Los comités del Partido Independentista Puertorriqueño en San Juan han anunciado que impulsarán la nominación del senador Fernando Martín para la alcaldía de la capital en la asamblea de candidaturas locales que se celebrará en el mes de julio. Para el PIP y para San Juan, esas son excelentes noticias. Frente al incumbente Jorge Santini y a cualquiera de los posibles candidatos del Partido Popular, los méritos de Fernando destacan a leguas. La capital se ha convertido en una mera estación de paso; una plataforma donde exhibirse los incumbentes que por más que lo niegan, terminan alistándose para dar el salto a La Fortaleza.

Los electores de San Juan merecen más que esa transitoriedad, y la respuesta para una administración de compromiso no está ni en el PPD ni en el PNP. En una ciudad que ha sido víctima de la condena que acarrea ese bipartidismo malsano —un quita y pon de alcaldes populares y penepés que nada nuevo traen para el municipio—, la candidatura de Fernando representa la alternativa que buscan los sanjuaneros; una posibilidad de que, de verdad, las cosas en San Juan puedan cambiar.

La confirmación de que postular a Fernando para San Juan es una gran decisión nos la han dado nuestros adversarios. Líderes penepés y populares y sus colaboradores no tardaron en emitir las reacciones más desesperadas —y disparatadas— al anuncio de los pipiolos de San Juan. A algunos les parece escandaloso que el PIP se atreva a postular en San Juan “a un candidato como Martín, que puede sacar tantos votos”. Antes no encontraban cómo criticar más al PIP porque no crecía electoralmente; ahora que tenemos el mejor candidato posible para la contienda alcaldicia, que puede garantizar ese aumento en votos, a todos ellos les parece que es un atrevimiento imperdonable de parte nuestra. Es la gente que ni come ni deja comer, y que cuando se trata del PIP su filosofía siempre será palo si bogas y palo si no bogas. No nos meten ya a la cárcel porque la Ley de la Mordaza, que hacía un delito el ser independentista y ondear nuestra bandera, es demasiado cruda para estos tiempos, pero todavía actúan como si, de estar en sus manos, pudieran legislar para impedir que el PIP postule candidatos con posibilidades de sacar más de cierta cantidad de votos.

Esas reacciones no nos pueden extrañar. En primer lugar, el desprendimiento de Fernando al renunciar a una candidatura senatorial por acumulación en la que saldría reelecto con facilidad es un hecho tan ajeno a la propia falta de generosidad de quienes lo atacan, que les ha caído como un golpe imposible de asimilar. En segundo lugar, saben bien que la contienda por la capital es la de mayor difusión en Puerto Rico luego de la de la gobernación. Por eso, el impacto que la campaña de Fernando tendrá en toda la isla y en el Partido Independentista como institución tiene que dolerle a todos los que no tienen entre sus prioridades ni el adelanto por la independencia ni la presentación al electorado de una verdadera agenda de cambio social.

Como no tienen nada malo que decir de Fernando, porque su mezquindad y su irracionalidad serían demasiado evidentes si negaran sus méritos personales, patrióticos e intelectuales, se desvían alabando sus méritos como legislador, no por generosidad, sino para ver si hay oportunidad de que se quede en el Capitolio y no debilite las candidaturas de los otros partidos en San Juan. Con esto, los oponentes del PIP y de lo que representa nuestra institución para el pueblo de Puerto Rico no sólo destapan su espanto ante la brecha que el Partido Independentista abrirá en San Juan, sino que delatan su desencanto ante el desenlace que la nueva candidatura de Fernando trae para los escaños legislativos. Una vez vacante la posición del senador Martín, se abre ese espacio para uno de los líderes jóvenes del Partido. Para los que desde afuera decían que el problema del Partido era falta de renovación, ¿cuál va a ser ahora el argumento para atacar las candidaturas legislativas del PIP?.

En algo tienen razón esas “acusaciones” contra Fernando, y es que ciertamente es un candidato con grandes probabilidades. El historial electoral del senador Martín evidencia que más allá del PIP, tanto desde las filas del PPD como del PNP, son muchas las personas que ven en él un candidato idóneo. Nacido y criado en San Juan, y habiendo aspirado anteriormente a un escaño en el Senado por ese distrito, el Lcdo. Martín conoce bien la realidad de la ciudad capital. Sus denuncias e iniciativas legislativas sobre las personas sin hogar, la falta de servicios para la población drogodependiente, el desastre de la planificación urbana, la utilización de los espacios públicos, han tocado los asuntos que más brutalmente impactan el día a día de los sanjuaneros. Ha llegado la oportunidad de que los votantes que han respaldado el trabajo legislativo de Fernando, puedan dar su voto al candidato que garantiza el rompimiento con la tradición perniciosa de alcaldes y alcaldesas que apenas hacen lo mínimo para que no naufrague el municipio.

La complejidad de una ciudad de casi un millón de habitantes, con serios problemas de seguridad, urbanismo, servicios de salud y pobreza le ha quedado grande a todos los que han pasado por la alcaldía de San Juan. Fernando Martín es la promesa de una renovación para nuestra ciudad más importante. No ha faltado el argumento (rabiosamente antiindependentista y con un menosprecio evidente por los residentes de San Juan) de que el problema con esta candidatura del PIP es que la gente, con un candidato tan bueno y tan respetado, van a sentirse “compelidos” a votar por él. Ojalá y el gran problema de cada elección fuera que la gente se viera obligada a darle su voto al mejor candidato. Ver en eso una mala noticia es querer negarle a la gente de San Juan la oportunidad de depositar sus aspiraciones de lo que debe ser la ciudad en la que viven en la única persona que en esa papeleta municipal será merecedora de esa confianza. El que diga que Fernando “es demasiado bueno”, “una mente demasiado brillante”, “un político demasiado experimentado” para San Juan, piensa demasiado mal de los residentes de San Juan. De lo que ya tenemos demasiado en San Juan es de la ineptitud y la falta de imaginación y eficiencia administrativa de los otros. Para la ciudad en la que vivo, quiero lo mejor: Fernando Martín para San Juan.