Al comenzar su gestión administrativa de su primer cuatrienio, el anexionista PNP, que había ganado las elecciones de noviembre deRubén Berríos 1992, propuso legislación para que el español dejara de ser el idioma oficial en las instrumentalidades públicas y se añadiera también al inglés como idioma oficial.  El entonces Senador por el Partido Independentista Puertorriqueño, Rubén Berríos Martínez, pronunció este discurso en el hemiciclo del Senado de Puerto Rico para oponerse a dicho proyecto de ley.

 

Señor Presidente, compañeros Senadores y Senadoras:

Me levanto hoy aquí a defender nuestro idioma, el español, ante el intento grotesco de equiparar el idioma inglés al español como idioma de los puertorriqueños.

Creo obligatorio que todos los aquí presentes hagamos un ejercicio antes de emitir nuestro voto y es entender a cabalidad la materia sobre la cual estamos tratando. Se dice fácil la palabra “idioma”, pero significa algo tan profundo que a veces pasa desapercibido para la mayoría de nosotros. En todos los lenguajes de la humanidad se ha dicho, se ha escrito sobre la importancia del lenguaje para cada civilización y para cada pueblo. Quizás nadie lo dijo mejor que un gran escritor latinoamericano, maestro de la lengua española, pero amante de la lengua inglesa. Jorge Luis Borges dijo, “un idioma es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos”. También había dicho Ortega que “cada lengua es una ecuación distinta del pensamiento”.

 

¿Qué querían significar estos dos estudiosos y maestros de la lengua? Querían significar que el idioma no consiste meramente en el “arbitrario repertorio de símbolos que se ordenan uno al lado del otro”. Un idioma es mucho más. Es natural que cada pueblo tenga una forma distinta de interpretar la realidad y cuando los diversos pueblos desarrollan diversos lenguajes, lo que hacen es expresar en ese lenguaje una forma distinta de interpretar y ver la realidad; es decir una cosmovisión, una filosofía de la vida. Y es natural que cada pueblo vea la vida de forma distinta. El idioma es una realidad vital, espiritual, anímica de cada pueblo. Quiero citar para el récord unas palabras del famoso lingüista español Don Samuel Gili Gaya en su ensayo “El Hombre Bilingüe”:

“Para algunas mentes ingenuas, cada palabra o locución de un idioma tiene su equivalente en otro. Bastaría, pues, abrir un diccionario y buscar en cada caso la igualdad deseada. En efecto, los conceptos bien delimitados en el pensamiento pueden traducirse con exactitud; decir “cinco” es lo mismo que decir “five”, por ejemplo. Pero a medida que el puro concepto se cargue de adherencias representativas y sentimentales, empezará a desmontarse la tabla de equivalencias. Y es que cada palabra, no ya cada frase, no la morfología o la sintaxis del lenguaje, sino cada palabra, el léxico, lleva adherida a su significación definible una envoltura imaginativa y afectiva que se irradia en todas las direcciones.

Se puede traducir con bastante aproximación lo que cada vocablo significa, pero no lo que connota, lo que sugiere, lo que evoca.”

Imagínense ustedes, si eso ocurre con las palabras en sí, qué no se dirá de aquella rama del lenguaje que es la morfología o la sintaxis, que se refiere a la construcción de oraciones.

Sigo la cita: “Si esto ocurre con los elementos semánticos primarios -es decir, con las palabras-¡qué no ocurrirá cuando éstas se combinan y entrecruzan en el cuerpo vivo de la frase y de la locución!

Contrario a lo que algunos creen, el lenguaje no es lógico más que en mínima parte. Es expresión de la vida total, y ésta se compone de voliciones, deseos, afectos, imágenes, intuiciones más o menos borrosas, que se sustraen a la esfera de la razón y del concepto, única zona en la que la equivalencia de la palabra puede saltar de un idioma a otro sin inexactitudes.

De ahí resulta que el bilingüismo al sumergir conjuntamente el espíritu en dos sistemas que no encajan entre sí, ha de dañar en su raíz a todas las actividades artísticas de la palabra.”

