La gran muralla contra la que, cuatrienio tras cuatrienio, chocamos al momento de discutir el tema del status, es la imposibilidad de que las tres ideologías coincidan en lo más básico: el proceso por el cual encauzar cualquier petición a los Estados Unidos. Los méritos y deméritos de las consultas con o sin aval congresional, de la asamblea o convención constituyente y hasta de acciones judiciales en el tribunal federal, han sido debatidos con igual o mayor pasión que las virtudes de las mismas alternativas de status. Como resultado, hemos visto pasar los años, los cuatrienios y las décadas con cada paso hacia adelante seguido de dos hacia atrás.

Ante ese escenario (que como hemos visto en las pasadas semanas, amenaza repetirse) el presidente del Partido Independentista ha presentado una propuesta, que con su sencillez, promete ser el punto ideal para alcanzar ese acuerdo que hasta ahora ha sido imposible. El Lcdo. Berríos ha propuesto, en reuniones separadas con el gobernador Acevedo Vilá y al Dr. Pedro Rosselló, que los puertorriqueños votemos, a favor o en contra, de someter la siguiente proposición al gobierno de los Estados Unidos:

"Nosotros, el pueblo de Puerto Rico, en el ejercicio de nuestro derecho a la libre determinación, exigimos del Presidente y del Congreso de los Estados Unidos de América que, antes de transcurrido un año desde la aprobación por votación de esta propuesta, expresen su compromiso de responder a nuestro reclamo para resolver el problema de status político entre alternativas plenamente democráticas que no sean coloniales ni territoriales".

El gran acierto de esta propuesta es que ni independentistas ni estadistas ni estadolibristas, tendríamos que rendir posiciones de principio, a la vez que se le da al país un descanso de la controversia sobre las bondades de las propuestas procesales favorecidas por cada sector. Sobre todo, la propuesta del PIP ha cuidado incluir los elementos que desde el PPD y el PNP han sido señalados como indispensables: que sea una consulta abierta a todo el pueblo, que contenga un emplazamiento a término fijo y que las alternativas de status sean no coloniales y no territoriales. Además, al fijarle de forma clara, una responsabilidad específica al Congreso se logrará lo que Rubén ha llamado "hacer hablar al mudo". Y es que en medio de nuestras luchas insulares, a veces se olvida que el gran culpable de la persistencia del status colonial no está entre nosotros; son los Estados Unidos. El objetivo común, por lo tanto, tiene que ser que hable el americano, que con tanta tranquilidad se ha zafado de su responsabilidad escudándose tras una supuesta espera por que aquí surja un consenso. De hecho, esta consulta, avalada por los tres partidos, nos daría la oportunidad de ir por primera vez, al unísono y con voz fuerte, ante el presidente y el Congreso. Es la posibilidad concreta, alcanzable, de unirnos todos los puertorriqueños en un mismo reclamo.

Ya varios líderes estadolibristas han expresado que la alternativa del Lcdo. Berríos merece la más seria consideración. Tanto para los legisladores como para el gobernador PPD aceptar la propuesta de consulta del PIP tiene un mérito adicional--les permite cumplir su promesa electoral de atender el tema de la relación política con Estados Unidos y reivindicarse de las acusaciones de inmovilismo que sus actuaciones anteriores les han ganado.

Para los estadistas más convencidos, el asunto del status tiene que ponerse en marcha ya por otras razones. Y es que el status quo, que después de todo tiene espacio de sobra para que el PNP ocupe todos los niveles de puestos electivos, ofrece también la tentación para que se cree cierta cómoda conformidad, ahogando la urgencia de cualquier empeño mayor hacia la estadidad. Por ejemplo, el Comisionado Residente Luis Fortuño, en su mensaje en ocasión de la sesión especial del Senado en memoria de los exgobernadores, se mostró especialmente complacido con lo que señaló como la convergencia entre casi todos los puertorriqueños: el orgullo por la ciudadanía americana y el ideal de una unión permanente con los Estados Unidos.

Soy la primera en coincidir con esa apreciación de que en el fondo, el estadismo y el estadolibrismo son variaciones sobre un mismo tema, pero no deja de ser curioso que para el señor Comisionado, el corolario del tan pregonado "gobierno de consenso" no sean propuestas generales de administración-- o aun, en cuanto al status, la coincidencia en elementos procesales-- sino ese afectuoso abrazo ideológico al Estado Libre Asociado. Para colmo, el señor Comisionado incluyó en sus mensajes varias referencias despectivas hacia el nacionalismo, quizás pensando hacer blanco en el independentismo, pero olvidando (¿o no?) que el afán americanizante de buena parte de los militantes de su partido es una de las expresiones más puras de ese fervor nacional cuestionado por él, sólo que no hacia la nación isleña, sino hacia aquella de los cincuenta estados que se niega a admitir a Puerto Rico como un nuevo miembro.

La propuesta del Partido Independentista, ciertamente, le abre espacio a aquellos que, desde cualquier trinchera ideológica, quieran de verdad que el tema del status se trabaje durante este cuatrienio. Por lo mismo, pintará como verdaderos cómplices del inmovilismo a quienes se opongan delatando su falta de voluntad real de sentar bases para los más básicos acuerdos. En el tema del status, como en tantas cosas en la vida, quien no puede (o no quiere) lo menos, difícilmente puede lo más.

Ahora, hay que estar claros en que un acuerdo inicial no basta para asegurar que el tema del status vea movimiento en el futuro próximo. Se necesita un compromiso, tanto del liderato estadista como de los líderes populares, de no torpedear el proceso a medio camino, como ha ocurrido en el pasado.

Por último, el hecho mismo de que esta propuesta haya nacido del Partido Independentista trae la certeza de que es un mecanismo pensado con la intención real de abrir la ruta hacia la descolonización. El pueblo de Puerto Rico sabe bien, que como en todos los demás aspectos de nuestra gestión política, en el tema del status hemos ido siempre de frente, con honestidad, y con la voluntad de hacer democracia, no desde la posición fácil de la mayoría, sino conociendo de las dificultades que entraña el ser minoría.

Hablemos nosotros, para hacer hablar al americano.