Siempre da gusto compartir buenas noticias. Y para nosotros en el Partido Independentista de eso se trató el debate de los candidatos a comisionado residente del pasado jueves. Muchos puertorriqueños que no habían tenido oportunidad de apreciar los méritos del Dr. Edwin Irizarry Mora vieron en ese encuentro en el Museo de Arte de Puerto Rico lo que hace a un gran candidato: la combinación de capacidad intelectual, de compromiso genuino y de sencillez.

Para los que no lo conocían, Edwin, con su clara superioridad sobre los otros candidatos, fue la gran noticia de la noche. Para los que ya sabíamos de su talento y dedicación fue un triunfo doble: el del candidato al que confiamos la segunda posición en la papeleta nacional y el del amigo con el que compartimos trabajo y bromas. Algunos celebramos en esa gran noche de Edwin logros que van más allá de lo estrictamente político. Al igual que Víctor García San Inocencio y yo, Edwin es producto del sistema de educación pública. Los tres provenimos de familias trabajadoras de una tradición política colonialista o anexionista, que recibieron el independentismo de sus hijos con una mezcla de resignación y preocupación. Y como parte de la nueva generación del PIP, comprendemos lo complejo de la herencia de nuestras dos familias: aquella en la que crecimos y aquella en la que nos formamos políticamente.

Precisamente en lo del aspecto generacional, Edwin logró demostrar en los emplazamientos hechos a los otros dos debatientes lo poco que vale la juventud cronológica si va lastrada por la ancianidad de las ideas. En hora y media de debate, los candidatos del Partido Popular Democrático y del Partido Nuevo Progresista no acertaron a presentar una sola idea que no fuera la continuidad de lo que hemos escuchado en las últimas seis décadas, ni una sola. No es que no lograran articularlas o que no surgiera la oportunidad, es que los modelos políticos de la colonia y la anexión hace rato que sucumbieron a la senilidad a la que la historia condena a aquellos proyectos que ven pasar el tiempo sin siquiera tratar de seguirle el paso. Esas ideas nuevas, ese acercamiento fresco a la nueva realidad económica de una mundo integrado por la globalización y delineado por la interdependencia, sencillamente no caben en las propuestas estadolibristas o estadistas. Mucho hicieron el Lcdo. Fortuño y el senador Prats con lo poco que tienen que ofrecer. Pedirles más lucidez o empuje raya en la injusticia, porque sería una pretensión imposible de satisfacer.

Al igual que ocurrió con el debate de los candidatos a gobernador, en que quedó manifiesta la similitud del Lcdo. Acevedo y el Dr. Rosselló en tantos temas fundamentales (el idioma, el reclutamiento militar en las escuelas, la leniencia hacia los criminales ambientales), el jueves le tocó a los aspirantes del PPD y PNP a la silla en Washington exhibir que es mucho más lo que los une que lo que los separa. Calcando lo aprendido de sus predecesores, el Lcdo. Fortuño y el senador Prats definieron otra vez el papel del comisionado residente como el del pariente pobre que va a mendigar a casa ajena. Ambos candidatos saben perfectamente que la era de tratos contributivos especiales como la sección 936 llegó a su fin, y han estudiado las cifras que certifican la merma en las ayudas de beneficencia a familias necesitadas. También están conscientes de que las transferencias federales sólo han servido para perpetuar la pobreza en la que todavía vive casi el sesenta por ciento de los puertorriqueños, ya que ni siquiera los dineros asignados a programas especiales han servido de mucho.

En estos días, una funcionaria del Departamento de Educación admitió que algunas de las escuelas que peor desempeño han tenido según las pruebas de aprovechamiento son las que más fondos federales reciben. Eso lo saben los candidatos del PNP y PPD a comisionado residente pero ninguno tiene el valor de hablarle al pueblo con la verdad. Como señaló Edwin en el debate, prefieren actuar como si vivieran en el País de las Maravillas y asumir la actitud de aquí no pasa nada. El barco se está hundiendo y Prats y Fortuño andan cavilando si en la cena con el capitán visten de lazo o corbata.

Mientras sus compañeros de debate se paseaban de la frivolidad a la inconsciencia, Edwin dio una lección de cómo la verdadera voluntad de trabajo y defensa de lo nuestro pueden hacer la diferencia para un futuro de progreso en Puerto Rico. En el turno sobre desarrollo económico, el Dr. Irizarry Mora explicó cómo en el mundo del siglo XXI la presencia de la bandera estadounidense en nuestro suelo, lejos de ser un incentivo para la inversión corporativa, es el mayor obstáculo para una política económica efectiva. El candidato del PIP, que como doctor en economía (y autor del libro que Prats tan cándidamente le pidió prestado en pleno debate) ha estudiado exhaustivamente los posibles modelos de desarrollo para la isla, expuso la realidad que los otros quieren ocultar: que sólo bajo la independencia podemos aspirar a la interdependencia para sentarnos a negociar de igual a igual con Estados Unidos y con otros países, que hay naciones mucho más prósperas más pequeñas que nosotros y que en consecuencia la función de un comisionado residente no puede seguir siendo la de pedir limosna: tiene que ser la de exigir poderes.

Como para anticiparse en darle la razón a ese planteamiento, el mismo día del debate se anunciaba que, sin que el actual comisionado residente y candidato a la gobernación por el PPD, Aníbal Acevedo Vilá, hiciera nada para impedirlo, se aprobó en el Congreso una medida para que las compañías estadounidenses radicadas allá tributaran a una tasa del 32%, mientras que a las que están establecidas en Puerto Rico se les impone una tasa del 35%. Y para que aligeren su huida de suelo boricua, a las corporaciones foráneas controladas se les dio un ventana para que por un año repatríen ganancias a un costo mínimo.

Mientras eso ocurre, seguimos careciendo de los poderes para contrarrestar esa embestida a nuestra economía, y ni el PPD o el PNP están dispuestos a que el país se pare en sus propios pies y exija las medidas que precisamos para ir hacia adelante. ¿Qué esperanza puede haber en ese futuro que los rojos y los azules le ofrecen a Puerto Rico?

Hasta los antiindependentistas más recalcitrantes han tenido que concederle a mi candidato a comisionado, el Dr. Edwin Irizarry Mora, la victoria en el debate. En la medida en que esa hora y media haya servido para abrirle los ojos al país, a socavar el mito de nuestra impotencia y a comunicar que está en nuestras manos la salida de la pobreza y la dependencia, el triunfo de Edwin es ganancia para todo Puerto Rico.