Aquí no estamos hablando de números, estamos hablando de espíritu.

El idioma, mis queridos amigos y amigas Senadores y Senadoras, el lenguaje, es para mí la clave genética del espíritu, es la herencia, la herencia acumulada de siglos y siglos. Esto empezó para nosotros en la raíz latina y, antes de la raíz latina, en la raíz indoeuropea. Y desde entonces los que pertenecen a la estirpe de nuestro lenguaje interpretan la realidad de una forma, la miran de una forma y no crean ustedes que esto es poco.

Por ejemplo, en el idioma español y en muchos de los idiomas indoeuropeos existen tres géneros: masculino, femenino y neutro. Pero en otros idiomas, hablados por millones de personas, como en los idiomas bantú, que se hablan en toda el África Meridional, hay veinte géneros, no tres. Así ven ellos la realidad; la ven de forma distinta. Y los árabes, por ejemplo, tienen más de cinco mil, para ser exacto, cinco mil ciento setenta y cuatro (5,174) formas para llamar al camello. Es natural que así sea, porque el camello es parte integrante de su vida. Nosotros lo que vemos es un animal con par de jorobas o con una joroba. Para ellos, cinco mil formas distintas de verlos.

Esto es lo que compone el lenguaje, la vida misma de un pueblo. Y con esto no se debe jugar y mucho menos se debe utilizar para propósitos inmediatistas, para adquirir ventaja o ventajería política ayer u hoy, o en cualquier momento. Y si esto es tan importante, y yo estoy seguro de que la mayoría del PNP sabe de la importancia y del significado del lenguaje y sabe que el lenguaje, vuelvo a repetir, es esta forma de cada pueblo vivir, sentir, interpretar la realidad, es la cosmovisión, es la filosofía de la vida de cada pueblo, ¿por qué se comete el atropello de equiparar el idioma inglés al idioma español como idiomas oficiales en Puerto Rico? No es, estoy seguro, porque la mayoría pretenda pública y oficialmente que en Puerto Rico se suplente un idioma por otro.

Estoy seguro de que si ésa fuera la pretensión, muchos de los distinguidos amigos, -si no todos- se levantarían para combatirla. Y así lo hacen constar en su informe. No es para que se enseñe en inglés en las escuelas públicas en Puerto Rico aunque, luego de leer lo que ha dicho hoy la señora Secretaria de Educación tengo mis graves dudas y la cito: “el idioma vernáculo continúa siendo el español y así debe ser de momento”.

A menos que ella esté traduciendo del inglés y “de momento” quiera decir otra cosa, me imagino que lo que quiere decir en español “así debe ser de momento” es “así debe ser por ahora”. Eso es lo que la señora Secretaria de Educación dice en el día de hoy, contrario a lo que dice el informe de ustedes, que supuestamente se va a aprobar junto con la ley. Si como dice el informe, no es para enseñar en inglés en las escuelas públicas del país; si no es, como dice el Informe, para que se use en los procedimientos judiciales, ¿para qué es? ¿Cuál es el propósito de este proyecto, si no es para suplantar el español por el inglés a la larga? ¿Cuál es el propósito?

Me pregunto yo si alguno de ustedes cree en verdad, que la comunicación gubernamental va a ser más eficiente luego de esta ley que antes. Porque, si así fuera, bastaría con enmendar la ley existente. Enmendando la ley, arreglando los procedimientos, podríamos volver sin mayor problema a la situación de hecho que teníamos antes de la Ley 4. 0 sea, que la explicación no puede ser una razón de carácter práctico. Y si no es razón de carácter práctico, si no es para enseñar en inglés en las escuelas, ¿cuál es la verdadera razón de esta ley?

Yo tengo una tesis con respecto a eso. La única razón lógica, evidente, para que ustedes aprueben este proyecto, es una razón de carácter simbólico. Es enviarle un mensaje a los Estados Unidos, de que para este pueblo no es tan importante hablar español, sino que le da más o menos lo mismo hablar español que hablar inglés. Se me ocurre que esa es la única razón que ustedes pueden tener desde el punto de vista ideológico, aun cuando “defienden” el derecho de Puerto Rico a hablar español aunque Puerto Rico se convirtiera en un estado.

