Difícilmente, a estas alturas del juego, puede alguien alegar inocencia suficiente como para ignorar lo que está detrás de las actitudes de cerrazón que prevalecen en parte del liderato del Partido Popular Democrático (PPD) y el Partido Nuevo Progresista (PNP) en el tema del status.

Las diferencias entre estos bandos en cuanto al mecanismo presentado por el otro para atender el asunto de nuestra condición política no son intelectuales ni de principio.

El Partido Popular señala que el plebiscito federal es inaceptable porque significa "pedirle permiso" al Congreso para iniciar cualquier acción sobre el status, lo que no suena nada convincente cuando proviene de una institución que tanto se ha esmerado en no contrariar para nada la voluntad, real o según imaginada por ellos, del Gobierno Estadounidense.

El Partido Nuevo Progresista, por su parte, ha etiquetado de "antidemocrática‚ la asamblea constitucional de status porque, según ellos, viola el principio de "un persona, un voto" al depositar en un grupo de delegados la tarea de deliberar en torno a la resolución del problema colonial, un razonamiento que haría parecer igualmente ilegítima la función legislativa, que es precisamente la delegación en un grupo de personas el determinar las normas que han de regir al país.

Además, el liderato del PNP ha reconocido, muy cándidamente, que será a través de un cuerpo de delegados que tendría que diseñarse la forma que tomaría el Gobierno de Puerto Rico una vez lleguemos a una decisión final de status, y ahí no ven problema alguno.

Así que, si desenmarañamos la retórica del tranque, lo que queda al descubierto es algo tan sencillo como el miedo de rojos y azules a perder. Para el PNP la asamblea constitucional plantea peligro en dos etapas. Primero, temen que en la votación mediante la cual se escogerían los delegados a la asamblea no logren obtener la mayoría de los escaños. Eso enviaría un mensaje de debilitamiento, perjudicial para las elecciones próximas. Y, por supuesto, dejaría a la estadidad en una posición muy débil en las deliberaciones de la asamblea, que con toda probabilidad aprobaría entonces como primera petición al Congreso el reclamo por un ELA mejorado (sea eso lo que sea).

La otra posibilidad es que el PNP sí obtenga mayoría en la asamblea constitucional, en cuyo caso no tendrían otro remedio que, sin más dilación, elevar ante sus conciudadanos de la gran Unión estadounidense su exigencia de igualdad.

El liderato estadista sabe bien que ante ese reclamo de estadidad la respuesta va a ser un sonoro NO. Una vez declarado el desamor del americano, el PNP entonces estaría condenado a la bancarrota ideológica, y su liderato privado de taller político.

Por el contrario, su propuesta de que el Congreso entre en el proceso de definir alternativas de status, tiene para el sector estadista el encanto de la procrastinación. De hecho, hay que recordar que cuando el Lcdo. Luis Fortuño y el Dr. Pedro Rosselló hablaron de extender el término para que el Congreso respondiera, era pensando, no en la propuesta del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), que exige un compromiso de umbral, sino en la propuesta del PNP, que implicaría volver a debatir en Washington los méritos y deméritos de cada opción de status.

Esto le daría al partido estadista lo que más necesitan: comprar tiempo para seguir acumulando simpatías (entre los sectores liberales americanos que simplonamente puedan ver el tema del status como uno de derechos civiles) y votos (porque saben que, como hemos señalado desde el PIP, el ELA es un semillero de estadistas, y a más estadistas y con más tiempo como colonia, más difícil la posición de los americanos que quieren cerrarle la puerta a la estadidad).

El PPD, por su lado, no puede ver con buenos ojos la iniciativa de ir al Congreso para que allí empiece un proceso de evaluar alternativas de status. Lo primero que va a pasar es que, con la maquinaria congresional examinando las posibilidades bajo el prisma de "no coloniales y no territoriales", cuando se topen con el ELA se darán cuenta de que, como decía la canción de Plaza Sésamo, una de estas cosas no es como las otras.

Antes de que el gallo cante tres veces, los estadounidenses habrán renegado de su propia criatura colonial y es entonces que en el PPD se va a formar lo que hasta ahora se ha logrado evitar: la de armar el muñeco que se llama ELA mejorado, pero que nadie sabe cómo luce ni qué puede hacer. Por ejemplo, el gobernador Aníbal Acevedo Vilá ha dicho que no tiene ningún interés en que los puertorriqueños tengamos control de la inmigración insular.

En su comparecencia ante el Senado, calificó el status actual como una relación legítima, digna y democrática, evitando suscribir frases como las de déficit de democracia y vestigios coloniales que han utilizado algunos de sus correligionarios. ¿Debe aplicar, bajo ese nuevo ELA, la legislación congresional como hasta ahora o debe haber consentimiento de los puertorriqueños? ¿Se queda el tribunal federal, se va como proponen algunos populares o se limita su jurisdicción como piensan otros? ¿Y qué hay de los soldados boricuas que mueren en guerras de EE.UU., de la capacidad de participar en acuerdos internacionales, las transferencias federales y los controles tarifarios? El liderato del Partido Popular sabe que la caja de Pandora no se va a abrir aquí mientras ellos estén para evitarlo, pero que una vez el asunto caiga en manos congresionales será otro el cantar. Por eso es que, igual que el PNP, apuestan a la inmovilidad como única medida de supervivencia.

Esos son los miedos que literalmente, paralizan a los lideratos estadista y estadolibrista. Están dispuestos a jugar el juego, nos dicen, pero luego resulta que sólo se lanzan si los dados están cargados.

Por lo mismo que para estadistas y estadolibristas la discusión del status es como la muerte a plazos cómodos, para el Partido Independentista sólo hay optimismo y esperanza en cualquier proceso serio dirigido a la descolonización.

Puede ser la asamblea constitucional, como hemos estado proponiendo durante tanto tiempo, pero sí así no fuera, igual iremos hacia adelante. Para los verdaderos independentistas, lo que importa es el fin, no los medios.

Ya lo dijo Rubén Berríos en su comparecencia ante la Cámara de Representantes: "Es que en el PIP no somos ‘asamblea-constitucionalistas’; somos independentistas". O como decía un oyente de un programa de radio, comentando las actitudes de rojos y azules ante los proyectos de status, "aquí, el que tiene miedo a perder es porque no merece ganar".