Ni encuestas ni adivinadores pudieron prever lo ocurrido en estas elecciones. Aún hoy, difícilmente podemos predecir cómo serán estos próximos cuatro años, con un gobierno dividido entre dos partidos que en enero asumirán sus responsabilidad con el pueblo marcados por una mutua aversión y por la frustración de saberse cada uno atado a la voluntad del otro. Más que un despliegue de astucia política, este nuevo escenario requerirá un gran ejercicio de voluntad. En el pasado, hemos visto cómo esa falta de voluntad ha sido el ingrediente principal para un mal gobierno. Hoy, si sigue faltando esa disposición, la amenaza es de un total desgobierno, con el país en el medio como gran perdedor de ese pulseo entre los rojos de Fortaleza y la mayoría azul del Capitolio.

Para el Partido Independentista, el resultado electoral ha traído un revés inesperado.

La ola antiRosselló, ciertamente subestimada por nosotros, reclamó como víctima colateral la inscripción del PIP. Ni siquiera un candidato señalado por puertorriqueños de todas las ideologías como el más respetable y vertical, por mucho, de los tres aspirantes, o una campaña que fue la admiración de todo el país por su creatividad y altura, fueron elementos de peso suficiente para un sector que antepuso su rechazo a la figura del candidato PNP a cualquier otra consideración. Como ocurrió en el pasado con Albizu Campos y con Concepción de Gracia, el favor electoral estuvo más ligado a elementos coyunturales que a la trascendencia de la virtud. Pero como nos enseñó el Maestro, nada gana quien se desanima.

A cada generación en la lucha por la independencia le ha tocado superar sus propios obstáculos. A la generación que yo represento en el liderato del Partido Independentista, le corresponde devolverle esa formalidad que representa la inscripción a nuestro mecanismo de lucha. Es una tarea que asumimos con el mismo compromiso que nos llevó a la cárcel por la paz de Vieques. Esperamos, tan pronto como esta semana, iniciar el proceso de reinscripción del Partido. Para ello, contamos con cientos de compañeros que harán de notarios ad-hoc (es decir, que sin ser abogados, podrán dar fe de las firmas que recojan, como lo haría un notario) y que a través de todo el país tendrán la encomienda de recabar los aproximadamente cien mil endosos de electores hábiles (que hayan votado en estas últimas elecciones) que requiere la ley. La urgencia del proyecto de inscribir el partido, no puede sin embargo, minimizar la importancia de los triunfos electorales para el PIP en las candidaturas legislativas.

Una vez más, Víctor García San Inocencio se convirtió en el representante con más votos en la Cámara, y a mí me correspondió igual privilegio en el Senado –convirtiéndome además en la primera mujer independentista en la Asamblea Legislativa. Por eso, junto con la reiteración de nuestro compromiso de trabajo, tenemos que hacer llegar nuestro agradecimiento a las decenas de miles de puertorriqueños de todos los partidos que depositaron su confianza en nuestras candidaturas.

Ahora, en medio de la atención que ha atraído la pérdida de la inscripción del PIP, muy convenientemente se ha olvidado analizar lo que estas elecciones han representado para el Partido Popular. Frente al candidato más desacreditado en la historia de este país, con los medios señalando una semana sí y la otra también algún nuevo detalle de la corrupción en la administración pasada, con millones y millones de

dólares en publicidad, con el llamado general a cerrar filas contra Rosselló, el candidato del PPD, luego de una campaña basada en los deméritos de un opositor y en las pocas posibilidades de ganar del otro, llega a la gobernación con un margen ínfimo. Pautaron anuncios con las dos banderas y con nuestra bandera sola. Visitaron desde iglesias hasta programas de todo tipo. Imitando a Rosselló incluso "perrearon" en caravanas y tarimas. Ni aún así lograron retener la comisaría residente. Perdieron Cámara y perdieron Senado.

Resultaron vencidos en alcaldías de bastiones populares, como la de Vega Baja. Y durante toda esta campaña, vimos con una militancia del PNP orgullosamente despreocupada de la acusaciones contra su líder, enarbolando (igual que el liderato PPD) la bandera americana, celebrando la promesa de su candidato de adelantar la estadidad.

Lo que esto quiere decir es que más allá de la victoria coyuntural en estas elecciones, atribuible de forma directa a la inmensa aversión a Rosselló, el Partido Popular ha fallado en servir de escudo ante el avance del anexionismo.

Precisamente por las condiciones en que se ha dado este resultado electoral, el estadolibrismo ha certificado su inutilidad como defensa ante el crecimiento del estadoísmo; por el contrario, lo ocurrido el martes pasado corrobora nuestra descripción del ELA como un semillero de estadistas. Y para prever esto sí que sobraban los cuestionarios de encuestadores o las consultas a las estrellas. La promoción de una cultura de dependencia, la defensa de valores ajenos a nuestra idiosincrasia (como la férrea adhesión, entre otros, del Lcdo. Acevedo, al militarismo en todas sus formas), la falta de agallas para exigir aun en el marco de la presente situación política la concesión de poderes que nos ayuden a salir de este atolladero de atraso y pobreza, el enaltecimiento de la subordinación política como una virtud y el ataque sin tregua a los que la denunciamos como un hecho vergonzoso: esa es la lista de ingredientes que se necesitaba para cocinar un proamericanismo en forma de estadismo que se reflejara en resultados como los del 2 de noviembre.

Esta debe ser, pues, una invitación a los sectores menos asimilistas dentro del PPD, y a aquellos que se han convertido en sus colaboradores, de reflexionar sobre el papel que ha jugado esa institución en el diseño del panorama político, no para los próximos cuatro años, sino a largo plazo y en relación al tema fundamental del status.

La tarea está trazada para todos, pero de forma especial, para los que contra viento y marea defendemos el instrumento de lucha para alcanzar nuestra soberanía. Con el espíritu de los que antes que nosotros enfrentaron tiempos más difíciles, vamos a hacer lo que hoy nos toca hacer: como enseñó Albizu, "realizar esa marcha de milagro para medir la fe...en la libertad".