Si esa es la razón que ustedes tienen, si es una razón simbólica, si es un mensaje que le envían a los Estados Unidos, recuerden que los conciudadanos de ustedes allá en el Norte no son tontos. Los conciudadanos de ustedes allá en el Norte conocen los datos de la Junta de Planificación y tienen informes del FBI, de la CIA y de todas las agencias de ellos en Puerto Rico, y todos esos informes les dicen que este no es un país bilingüe. Que se nos ha tratado de meter por ojo, nariz y boca la substitución de un idioma por otro durante muchas décadas y que el ochenta (80) porciento de los puertorriqueños no habla inglés con fluidez y el sesenta (60) porciento no lo habla ni de lejos y tengo sospecha con respecto al veinte (20) porciento que dice que habla con fluidez ambos idiomas. Aparte de los americanos que viven en Puerto Rico, yo creo que es para “echárselas” que algunos dicen que hablan los dos idiomas, pero no podrían, por ejemplo, conducir un debate en este Senado o en la Cámara de Representantes en inglés. Y eso lo saben los americanos.

O sea, que ustedes van a enviar a los Estados Unidos un mensaje totalmente estéril porque allá no se van a dejar tomar el pelo. Yo entiendo la preocupación de ustedes. Yo se por qué ustedes quieren mandar este mensaje a los Estados Unidos. Pero el problema no consiste exclusivamente en el lenguaje, el problema está en lo que el lenguaje significa. En que Puerto Rico es una cultura distinta, en que Puerto Rico es una nacionalidad distinta y allá no quieren una nacionalidad distinta como un estado de la Unión Norteamericana.

Eso se hizo evidente durante el proceso plebiscitario del 1989 al 1991. Ahora el gran historiador Arthur Schlesinger acaba de escribir un libro “Disuniting America”, en el que expresa lo que el ala más liberal del Partido Demócrata en los Estados Unidos el ala de Kennedy y del señor Schlesinger, acaba de argumentar con vehemencia -en este ensayo, que está difundiéndose por todos los Estados Unidos- que el problema de los Estados Unidos es que corre peligro de convertirse paulatinamente en una nación multiétnica. Y que Estados Unidos es -hasta ahora- un país homogéneo, una nación cuya grandeza depende de lo que llama el “melting pot”; es decir, que distintas personas de distintos lugares del mundo, de distintas culturas y distintos lenguajes, van allí y, si quieren “echar pa’lante”, tienen que hablar el lenguaje “americano”, es decir, el inglés, a la usanza americana, y tienen que convertirse en norteamericanos. Y el que va allí, voluntariamente acepta ese proceso: los italianos, los austriacos, los chinos y los japoneses. Chang el que juega tenis es un americano con los ojos rasgados, con facciones chinas, pero es americano porque para “echar pa’lante” en los Estados Unidos, tiene que ser americano.

La diferencia con los puertorriqueños es que nosotros no nos fuimos para allá, que fueron ellos los que vinieron acá. Aquí no hay voluntad de esa integración, incluyendo a los amigos estadistas. Por eso los amigos estadistas siempre han insistido en que hay que defender la personalidad puertorriqueña como parte esencial de la defensa de la estadidad -o, por lo menos, hasta este momento han insistido en eso-. Esa es la famosa teoría de la estadidad jíbara. Yo espero que eso no haya cambiado.

Y ése es el problema de ustedes, el problema de ustedes no es el español, el problema de ustedes es que son puertorriqueños. Si fueran americanos no habría problema. Si esto fuera un territorio de cien millas por treinta y cinco millas en el Caribe, poblado de americanos nos pasaría lo mismo que le pasó a Alaska, donde los esquimales están en unas reservaciones; o lo mismo que le pasó a Hawaii, donde los hawaianos son el diecisiete (17) porciento de la población y el resto de las personas son de diferentes extracciones étnicas, pero que se han asimilado a la forma de ser norteamericana. Y ésa es ¡a condición que los norteamericanos van a imponerle a los estadistas para que Puerto Rico se convierta en un estado, si es que Puerto Rico pretende eso.

