El pasado 20 de octubre cumplió el Partido Independentista Puertorriqueño 60 años de su fundación. Nacido en reacción a la traición de los líderes del Partido Popular a la lucha por la independencia, desde su origen el PIP se enfrentó a la despiadada campaña de los que veían en su existencia no sólo un abierto cuestionamiento político, sino una acusación directa a la flojera ideológica y a la venta de ideales al mejor postor. Esa campaña tomó todas las formas posibles, desde la persecución abierta de la Ley de la Mordaza y el carpeteo hasta la propagación de mitos absurdos. Con lo primero, se convertía en un delito el aspirar a que en Puerto Rico mandáramos los puertorriqueños y no los americanos. Con lo segundo, se sembraba el miedo de que una vez adviniéramos república, el país se iría a la quiebra, las empresas norteamericanas se irían y la pobreza sería una condena segura, frases que ya no representan el temor a un status futuro, sino la demoledora realidad del ELA de hoy.

El pasar del tiempo ha desgastado alguna de esas estrategias contra el independentismo. La persecución, aunque todavía presente, no puede darse de forma tan descarnada como en el pasado. No porque a los perseguidores que cometieron atrocidades bajo administraciones estadistas y estadolibristas les hubiera dado cargo de conciencia, sino porque se vieron forzados a acabar con la confección de aquellas infames listas de "subversivos" cuando la práctica se hizo insostenible al punto de ser decretada inconstitucional por el Tribunal Supremo. Y hay que ver las ironías del destino; ser víctima de persecución política llegó a convertirse en sinónimo del prestigio moral que se ha ganado con su limpieza y su incorruptibilidad el independentismo y por eso, los que antes nos criminalizaban , invocan la "persecución" como defensa ante sus crímenes . Roban, sobornan, extorsionan, venden influencias, pagan así desde enseres hasta trajes, y pretenden hacer creer que éso es lo mismo que luchar por libertad de la patria.

Tampoco es ya tan fácil decir con la cara seria que la independencia es miseria y el ELA y la estadidad son bonanza. Bajo el status actual vivimos la crisis fiscal mas seria que haya conocido el país, casi la mitad de la población está bajo el nivel de pobreza, el gobierno es incapaz de prestar servicios adecuados en áreas esenciales como educación y salud, y carecemos de los instrumentos políticos indispensables para insertarnos en la economía de un mundo interdependiente. La estadidad no pinta mejor. El PNP ya ni se acuerda de aquello de "la estadidad es para los pobres", y la entrada plena a la "unión" se ve más lejos que nunca, con los americanos construyendo un muro en su frontera sur para frenar la entrada de latinos y sin ningún deseo de anexar una nación caribeña. Mientras, los poderes y flexibilidad de la independencia lucen cada vez con más claridad como la alternativa a la encerrona económica que padecemos hoy.

Esos cambios no significan que se haya agotado el arsenal del enemigo. Concientes de que esta lucha se nutre de la constancia y la estámina espiritual de sus militantes, y del respeto que se ha ganado nuestra institución entre aquellos con quienes tenemos discrepancias ideológicas, la estrategia de los que resienten la existencia del PIP es la del desánimo y el descrédito. El arma contra la independencia ya no es el carpeteo a escondidas, sino la saturación abierta de los medios de comunicación con un discurso rabiosamente antipipiolo. Ya no hay que pagarle a informantes, porque el trabajo lo hacen un puñado de odiadores a sueldo, que con más rencor que luces desgranan su letanía de absurdos. El punto de partida es Rubén Berríos, a quien sólo pueden acusar de ser "presidente perpetuo" del PIP. De dos cosas deberían tomar nota los que, tras tanto pensamiento, conciben ese ataque. Primero, que el presidente del PIP se elige por voluntad de los miembros del PIP, y no por un sondeo de opinión entre media docena de antipipiolos. Si alguno de ellos compite en dedicación, inteligencia, liderazgo, perseverancia y prestigio con Rubén, que de un paso al frente y se presente. En segundo lugar, esos que tan duramente critican a Rubén ¿cuán mal están del espíritu para señalar la constancia como un defecto mientras cortejan a los que han hecho de su falta de palabra su marca personal?

Claro que los ataques no acaban con Rubén. A Víctor García San Inocencio se le acusa de ser un legislador "de peso". Y lo es; Víctor es un verdadero peso pesado en el debate: incisivo, conocedor e implacable contra la sinrazón y la incompetencia. Ante su historial intachable, lo único que les queda a los que en la radio cobran por mentir, es repetir falsedades como aquella de que votó a favor de la felicitación a un vinculado con el asesinato de Muñiz Varela o que se pasa en el salón café (donde nunca consume nada). A mí también me ha tocado mi parte. A falta de otro señalamiento sobre mi tarea legislativa, se dice que mi problema es que me abstengo en muchas medidas. Pues tienen razón. Fiel a la posición expresada por el PIP sobre los barrilitos que rojos y azules se comprometieron, falsamente, a derogar, no participo en ninguna votación de resoluciones conjuntas para las cuales no conste justificación, como tampoco voto medidas que, a pesar de su extensión y complejidad, son llevadas al hemiciclo por el mecanismo de descargue (el que también prometieron eliminar) sin vistas públicas ni consideración en comisión. Lo que no dicen esos comentaristas políticos, es que el mayor número de abstenciones no es el mío=es de aquellos que se niegan a considerar las medidas que presenta el PIP. Son ellos los que se abstienen de votar por el proyecto que acabaría con las expropiaciones a las comunidades pobres, el que preservaría la zona marítima terrestre, el que fijaría una moratoria a la construcción comercial en áreas inundables, o la medida que exigiría que se nos eximiera de las leyes de cabotaje. Se abstienen de examinar con cabalidad sus propias medidas, y cada día de sesión bajan propuestas inconsecuentes, mal redactadas, claramente injustas o sencillamente absurdas. Se abstienen de hacer investigaciones cabales cuando los afectados son los más poderosos, y se abstienen de propiciar un debate más respetuoso, más informado, más cabal. Pero de esas abstenciones no se habla.

El Partido Independentista lo ha resistido todo, y según cambian los tiempos y se ajustan las circunstancias, esa resistencia tiene que continuar. Sea ante la ilegalidad de la persecución o la mezquindad de las campañas de odio, los pipiolos tenemos la responsabilidad de fortalecer nuestro instrumento de lucha. Sin ese instrumento, que es a la vez partido electoral y movimiento de liberación nacional, no habrá independencia. La tierra prometida está a la vista, y el tramo que queda habrá que recorrerlo con el entusiasmo y la fe que han animado estos sesenta años. Es exhortación y es ruta a seguir la frase de don Gilberto Concepción de Gracia A la lucha y a la victoria.