En el 1971 Rubén Berríos Martínez estuvo en prisión por violar una orden del Tribunal de Distrito de los EEUU en Puerto Rico que ordenaba cesar la interrupción de las maniobras de la marina norteamericana en la isla municipio de Culebra. Rubén rehusó defenderse ante este tribunal y en cambio pronunció, en español,  el siguiente discurso.

 

Violar la ley del imperio, es cumplir la ley de la Patria. Hemos violado la ley del imperio.

Aceptamos que hemos violado intencionalmente una orden judicial del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica y que hemos interrumpido el bombardeo de la marina norteamericana contra el territorio puertorriqueño. Nuestra conducta no es aislada; es parte de un movimiento patriótico encaminado a eliminar la arbitraria e injusta autoridad federal sobre Puerto Rico, incluyendo el poder de este tribunal, que emana del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica y no del pueblo de Puerto Rico.

Al violar esta orden federal, cumplimos como hombres con una profunda responsabilidad moral y, como puertorriqueños, con una honda responsabilidad patriótica. Más aún, anunciamos nuestra intención de violar cualquier ley federal cuya violación consideremos necesaria para cumplir nuestra responsabilidad como hombres y como puertorriqueños.

Al hacer esto, es necesario que expongamos las razones de nuestra acción, no para satisfacción de este tribunal, cuya autoridad legal y moral impugnamos, sino para conocimiento de nuestro pueblo.

Desde la moral, como hombres que creemos en la libertad, nuestro Juez es nuestra propia conciencia. Para nosotros, como decía José Martí: "Un hombre que se conforma con obedecer leyes injustas y permite que pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan no es un hombre honrado." Por ser hombres honrados violamos la orden de esta corte. Ante el tribunal de nuestra conciencia un hombre honrado siempre es inocente. Ser inocentes ante esta corte nos haría culpables ante nuestra conciencia. Ser inocentes ante nuestra conciencia, nos hace culpables ante esta corte.

Desde el patriotismo, en la república la ley es orden, en la colonia la ley es tiranía. El orden es necesario a la vida del hombre; la tiranía hace la vida del hombre imposible. En un pueblo libre, donde la ley se fundamenta en la voluntad y la participación de los ciudadanos, y donde existen canales efectivos para su constante revitalización, la ley se convierte en garantía de la vida ordenada en la sociedad. En un pueblo como Puerto Rico donde la ausencia de democracia, el colonialismo, o sea la esclavitud política, es el fundamento de la ley, la violación de leyes injustas es el inicio de la libertad.

Desde nuestra civilización el incumplimiento y violación de leyes injustas e inmorales tiene su fundamento en lo más noble de nuestra herencia. Isaías, en violación de las leyes de su época, anduvo sin ropa y descalzo tres años entre las multitudes de su pueblo en protesta por la era imperial de Etiopía, Egipto y Sina. Oseas, en violación de las leyes de su época, se casó con una prostituta para dramatizar que Dios había entrado en pacto con un pueblo que actuaba como una prostituta. Y Cristo nos enseñó que las leyes no deben cumplirse cuando el sistema jurídico atenta contra el hombre. "El sábado se hizo por causa del hombre y no el hombre por causa del sábado." Fiel a su palabra, Cristo violó la ley judía y la ley romana.

Desde entonces, los hombres cumbres de la humanidad han sufrido la pena de leyes injustas e inmorales rehusando cumplirlas. En palabras de Thoreau: "Bajo un gobierno injusto el lugar para un hombre justo es la prisión.

Si defender el derecho de nuestros compatriotas en Culebra a vivir en paz sin estar sujetos al bombardeo de la marina norteamericana es ser culpables, entonces somos culpables.

Si defender el derecho de Puerto Rico a su integridad territorial y reclamar para nuestro pueblo la devolución de todo el territorio que los Estados Unidos de Norteamérica usurpan en bases militares es ser culpables, entonces somos culpables.

Si defender el derecho de los jóvenes puertorriqueños a su propia vida, ayudándolos a desafiar el ingreso forzoso al ejército de los Estados Unidos de Norteamérica es ser culpables, entonces somos culpables.

Si defender el derecho del trabajador puertorriqueño a disfrutar del producto de su trabajo y luchar en contra de los monopolios que explotan a nuestro pueblo es ser culpables, entonces somos culpables.

Si defender el derecho de los puertorriqueños a no ser desplazados de sus empleos por extranjeros, en su propia tierra, es ser culpables, entonces somos culpables.

Si defender el derecho de los puertorriqueños a mantener y desarrollar su idioma, sus tradiciones y su cultura, sin sometimientos de clase alguna es ser culpables, entonces somos culpables.

Si defender el derecho que tenemos los puertorriqueños de mandarnos a nosotros mismos es ser culpables, entonces somos culpables.

Si defender el derecho que tienen las clases oprimidas de nuestro pueblo a disfrutar de una vida humana y justa es ser culpables, entonces somos culpables.

Si violar las leyes injustas e inmorales del imperio por defender estos derechos es ser culpables, entonces somos culpables.

Como hombres, como hijos de esta Patria, y como partícipes de una civilización milenaria, ante los que sojuzgan a nuestro pueblo, somos y seremos culpables por defender a nuestro pueblo. Ante nuestro pueblo, somos y seremos inocentes.

Violar la ley del imperio es cumplir la ley de la Patria. Hemos cumplido la ley de la Patria. ¡Que viva Puerto Rico Libre!