Eso es de lo que en el fondo estamos hablando aquí y de nada vale la engañifa de decirle a los norteamericanos “ahora tenemos dos idiomas”, es como si les dijéramos “De ahora en adelante somos americanos y puertorriqueños al mismo tiempo”. Mentira y además, mentira inútil, porque ellos saben que somos puertorriqueños.

No traten de impulsar ese tipo de argumentación en los Estados Unidos, porque les va a rebotar. Y al hacerlo, desgraciadamente, nos humillamos nosotros mismos. Hacemos algo que estoy seguro que no pretenden los amigos estadistas: decirle a los norteamericanos que nosotros no tenemos gran aprecio por nuestra herencia cultural, que no consideramos de gran valor nuestra herencia lingüística, tanto así, que estamos dispuestos a darle el mismo rango al inglés que al español y, si mañana vinieran los chinos, también se lo daríamos al chino y, si vinieran los marcianos, también al marciano. Y eso no lo respetan los norteamericanos.

Yo digo esto, mis queridos amigos estadistas, porque yo conozco a los estadistas en Puerto Rico. Conozco a muchos de ustedes personalmente y sé de su extraordinaria vehemencia espiritual en mantener ¡o que son. Para la mayoría de los estadistas sería inconcebible la estadidad si la estadidad significara renegar ser lo que son.

De otro lado, recuerden que, si el problema es que no sabemos suficientemente bien el inglés -y yo soy de los que creo que la inmensa mayoría de los puertorriqueños debería tener las mejores oportunidades para aprender lo mejor posible el inglés y cualquier otro idioma, (pero el inglés en particular por nuestra relación con Estados Unidos)- el problema es que el Departamento de Instrucción, bajo los populares y bajo los penepés, está y ha estado en quiebra todo el siglo hasta el punto de que no ha sabido enseñarle el idioma a los puertorriqueños.

En Suecia y en Dinamarca, por ‘ejemplo, habla inglés un porciento de la población mayor que en Puerto Rico. Porque los departamentos de Educación de esos países son buenos, enseñan bien lenguas extranjeras. Eso es lo que necesitamos en Puerto Rico. Vamos a enfrentarnos al problema de la educación para que los puertorriqueños aprendan mejor inglés -se enriquece el ser humano al aprender otros idiomas.

Pero no cometamos esta grotesca tropelía contra nuestra herencia, contra las claves genéticas de nuestro espíritu, contra nuestra forma particular de interpretar la realidad, contra lo que nos hace hermanos aquí en este Senado, a todos: estadistas, populares e independentistas. No demos la impresión de que estamos dispuestos a renegar de lo que nos hace a nosotros, porque yo estoy seguro de que ese no es el propósito de los Senadores PNP que van a aprobar este proyecto.

Vamos a tirar puentes hacia la humanidad, si, pero vamos a aseguramos de que los estribos de ese puente estén bien afincados en nuestra orilla. Porque, si intentamos tirar el puente hacia la humanidad y no están bien afincados los estribos en nuestra orilla, podemos quedamos sin estribos y podemos quedarnos sin puente.

Yo le pido a los distinguidos amigos que por respeto propio, por la salud de nuestro espíritu, por nuestra herencia, no aprueben este proyecto. Díganle a los norteamericanos que ustedes sí quieren ser estado de la Unión Norteamericana, porque ustedes creen que eso es lo mejor para Puerto Rico. Pero que lo quieren orgullosamente, siendo puertorriqueños; que no están dispuestos a renegar su puertorriqueñidad. Que si quieren aceptarlos en esas condiciones, pues que los acepten y si no; aquí está nuestra tierra llamándonos. No reneguemos de lo nuestro.

Vamos a votarle en contra a este proyecto.