proyecto llamado “Apoyo al de aquí”, pero dejó claro que no apoya ciertas cosas de aquí, tales como el español como único idioma oficial. A él, la ley que le gusta no es la de Hernández Colón, sino la del Dr. Rosselló, que colocó al inglés al mismo nivel de nuestro vernáculo.

Estuvieron de acuerdo los gemelos en que hay que apoyar el Puerto de las Américas, pero cuando el Lcdo. Berríos les cuestionó sobre su disposición a exigir al Congreso que nos exima de las leyes de cabotaje (cuya aplicación disminuye significativamente el atractivo del puerto, pues nos obliga a usar en el comercio hacia y desde Estados Unidos embarcaciones con matrícula y tripulación de ese país, que son las más caras del mundo), poco faltó para que intercambiaran miradas de complicidad antes de optar por el silencio compartido.

Son igualitos hasta en lo que no entienden. Cuando a la insistencia de Acevedo Vilá de invitar a Rubén a Fortaleza para compartir ideas (que, en todo caso, si las ideas de Rubén son superiores, lo lógico es votar por él), el candidato del PIP le replica con la frase de Rosendo Matienzo Cintrón, ‘son capaces de convertir cualquier ideal en un lechón asado y cualquier bandera en una servilleta’, el Dr. Rosselló se dio por aludido. Lo que Matienzo Cintrón (fundador del Partido de la Independencia, presidente de la Cámara por el Partido Unión) quiso decir, es que hay personas que son capaces de hacer y decir lo que sea, de abalanzarse sobre ideas ajenas y de fingir simpatías, con tal de lograr un voto. Y de eso se tratan, tanto el abrazo desesperado de Acevedo a Rubén, buscando indulgencias con escapularios ajenos, como la estrategia patriotera de la publicidad rosellista.

Y por si a alguien se le había escapado, el Dr. Rosselló se encargó de recordarnos que con su desempeño y el del señor Comisionado Residente en el debate, nos regalaron la versión extendida de nuestro anuncio de los guacamayos. Así que el resultado más claro del debate fue hacer patente que en estas elecciones la lucha es entre dos opciones: la de votar por cualquiera de los gemelos y la continuidad que cada uno representa, o la de votar por el cambio que representa el único candidato que en el debate podía hablar con la frente en alto, sin fantasmas que esconder ni agendas qué disfrazar. Se reencontraron al fin los gemelos rojiazules; el debate fue el anuncio oficial de su reunión.